Sucede siempre, es inevitable. El dato nuevo remueve recuerdos y el archivo se pone al servicio de la información fresca para ensancharla. Cuando ayer se confirmó que el Equipo Argentino de Antropología Forense y los forenses del Poder Judicial de Córdoba, identificaron restos de 12 víctimas de La Perla; la historia volvió a demostrar que en el pasado están guardados todos los secretos del presente y el futuro.
Luciano Benjamín Menéndez, estuvo a cargo del III Cuerpo del Ejército desde 1975 hasta 1979. Dueño del terrorismo de Estado en Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, San Luis, Córdoba y Santiago del Estero. La Perla fue su reino.
Sobrino del general Benjamín Menéndez, el que lideró el intento de golpe de Estado de 1951 y primo de Mario Benjamín, el que se rindió en Malvinas.
Con 13 sentencias, fue el militar argentino con más condenas a prisión perpetua, por su responsabilidad en crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura. Culpable de 282 desapariciones, 52 homicidios, 260 secuestros y 656 casos de torturas.
Conocido como “Cachorro” o la “Hiena”, hasta que el 21 de agosto de 1984, amenazó con un cuchillo a un grupo de jóvenes que le gritaban “asesino”, en la puerta de Canal 13. Lo frenaron dos custodios. Menéndez le había planteado a Neustadt en «Tiempo nuevo», que la subversión estaba «agazapada» en los organismos de derechos humanos. A partir de esa noche, fue el «Cuchillero».
«La verdad de la memoria lucha contra la memoria de la verdad», como decía Gelman y en esa línea de tiempo que no respete orden de llegada, aparece Néstor. La Perla, 24 de marzo de 2007. El Presidente pidió perdón una vez más «al pueblo argentino, a los detenidos-desaparecidos, a la Abuelas, a los Hijos, por haber demorado tantos años. Por la falta de coraje, por la valentía de tan pocos y por la cobardía de tantos”. Como aquello tenía nombre propio, entonces el Flaco agregó: “No te voy a llamar General, porque ni eso merecés. Menéndez sos un cobarde, los argentinos saben quién sos y estás escondido en tu casa. Tendrías que estar en una cárcel común, donde tienen que estar los delincuentes y los asesinos”.
Las fotos en blanco y negro, se amontonan. Menéndez ordenó el 29 de abril de 1976, una quema colectiva de libros en el Regimiento de Infantería Aerotransportada 14, entre los que se hallaban obras de García Márquez, Cortázar, Neruda, Vargas Llosa, Saint-Exupéry y Galeano. «De la misma manera que destruimos por el fuego la documentación perniciosa que afecta al intelecto y a nuestra manera de ser cristiana, serán destruidos los enemigos del alma argentina», dijo el general.
También aparece la «Masacre de Ascochinga», cuando el 1 de junio de 1976, fueron fusilados ocho jóvenes de entre 17 y 28 años, que estaban en La Perla y fueron trasladados para su ejecución a instalaciones de la Fuerza Aérea, por orden de Menéndez.
El «halcón» que trataba de «blando» a Videla, siguió desde la platea la gran campaña de Talleres de Córdoba, en el Nacional 77; aquel equipo que perdió el título con el heroico Independiente que terminó con ocho jugadores.
El general necesitaba la vuelta olímpica de la T, para consagrar como titular de la AFA a Amadeo Nuccetelli, el por entonces presidente de la T.
El archivo se desploma con una carga de verdades indispensables, para entender toda la película. Menéndez quería la guerra con Chile, como la deseaban Massera, Suárez Mason y Galtieri. El decía por entonces, que después de invadir territorio chileno, brindaría «con champagne en La Moneda» y después se iba a «lavar las bolas en el Pacífico».
En septiembre del 79, Menéndez se sublevó contra Viola, comandante en jefe del Ejército, porque «no había cerrado la puerta al resurgimiento futuro del marxismo» y lo acusó de negociar con partidos políticos «amigos», el aumento de civiles en la conducción de provincias y municipios. Menéndez exigió la renuncia del general, pero en realidad estaba operando la caída de Videla.
Fue sancionado con 90 días de arresto en una guarnición en Curuzú Corrientes.
Los papeles viejos se acercan en el tiempo y aparece el mayor Ernesto «Nabo» Barreiro, uno de los más crueles torturadores de La Perla, negándose a declarar por delitos de lesa humanidad y encendiendo la llama del primer alzamiento carapintada en «Semana Santa» de 1987.
En el 99, Bussi sumó al teniente coronel Luciano Benjamín Menéndez a su gobernación tucumana. Como una gran provocación a la democracia, el hijo del «Cuchillero» estuvo al frente de la dirección de Servicios Generales de la Secretaría de la Gobernación.
Claro que aparece el cardenal Raúl Primatesta, íntimo del general asesino y encargado de la distribución de los bebés apropiados a través de la acción católica y por supuesto, el rescate suma a su gran amigo el «Milico» Aguad, el suegro de De Loredo, que primero terminó por encargo de Macri con la Ley de Medios y después al frente de Defensa, ordenó espionaje sobre los familiares de los muertos en el ARA San Juan.
Sucede siempre, es inevitable. El dato nuevo remueve recuerdos y el archivo se pone al servicio de la información fresca para ensancharla. Aparecieron 12 cuerpos en la ESMA y el dolor volvió a contarse en tiempo presente…

