Industriales convertidos en importadores o actores de la patria contratista

Ante la desición libertaria de clausurar la obra pública hasta nuevo aviso, la nueva «Patria contratista» está quedándose con el loteo del Estado sobreviviente. No son capitales que nacieron para la construcción de rutas, autopistas, hospitales, escuelas, represas o gasoductos; son empresarios que dejaron dedicarse a producir bienes y servicios, para vivir del Estado.

Una población a la que le robaron su poder de compra, en el marco de un país que fue programado para quedarse sin demanda comercial ni industrial; solo genera empresas que se achican o desaparecen y se transforman en importadores o concesionarios de la vida pública.
Gracias a los vínculos con la nueva casta política liderada por Milei, los gerentes no asumen otro riesgo que facturarle al mismo Estado que odian. En síntesis, son hipermillonarios subsidiados por 47 millones de argentinos, que operan como clientelas cautivas. Y en tiempos de crisis, en plena recesión planificada con cadena de pagos herida, el Estado es la ventanilla más segura. Cumple sus obligaciones tarde, pero generalmente a los grandes socios nunca les falla.

Ayer en el Yacht Club de Puerto Madero y organizado por la Fundación Pensar, el «poder real» pagó 250 mil dólares por mesa (40 mil por cabeza), para comer con funcionarios nacionales y escuchar al Presidente. Casi 500 invitados y una recaudación de casi 15 millones de dólares. El «círculo rojo» festejando la reforma laboral.
“¿Por qué durante décadas, hemos impulsado una ideología política que suponía que el Estado debía estar por encima de las empresas?”, dijo Agustín Laje en uno de los mejores chistes de la noche, frente a muchísimos proveedores del Estado.
Los anfitriones fueron Jorge, Juan y Patricio NEUSS, propietarios del lugar. Son los dueños de la VTV porteña y varias empresas de energía.
Estuvieron presentes, Martín y Hugo EURNEKIAN, sobrinos del dueño de Corporación América, que le vende Aeropuertos a naciones y provincias y Manuel SANTOS URIBELARREA, de MSU Energy, que se acaba de quedar con las hidroeléctricas re-privatizadas del Comahue.
También, Damián POZZOLI y Carlos GIOVANELLI, socios en el Grupo Inverlat, propietario de Havanna, que a principios de este año se asociaron con los NEUSS para llevarse las distribuidoras eléctricas de Tucumán, el Litoral y Jujuy. Y Mauricio FILIBERTI, el dueño de Transclor, la empresa más grande del sector y la mayor proveedora de AySA.

La comparsa del capital que vive mamando de la teta del Estado, la integraron Alejandro Simón (Sancor Seguros); Martín Cabrales (café), Rodolfo Donofrio y Zulemita Menem (como un souvenir de los 90); Federico y Sebastián Braun (Anónima) y Francisco De Narváez (uno de los ex dueños de LAPA, que regresó al supermercadismo).
Pero también estuvieron Martín Rappallini (UIA) y Luis Galli, ceo de Newsan. Uno como presidente de los industriales quebrados por las importaciones chinas y la depresión económica y el otro, representando a la empresa que después de recibir al presidente en su planta fueguina en la última campaña, despidió a 200 trabajadores.

Son parásitos VIP, que se muestran como la locomotora del país. Solo sueñan con una revancha clasista, para convertirse en los nuevos capataces de una «colonia próspera», manejada a control remoto desde Washington. Pero en tiempos de malaria, siempre aparecen atados a una licitación que les regale un contrato millonario. El Estado secuestrado por la derecha, pagará con el hambre de millones de seres humanos, para que siempre ganen los mismos. Los hipócritas que son los ñoquis, que nunca se van…