Si para el Gobierno, la mejor política productiva es la que no existe, hay que entender que para el cinismo libertario, la mejor pyme posible es la que cierra para siempre. Si el oficialismo se aferra a las importaciones para reemplazar el producto del trabajo argentino en fábricas nacionales, para Milei el mejor país es el que se convierte en colonia.
El presente sin futuro, de las pequeñas y medianas empresas argentinas, se resume en tres datos terminales: el 10% podría cerrar antes de fin de año, el 60% opera sin rentabilidad, el 40% se sostiene estirando su endeudamiento (a esta altura con perfume de impagable) y el 25% trabaja a pérdida. No habrá cambios en el plan económico, por lo tanto los índices negativos que hoy muestran nuestro corazón productivo, se van a profundizar en el corto plazo. Este diagnóstico anuncia un derrumbe irreversible, mientras el presidente mira esta tragedia por televisión cruzado de brazos.
Como una postal perfecta de la Argentina 2025, el mayor impacto de la crisis planificada por la cuarta versión del neoliberalismo argentino, pegó contra las pymes industriales y el 46% bajó sus ventas. Solo se sostiene con una mejora del 7%, el espejismo en el que se convirtió el sector servicios.
A casi todas las pymes, la baja del consumo las transformó en no rentables y para no bajar la persiana operan con precios que no cubren sus necesidades más primarias (materia prima, energía, logística, salarios). Aumentaron muchísimo los costos y para sostener la demanda, subieron un poquito los precios, por lo tanto un altísimo porcentaje no compensa ni siquiera, la velocidad del ritmo inflacionario.
Los créditos que toman a tasas altísimas, no son para inversiones productivas, sino para pagar impuestos o cubrir quincenas y el riesgo financiero, está a punto de convertirse en su verdugo. El 30% se endeudó para sostener el capital de trabajo, más del 20% para pagar impuestos y otro 20% para bancar sueldos o aguinaldos.
En promedio, las máquinas encendidas apenas superan el 50%, pero hay rubros como el textil, que rápidamente se está acercando al 40%.
Apenas el 17% de las pequeñas y medianas empresas incorporó trabajadores, mientras que un 20% despidió personal; dato que en las pymes manufactureras se eleva al 30%.
El proyecto Milei con relación a las pymes, es económicamente «antivacunas». No inmunizó al rebaño durante dos años con políticas oficiales para contenerlas y el contagio de la malaria, se llevó puesta a casi toda la cadena de pagos.
Estas unidades productivas, indiscutiblemente fundamentales en el entramado del país real, fueron condenadas por el gobierno libertario, sin tener en cuenta que contienen a más del 70% del trabajo registrado. Mientras tanto, el oficialismo se mira en el espejo y aplaude el crecimiento del margen de ganancia de la especulación financiera, sin reparar en 300 mil puestos menos de trabajo, producto de la desaparición de casi 20 mil empresas de todo tipo y tamaño.
El terrible relevamiento, es de la Asociación de Empresarios y Empresarias Nacionales para el Desarrollo Argentino. El dolor que generan esos números repetidos en la historia reciente, son de un país que está a un paso de terminar con su aparato productivo, por cuarta vez en medio siglo.

