«En un país colonial, las oligarquías son las dueñas de los diccionarios», solía decir quien hablaba de la necesidad de movilizar «la voluntad nacional tras la empresa revolucionaria, para cambiar el orden social existente» y que «hay quienes ven el fin de sus privilegios como si fuese el fin de la comunidad: confunden el no-ser burgués con el no-ser de la Nación».
Aseguraba que «La oligarquía se inventa un enemigo comunista para aplastarnos a nosotros, que somos el enemigo real» y que «la liberación de la Patria y la revolución social son una misma cosa, de la misma manera que semi colonia y oligarquía son también lo mismo».
Gritó hasta el final de sus días, que «los partidos políticos tradicionales no forman parte del Frente de Liberación, porque están en la trinchera enemiga. No desean terminar con la opresión, sino cambiar la mentalidad de los oprimidos».
Analizó la historia, absolutamente seguro que solo entendiendo las claves del pasado, podía entender el presente y soñar el futuro: «Desde la Independencia, los intereses foráneos tenían su aliado natural en la burguesía comercial de Buenos Aires, dispuesta a enriquecerse como intermediaria de un comercio sin restricciones en Europa. Su primera víctima fue Mariano Moreno, cuya visión americanista chocó con el centralismo unitario que subordinaba el país a la política bonaerense. A ellos se debe el rechazo de los diputados orientales que llevaban a la Asamblea del año XIII las instrucciones de Artigas sobre la organización confederal. Sólo desacatándose pudo realizar San Martín la campaña de Chile y Perú, pero el pago fue dejarlo abandonado a su propia suerte en suelo peruano, del cual pasó al exilio voluntario y definitivo».
Entendió que las claves coloniales del norte, que imperaron formalmente en el sur, siguieron rigiendo por estas Pampas en el siglo XX: «Zona marginal del centro capitalista inglés, también debíamos ser dependencia ideológica y política. Es que el imperialismo es tanto un hecho técnico-económico como cultural. El lugar de operaciones aisladas de intercambio, establece una relación permanente que no se agota en cada transacción. Los capitales colocados en la semi colonia deben rendir frutos durante muchos años. Es preciso entonces evitar toda inseguridad en los reintegros y pagos de intereses. Debe procurarse que crezca la economía agraria, para que sus productos fluyan a la metrópoli, y que no surjan industrias que desequilibren la división internacional del trabajo».
Hablaba de la necesidad de romper el equilibrio: “El régimen no tiene fuerza para institucionalizarse, pero sí para mantenerse; mientras el peronismo y la masa popular, tiene suficiente potencia para no dejarse institucionalizar, pero no para cambiarlo.¿Quién tiene que romper ese equilibrio? Nosotros, a la burguesía con durar le basta».
Cuando describía el nacimiento del peronismo, relataba con ironía, que “en el año 1945, los bárbaros invadieron el reducto de la democracia para esquistos, distorsionaron todas las relaciones sociales, desmontaron los cómodos engranajes del comercio ultramarino y para colmo, se mofaron de las estatuas y cenotafios con que la oligarquía gusta perpetuarse en el mármol y en el bronce.
El 17 de octubre era algo tan nuevo, que rápidamente lo redujeron a su verdadero valor: era una especie de congregación de papanatas, delincuentes, o como decían los cultos de la izquierda oficial, lumpen proletariado, arriados por la policía en una especie de carnaval siniestro».
Pedía profundizar el discurso y la acción: “Nosotros dijimos: soberanía política, independencia económica y justicia social. Pero si para esos objetivos aplicamos métodos adecuados a una realidad de hace 20 años, la inoperancia de los métodos desvirtúa y desmiente la fidelidad a los objetivos».
Soñaba con “seguir bajando cuadros”: “Tenemos por un lado el peronismo rebelde, amenazante para los privilegios, y por otra parte, aparatos de dirección en los que predomina una visión burguesa, reformista, burocrática, en lugar de la visión revolucionaria que corresponde a la realidad objetiva del papel que cumple el peronismo en la vida nacional».
Sin dudas y con demasiadas certezas, señaló que, «el único nacionalismo auténtico, es el que busque liberarnos de la servidumbre». Y en una frase, marcó a fuego el futuro: «Seguiré vivo en los que luchan». Un día como hoy, pero de 1920, nació John William Cooke.

