Los datos sobre empresas en terapia intensiva, producto de la competencia importadora, son cotidianos y como sucedió en la última dictadura, el memismo y el macrismo, por ahora las fábricas sufren mucho más que el comercio, a esta fase del cuarto proceso neoliberal argentino. Basado en especulación financiera, petroleo, minería y soja y desechando al mercado interno, que es el corazón de nuestra economía real; el plan de negocios empieza a morderse la cola un año y medio después.
Mientras el importado mata automáticamente a la producción nacional, Estados Unidos pide terminar con casi todas las regulaciones existentes, para meter todos sus productos (viejos y nuevos), a cambio de reducir el arancel del 10% para que nos compren limones.
En esa recesión planificada, la confiscación de salarios se come en cuotas al consumo y el primer gran síntoma de esta foto, es el crecimiento del trabajo sin derecho, ligado a ofrecer de productos o servicios.
Vender, es la única fuente laboral que aún con un mercado que se encoje todos los días, respira. Pero el Gobierno, apostando exclusivamente al descenso de la inflación para seguir sosteniendo la sonrisa de su núcleo duro, pisa paritarias y sigue recortando sueldos. Por lo tanto, más temprano que tarde, la industria y el comercio, van a llegar al mismo trágico final.
La paritaria testigo que el Gobierno busca utilizar, para domesticar a todas las demas, fue el aumento negado más de un millón de empleados de Comercio. Pretenden aumentos testimoniales del 1%, para el que compra y también para el que lo atiende desde la caja de un supermercado.
Ejemplo en tiempo presente, de una empresa que emplean a cerca de dos mil personas en todo el país como Georgalos, creada en 1939. Está buscando a través del Banco Santander, socios estratégicos que la aporten 200 millones de dólares para poder sobrevivir. Si esto no sucede rápido, bajará la persiana después de 86 años.
La historia está a punto de repetirse, porque sus productos nacionales para consumo argentino, volvieron a ser atacados por el neaoliberalismo. En 2001 y acorralada por las deudas, Georgalos vendió Mantecol al grupo Cadbury por casi 23 millones de dólares y después la marca pasó a manos de la estadounidense Mondelez. Pero en 2022, Georgalos recuperó su producto insignia.
Llegó Milei y tres años después, la empresa que sostiene a dos mil familias, está a metros de la quiebra.
Si la empresa muere, la crisis no se trasladará al otro día, al cierre de un número proporcional de kioscos. Ese efecto directo viaja a otra velocidad, pero es inevitable.
Las Alimenticias le declararon la guerra de guerrillas a Caputo. El rubro sabe que siempre en tiempos de crisis, es la última góndola que recorta el bolsillo familiar, entonces volvió a subir los precios, pese al ruego del ministro de no aumentar. Las aceiteras y los productores de harina y derivados, enviaron listas con incrementos que fueron del 5 al 9%. Y también hubo subas superior al 5% en bebidas con y sin alcohol y galletitas dulces.
Las «remarcaciones preventivas» que se multiplicaron después del acuerdo con el Fondo y la apertura del cepo, no paran (Editorial de Gustavo Campana, en LA MAÑANA de VICTOR HUGO MORALES por AM750 – Lunes 12 de mayo de 2025).
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