«El poder es impunidad»: Mauricio Macri salvado por la Corte Suprema

La Corte Suprema de Carlos Menem, la que cumplía todos los deseos presidenciales a través de la «mayoría automática», la garante de impunidad del neoliberalismo local durante más de una década; fue el primer antecedente de la democracia moderna argentina, en la idea de «fusionar» dos poderes. El Judicial como escribanía del Ejecutivo, para garantizar la ausencia de justicia.
Aquellos cortesanos de Julio Nazareno, inmortalizados en la «servilleta de Corach», entre otros favores a muchos empresarios cercanos a la Rosada, fue la que liberó de culpa y cargo a Mauricio Macri, en la causa por contrabando de autopartes; posiblemente la historia que pudo haber congelado para siempre, cualquier sueño de ejercicio del poder del empresario.


Siguiendo las enseñanzas del pasado, lo primero que hizo el fundador del PRO cuando llegó a la presidencia de la Nación, fue nombrar dos jueces por decreto. Un gesto de menemismo explícito de máxima pureza, pero que un cuarto de siglo después, llegaba de la mano de una brutalidad propia de una matriz patronal, que no reconoce a ninguna ley que sea un obstáculo en su camino.
Luego llegó la mesa judicial de Pepín, el manejo de los jueces federales de Comodoro Py, la «doctrina Irurzun» y la «Gestapro» de Vidal. Instalaron el lawfare, la cínica guerra judicial para armar causas ficticias y encarcelar opositores; una línea de tiempo que comenzó con Milagro Sala y por ahora, terminó con Cristina.
En el medio esos títeres del «poder real», se encargaron de limpiar a Macri de la causa por escuchas, por la que asumió procesado y entre muchísimos otros favores, miraron para otro lado en «Panamá Papers», Autopistas y Parques Eólicos, absolvieron a todos los involucrados en la locura de la UCEP y dejaron de molestar a Aranguren por la joda con el dólar (aquella compra de verdes por encima de su valor interbancario, que generó la devaluación 2014).
También limpiaron a Sturzenegger y Cavallo por el Megacanje, se llevaron al olvido la causa de los «Súper Mario Bros», que espiaba a propios y extraños.

Jueces y fiscales jugando al paddle o al fútbol, en Olivos o en la quinta de Macri y el «retiro espiritual» en lo de Lewis, fue absorbido con una naturalidad enfermiza, por un sector de la sociedad que bancó que esa sociedad contranatura, manejara los hilos del país.
Es cierto, fue un delito menor con relación a todo lo que vino después, pero no hay que olvidar que “Pinedo presidente”, fue una muestra gratis del futuro inmediato. La primera página del catálogo de caprichos concedidos a domicilio, por una justicia moldeada a imagen y semejanza de Cambiemos. Un fiscal primero y una jueza después; dieron el visto bueno a la insólita demanda. Modificaron día y hora de la finalización del mandato presidencial.
Ayer después de más de un año y medio sin tocar el expediente, la Corte Suprema dejó firme el sobreseimiento de Mauricio Macri, por el espionaje ilegal que sufrieron las familias que reclamaban saber qué había pasado con los 44 tripulantes del ARA San Juan.
Aquella Agencia Federal de Inteligencia (hoy SIDE), siguió, fotografió y reunió información sobre los parientes de los submarinistas desde que el buque desapareció hasta que se lo encontró en el fondo del océano. El trabajo sucio estuvo en manos de la delegación Mar del Plata del organismo que manejaba Gustavo Arribas, el amigo personal de Macri, el que «más sabía de trampas» según el presidente…
En diciembre de 2021, el juez federal Martín Bava, desde el juzgado federal de Dolores, procesó a Macri porque entendió que la actividad que desplegaron los espías de la base Mar del Plata, solo pudo obedecer a una razón: anticiparle al entonces Presidente cuáles serían los reclamos de las familias de los marinos, en un tema de altísima sensibilidad política, militar y social.

En ese momento, el dueño de la pelota decidió que la causa se instalara cómodamente en el despacho de Ercolini en Comodoro Py.
La Cámara Federal porteña revocó en julio del 22, el procesamiento de Macri y del resto de los imputados. La delantera Llorens-Bertuzzi-Bruglia, puso los votos. La Cámara no pudo negar el espionaje, porque las pruebas eran demasiadas, pero dijo que espiaban a los familiares de los muertos en el submarino, por razones de seguridad presidencial. Y ahora la Corte Suprema terminó con la causa, cuando rechazaron los planteos de los parientes de los marinos muertos, por un defecto formal.

Para Aristóteles, la justicia es la virtud social por excelencia. Consiste en hacer lo que conviene a los otros, encontrando el equilibrio que evita la injusticia de dar a alguien menos o más de lo que le corresponde. Pero un filósofo entrerriano, sintetizó todo en cuatro palabras y terminó con discusiones absurdas que llevaron siglos: «El poder es impunidad», firmado Alfredo Yabrán.