Represión libertaria: Casi mil heridos en las marchas de los miércoles

Hace exactamente una semana, Eduardo Taiano después de un año de dormir el expediente, pidió que el agente de la Federal, Cristian Rivaldi, sea juzgado por gasear Fabrizia y a su mamá, Carla Pegoraro. El fiscal dice que el policía debe ser sentado en el banquillo de los acusados, por rociar «deliberadamente» con gas líquido irritante, a una nena de diez años durante la marcha de los jubilados del 11 de septiembre de 2024: «Abuso de autoridad, en concurso ideal con el delito de lesiones leves».
Doce meses le llevó a Taiano, tomar el control remoto para retroceder y activar el video dos o tres millones de veces; imágenes que desde todos los ángulos le contaban con lujo de detalle, que la represión ilegal de Bullrich pretende terminar con la protesta legítima, desde que asumió Milei.


Ayer otro miércoles de represión, a metros del Congreso. Estaba Mabel Silva (64 años), con su bastón y un brazo enyesado; la jubilada que el 24 de septiembre pasado fue brutalmente golpeada por un integrante de la Prefectura. Mabel estuvo desmayada más de media hora, hasta que llegó una ambulacia del SAME y la hospitalizaron. Desde hace poco más de un mes, arrastra secuelas neurológicas.
El informe de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, dice que ayer hubo 9 heridos y ningún detenido. Denunció el «uso de gas pimienta por parte de las fuerzas federales en forma injustificada e indiscriminada contra las personas que se manifestaban».

Cerca de 800 efectivos de distintas fuerzas de seguridad, para 150 jubilados en el Congreso. 500 efectivos de la Policía Federal, Gendarmería, Prefectura Naval y Policía de Seguridad Aeroportuaria.
300 policías porteños, más el escuadrón motorizado y dos camiones hidrantes.
Un ridículo triple cordón de federales y Metropolitana, para otro operativo tan provocador como desproporcionado; una especie de clase abierta, sobre los nuevos límites que está dispuesta a aceptar, esta versión fascista de la democracia argentina.
Los piqueteros de uniforme cortando la calle y apaleando una vez más, a los que ganan un poco más de 300 mil pesos.

Para la agenda mediática, los viejos de los miércoles pasaron a ser espectros, fantasmas, espíritus, aparecidos, ánimas… No existen, salvo que la violencia contra ellos sea más despiadada que de costumbre y titulen con total descaro, «incidentes en el Congreso»…
Pero aunque el silencio los niegue, según los reportes de las Posta de Salud y Cuidado y los reportes de la Comisión Provincial de la Memoria, el saldo de la represión de los miércoles ya dejó poco más de mil heridos. Seis meses después, Pablo Grillo sigue peleando por su vida después de siete cirugías.
Y casi 120 personas tienen causas judiciales pendientes, después de haber sido detenido en las marchas; entre ellos dos menores de 12 y 14 años, que estuvieron dos horas esposados con precintos.

El ministerio de Seguridad, aquel que impulsó en el arranque de la gestión libertaria que tres en una esquina tenía que pedir permiso para juntarse, ahora vela las armas ante la discusión legislativa de las reformas laboral y previsional. Sabe que una jornada de trabajo de 12 horas o jubilación a los 70, van a generar las mismas movilizaciones populares que hace ocho años. Y también recuerda la ministra, que esos días de diciembre de 2017, fueron el principio del fin para el proyecto neoliberal de Mauricio Macri.

Ayer Bullrich se subió a la ola del gobernador bolsonarista de Río de Janeiro y le mandó una carta a la número dos del ministerio de Seguridad, para que refuerce la frontera. Lanzó un alerta por el posible “desbande”, de integrantes del Comando Vermehlo.
Un procedimiento ridículo, que solo tuvo como objetivo la presentación en sociedad de Alejandra Monteoliva, a quien la Pato apuntala para que sea su sucesora. La interna a cielo abierto con Guillermo Montenegro, por ahora cuida ciertas formas…