El actual proceso de importaciones para matar a la industria nacional, supera ampliamente el resultado ruinoso de los tres anteriores y ya generó un nuevo récord de destrucción del empleo argentino. Esos dólares que se van de un país subdesarrollado, operan paradógicamente como un subsidio gigantezco, para sostener el trabajo de los conglomerados industriales más grandes del mundo.
Repetimos el mismo absurdo de la Argentina 1976-1983, 1989-2001 y 2015-2019. Compramos de manera compulsiva, como adictos incurables, desde productos elaborados hasta alimentos. Matamos nuestra economía y paralelamente, los mismos que hacemos malabares para cargar la SUBE, sostenemos la productividad, el avance tecnológico y la estabilidad laboral de los más fuertes.
Desde siempre, la estadística se empecina en contar pobres. A la economía ortodoxa, no le conviene determinar la cantidad de ricos que genera el aumento del hambre. La desigualdad que se necesita para concebir un millonario, nunca está en el balance; porque como dice el tango, «no me gusta avivar giles que después se me hacen contra».
Lo mismo sucede con la construcción de un país desarrollado. No sabemos cuántos seres humanos condenados a vivir en condiciones de principios del siglo XX hacen falta hoy, para que otros experimenten en el mismo momento, cómo será el futuro.
Sobrevivie el viejo planteo de la división internacional del trabajo, en el que el norte pone la máquina y el sur la tierra. Pero sin línea de producción, a la Argentina del presente le sobran cerca de 20 millones de habitantes que dependen directa o indirectamente de la fábrica. Sin la máquina encendida, se apaga el círculo virtuso.
En el mientras tanto, los grandes industriales se transformarán en importadores o con la liquidación de sus activos, se dedicarán a conocer el placer de «la dolce vita».
Los datos del Observatorio Pyme que depende de Techint (por las dudas repito, Techint), gritan que en el reino de Milei, «predominan los indicadores recesivos» en toda la industria manufacturera, por tercer trimestre consecutivo. Dice que para el 70% de las empresas, la producción está estancada o en baja y crece la preocupación por la debilidad de la demanda».
El informe de la gente de Paolo Rocca, sostiene que el 74% de las empresas reportó aumento de costos, pero que sólo el 35% pudo trasladarlo a precios, el resto los absorvió para seguir siendo una oferta más o menos competitiva. Habla de la necesidad de ejecutar «estrategias defensivas para mejorar las cuentas» del capital y entre todos los mecanismos que se activaron, aparecen el de siempre: despidos de personal, pero en un porcentaje que roza el padecido en plena pandemia.
La caída del empleo en las PyME industriales, acumula nueve trimestres de caída y se registra en el 25% de las empresas. En algunos sectores, ese porcentaje sube al 40%, como sucede con textiles, productos de cuero y calzado. Detrás aparecen la metalmecánica 24%; productos químicos, caucho y plástico 23%, alimentos y bebidas 21% y muebles, madera y corcho 17%.
Sintetiza Techint que el reclamo de la mayoría, es que el Estado le alcance un bote donde solo se salva el patrón y los laburantes quedan abandonados en alta mar. No aparecen los industriales reclamendo por su gente, sino exigiendo un alivio de la presión fiscal, estabilidad macroeconómica y por supuesto, más flexibilización laboral.
Agrega el informe empresarial, que el 45% de las empresas está amenazada por la ola importadora y más del 70% de esas firmas, sienten la presión que genera la invasión de productos chinos.
El relevamiento de uno de los capitanes de la industria más importantes del país, habla del ingreso de mercadería con competencia desleal, del incumplimiento de todas las normas argentinas (técnicas y certificaciones) y del crecimiento de la entrada irregular vía contrabando. Denuncia que los rubros con mayor presencia de competencia desleal, son alimentos y bebidas; textiles, cuero y calzado; muebles, madera y corcho; productos químicos, caucho y plástico y metalmecánica.
En el reino animal existen centenares de fórmulas para elegir a los líderes de la manada; para que los más capacitados, o los más experimentados, guíen a sus comunidades hacia un lugar seguro. Por ejemplo las matriarcas elefantes de memoria prodigiosa, operan desde la experiencia. Llevan a su gente lejos de los depredadores y la conducen a la tierra donde están los recursos vitales.
Entre las orcas, el conocimiento ecológico de la abuela es fundamental. Las hembras que ya no pueden procrear, llevan a sus familiares hacia los mejores lugares de caza, maximizando así las oportunidades de supervivencia para sus hijos y nietos.
Sin embargo nosotros, aparentemente el único ser vivo con capacidad para pensar, nosotros los supuestamente inteligentes, somos la caperucita roja a la que ya le contamos el cuentito miles de veces y a pesar de conocer el final, nunca advierte que el lobo la espera empilchada de abuelita.
Y ahora con Milei, como antes con la última dictadura, el menemismo, la Alianza y el macrismo, muchos argentinos sorprendidos dicen, «Abuelita, qué boca tan grande tienes!» y el neoliberalismo contesta, «Para comerte mejor»…
Editorial de Gustavo Campana, en LA MAÑANA de VICTOR HUGO MORALES por AM750 – Martes 19 de agosto de 2025

