Invasiones, golpes, Plan Cóndor, acuerdos de libre comercio y salvatajes

A imagen y semejanza de la impunidad de Trump, los funcionarios de Estados Unidos hoy manifiestan públicamente sus deseos de posesión sobre América latina; sin necesidad de eufemismos, ni metáforas. Sienten como un derecho histórico inconcluso su desembarco en el «patio trasero», el que ejercieron de a ratos después de la SGM, a través de invasiones, golpes de Estado, Plan Cóndor y acuerdos de libre comercio.

Son herederos perfectos de la doctrina Monroe y pretenden que aquello de «América para los americanos» de 1823, deje de ser un plan que reine intermitentemente y tenga estabilidad eterna.
En el último año, primero Laura Richardson, después Peter Lamelas y ayer Trump; conjugaron a la Argentina desde la primera persona del plural: es nuestra.
El formato es tan descarado como el trato a Zelenzky, a autopercibirse Nobel de la Paz o a decir sin pagar ningún costo político, que va que transformar a Gaza en un destino turístico, con playas paradisíacas y casinos al estilo Las Vegas.

La generala hizo el diagnóstico. En el sur «tenemos» desde agua hasta minerales raros. El nuevo embajador mirando la reforma constitucional del 94, diseñada por Carlitos sobre los planteos del Consenso de Washington, planteó que su misión es «ordenar» a los gobernadores que mandan en las provincias donde habitan los minerales que su país necesita y son los dueños de los votos para lograr la reforma esclavista.
Y ayer Donald, planteó el éxito del juego que «estamos desarrollando en el sur». Con nosotros quemaron el diccionario que esconde por protocolo, todos los deseos inconfesables de «imperialismo ilimitado» sobre el «patio trasero».

Sin embargo, por ahora solo son tan brutales con los países donde gobiernan mucamos de la política internacional, como en la Argentina libertaria. Nadie en la Casa Blanca encara un micrófono, para hablar de México o Brasil, a través de los mismos términos que utilizan para pisotear al país que gobierna Milei.

La excepción entre la desubicación diplomática con nosotros y el silencio con los países que enfrentan a Estados Unidos desde la defensa de su independencia, es Venezuela. A partir de la aparición de Chávez a fines de la década del 90 y la defensa soberana del petróleo, la guerra es abierta y descarada, por lo tanto hay una zona liberada verbal, para decir cualquier cosa, de la peor manera posible:
desde nombrar presidentes interinos, hasta amenazas de invasión, pasando por bloqueo económico y denuncias de fraudes electorales. Ahora el republicano, cambió de posición al «Gerald Ford», el portaaviones más nuevo y más grande de la flota de Estados Unidos. Estaba en Croacia y lo envió al Caribe, mientras acusa a los presidentes de Venezuela y Colombia, de conducir redes de narcotráfico.

China empujó a Estados Unidos a una guerra tecnológica desigual, inalcanzable para Washington. Entonces apelarán a dos especialidades de la casa, para no perder mercados ante la imposibilidad de igualarlos a través del desarrollo: intervención y ocupación.
Argentina fue virtualmente comprada por menos de 50 mil millones de dólares: los 20 mil millones del préstamo del Fondo en abril, el swap del Tesoro por el mismo monto y los envíos menores que le encargó al Banco Mundial y al BID. A esta cifra, seguramente habrá que sumarle el préstamo que cuatro bancos liderados por el Morgan, dejará en manos del cada vez más extraño anarco-capitalista subsidiado por un Estado. La intervención más barata, para la ocupación, más efectiva. La primera prueba de amor, será reforma laboral. La segunda, jubilación a los 70 años.