La derecha proyecta una Argentina frágil e indefensa, para que sea inviable

Milei no fue, no es y no será jamás, sinónimo de desarrollo, ni crecimiento; por lo tanto la única forma de reunir partidas genuinas, para bancar los gastos fijos es a través de un ajuste despiadado. ¿Hasta cuándo? Hasta que no quede una gota. Y en ese orden de prioridades, primero los acreedores, teniendo en cuenta que la deuda hoy representa el 25% del presupuesto y luego los ganadores de la bicicleta financiera, que subsidian los pobres.
El presidente actúa como un mercenario de los países centrales, que proyecta la muerte de la industria nacional. El último dato que golpea fuerte al aparato productivo, fue la decisión de General Motors de pasar de 1000 a 600 operarios. La automotriz despidió a otros 90 operarios en la planta de Alvear y el recorte del personal ya alcanza al 40%.
Otro dato de las últimas 24 horas, es la agonía de la industria del juguete, cuando para las fiestas de navidad, año nuevo y reyes, el 95% de los productos en vidriera, son importados.

¿Cómo contienen la protesta social, en este contexto de recesión programada, de miseria planificada? A los sectores que sin planes, ni trabajo estarían en la marginalidad, cínicamente les aumentó la Asignación Universal por Hijo casi un 800% en dos años, mientras la Tarjeta Alimentar creció cerca del 200%. A los trabajadores con o sin empleo, registrados o no y a los jubilados y pensionados, les pisó los aumentos y ante cualquier reclamo, los espera el aparato represivo a través del único sector del Estado que no sufrió despidos. Con Milei en la Rosada, el salario mínimo real, llegó a la mitad de su poder de compra de 2015.
El plan de negocios del oficialismo, que condena al exilio interno al 80% de la población, presenta dos grandes resultados regresivos, dos viajes a la Argentina feudal, al país sin voto universal y secreto, ni derechos laborales; sin valor agregado, ni línea de producción; sin soberanía política, ni independencia económica; sin justicia social, ni cobertura de ningún tipo ante la tormenta que fabricó el neoliberalismo versión La Libertad Avanza.
Por un lado, la condena a ser un país del siglo XIX. Metafóricamente, con cereales y vacas, pero sin Estatuto del Peón del Campo; sin derechos para optimizar las ganancias del patrón. Una Argentina con minerales y energía en poder de multinacionales, que no necesitarán invadir el territorio que el presidente ya le prometió a Estados Unidos.
Y en segundo lugar, sin Estado que atienda las necesidades primarias de los sobrevivientes, comenzando por salud y educación.

La única forma de estirar la agonía de un país sin generación de riqueza, es la deuda externa. ¿Hasta cuándo? En términos de este presente imperfecto, hasta que Trump deje de poner 20 mil millones de dólares por mes como lo hizo a través del Fondo en abril y otros 20 mil del swap del Tesoro en septiembre.

En ese contexto de destrucción, aparece una indefensión mayúscula de lo instucional, ante una banda de saqueadores ocupados por terminar con la Nación, en el lapso más corto posible. Ni la Constitución, ni la democracia, sobreviven sin la Justicia que las custodia. Y este marco de impunidad total en el que están demoliendo todo, vivimos algo solo comparable con el comportamiento del Poder Judicial, en cualquiera de las dictaduras padecidas durante 53 años, entre 1930 y 1983 y en democracia con las versiones títeres de la Corte Suprema durante el menemismo y el macrismo.

La ultraderecha proyecta una Argentina tan frágil e indefensa, para que sea considerada inviable y con ese rótulo en el pecho, sea posible su división en tres, cuatro o cinco naciones, supuestamente menos deficitarias.
El gobierno sin billetes, pero con obligaciones millonarias en el horizonte, planifica un recorte del 10% de los trabajadores estatales; más o menos 28 mil despidos más a los casi 61 mil que ejecutaron desde el 10 de diciembre de 2023. No obstante, la esperanza de algunos sectores en este Gobierno está intacta y para que vean que Javo es una mezcla de Papá Noel, Melchor, Gaspar y Baltasar; bajó los impuestos de los coches de alta gama y si pensabas gastar 100 millones de mangos en un cochecito, ahora el Estado presente te da una mano…