Razonamientos económicos infantiles, en la cabeza de un señor de 55 años

En la casa del multimillonario, el presidente le preguntó al sabio, cómo estimular el crecimiento de la economía. El hombre se tomó un tiempo y contestó: «Mientras las raíces no estén muy lastimadas, todo está bien. En el jardín, el crecimiento tiene sus estaciones. Primero son la primavera y el verano, pero luego tenemos otoño e invierno y más tarde otra vez, primavera y verano».
Después de un largo silencio, el gran empresario asintió con la cabeza e interpretó al pensador: «Vamos a recibir sin problemas el inevitable proceso de la naturaleza, pero quizás nos molesten las temporadas de nuestra propia economía». Entonces el hombre de las metáforas de vivero, aseguró: «Sí, habrá crecimiento en primavera».
El presidente sonrió y destacó que nadie en mucho tiempo, le había dado una opinión tan optimista sobre el futuro. El millonario aplaudió y el supuesto genio, mostró su sonrisa de Gioconda.

A una pregunta clara, la mente de un niño en el cuerpo de hombre adulto, respondió con el comportamiento de las plantas en el jardín. El capital, que lo adoptó como un candidato al Nobel, le encontró sentido al absurdo, quizás porque siempre busca escuchar la explicación que necesita oir, aún sabiendo que esas palabras ocultan la verdad. El hombre de las explicaciones absurdas, fue consagrado en ese instante, como el consejero que estaban necesitando para salir de la crisis.
No se trata de Peter Sellers en la piel de Chauncey Gardiner, lamentablemente es el presidente argentino tratando de contar en un
«Encuentro de líderes» aplaudidores, el dato virtuoso que esconde el cierre de empresas en el país que él conduce. Una situación no tan problemática como parece, que entre otros datos menores generan la muerte de la industria nacional y desocupación. Se equivocan los que piensan que el cierre de nuestras fábricas, nos convertirá en colonia y también los que sostienen que esa falta de salarios dejará de ser demanda comercial, para convertirse automáticamente en recesión.

El economista de cartón planteó desde un razonamiento infantil, en la cabeza de un señor de 55 años, que si entran productos importados más baratos, la gente tendrá capacidad de ahorro. En ese momento destinará esos pesos, a comprar otros bienes y todos serán más felices… Es algo así como la teoría del derrame, contada para salita de cinco, por un tipo que a diferencia del Gardiner de ficción («Desde el jardín», 1979), cancherea un planteo absurdo y fracasado mil veces en la Argentina. Un plan ruinoso, con un costo social incalculable.

Para completar la profundidad del paso de comedia, le tiró un misil al endeudamiento de Mauricio Macri y el director de cámaras tomó a Caputo intentando entender en ese instante, que pasó por el cerebro de su socio cuando volvió a acusarlo sin nombrarlo.

El Fondo Monetario volvió a hablar de la fragilidad de los números de Milei, mientras el presidente dice que si fuera peronista, todas las calles llevarían su nombre. El organismo a través de su vocera, señaló dos cosas: aceptará un nuevo pedido de perdón por incumplimiento de metas y le recomendó/ordenó, que compre reservas, porque de otra manera, una nueva crisis está a pasitos de la Rosada.
El organismo sabe que el próximo 9 de enero, Argentina tiene que pagar alrededor de 4.200 millones de dólares por capital e intereses de deuda. Y por supuesto, nadie tiene que llamar a la sede de Washington para decirles que Milei-Caputo no tienen los dólares para afrontar ese compromiso.
También están informados que el Banco Central tiene reservas netas negativas por 17.000 millones de dólares, un 50% más que lo que dejó Alberto. Destacan con preocupación, que en total durante 2026, vencerán 11.155 millones de dólares de capital y otros 8.371 millones por intereses.

El FMI teme que tengan que poner otros 20 mil como en abril pasado, mientras el supuesto genio, dice que después de la primavera llega el verano y después el otoño y el invierno. Se preguntan ¿hasta cuándo? Saben perfectamente que están bancando la joda de dos jugadores compulsivos, en un casino que no admite derrotas. Saben perfectamente que cuando esto estalle, los pobres pagarán los dólares de los ricos.