18 de diciembre de 1975: La Fuerza Aérea y el anticipo del golpe del 24 de marzo

18 de diciembre de 1975. Un grupo de oficiales de la Fuerza Aérea, tomó la VII Brigada Aérea de Morón y el aeroparque metropolitano. Los vuelos de línea estaban cancelados.
La insurrección comenzó con el secuestro del titular de la fuerza, brigadier Héctor Fautario y un grupo de colaboradores, cuando se disponían a viajar a Córdoba.
Por Radio Rivadavia, al mediodía se conoció el bando rebelde titulado, «Queremos verle el rostro a la Patria». Reclamaban la ruptura del orden constitucional, la conducción de las tres armas, la «instauración de un nuevo orden de refundación con sentido nacional y cristiano» y la cesantía de Fautario, por «ambigüedad política y la indecencia administrativa».
En la base de Morón, los rebeldes, liderados por el brigadier Jesús Orlando Capellini, recibieron la visita del general Albano Harguindeguy, Onganía y el vicario castrense monseñor Adolfo Tortolo, quien celebró una misa en la brigada rebelde para pacificar los espíritus.


El Ejército y la Marina no se plegaron al golpe de Estado, pero tampoco impugnaron la rebelión. El jefe del Ejército, general Jorge Videla, que el 18 de diciembre estaba en Venezuela, envió un radiograma críptico en el que le reclamó a las «instituciones responsables que actúen rápidamente en función de las soluciones profundas y patrióticas que la situación exige». El jefe de la Marina, contralmirante Eduardo Massera, suscribió la misma posición. Videla retornó de urgencia.

El general José Goyret, en la clausura de los cursos en la Escuela de Defensa Nacional, advirtió que «lo que hoy pretenden imponernos mediante el crimen, un régimen ateo, materialista y despótico, mañana quizá lo intenten mediante el sufragio».
Para sobrevivir, el gobierno de Isabel prometía «austeridad administrativa, control de la inflación y compromiso popular en apoyo a la Fuerzas Armadas en su lucha contra la subversión». Pero los militares, solo reclamaban la renuncia de la presidenta.

18 de diciembre. Casi diez horas después de su secuestro, el brigadier Fautario y sus colaboradores fueron liberados por los sublevados en Quilmes. Por la noche, Isabel Perón lo reemplazó por el brigadier Héctor Agosti.
Fautario se acercó a la residencia de Olivos, para contarle a la Presidenta, que el golpe estaba decidido, pero Isabel le negó la audiencia. El


20 de diciembre de 1975. Mientras los aviones Mentor de la Fuerza Aérea hacían vuelos rasantes sobre la Casa Rosada, Isabel estaba refugiada en el subsuelo del edificio junto a Lorenzo Miguel, Carlos Menem y Antonio Cafiero, entre otros funcionarios de su gabinete.brigadier leal le dejó el mensaje a través del edecán de la Aeronáutica: «Cuídese, señora, porque a usted la van a echar en marzo». (Fragmento de «Argentina desaparecida», Gustavo Campana)