Ultimos días de junio de 2006. Jorge Julio López tenía 76 años. Sobreviviente de cuatro centros clandestinos de detención, en los que actuó el ex comisario Miguel Osvaldo Etchecolatz, director de Investigaciones de la Policía Bonaerense de Ramón Camps. Albañil y militante de Montoneros, cuando lo secuestraron el 27 de octubre de 1976, en un operativo del que participaron Etchecolatz y su chofer Hugo Guallama.
Sus recuerdos ante la Justicia fueron milimétricos, no dejaron ningún detalle en manos del olvido, 30 años después. Lo llevaron a Cuatrerismo, en el Destacamento de Arana y “ahí nos picanean toda la noche. Etchecolatz no tenía compasión. El mismo iba y nos pateaba».
Luego lo trasladaron hasta el Pozo de Arana, en la Estancia La Armonía. López confirmó los gritos de Patricia Dell’Orto, 21 años y vio a monseñor Plaza, “con los hábitos”. “¿Por qué me trajo, padre? No me peguen más”, gritaba en la sesión de tortura. Ella depositó en Julio, un último mensaje antes de morir: “No me fallés, buscalos a mis padres y avisales dónde estuve. Dale un beso a mi hija”. López presenció los asesinatos de Patricia y su marido Ambrosio De Marco, dos de los homicidios que se le imputaban a Etchecolatz: “Patricia nunca agarró un arma y estos asesinos la mataron sin piedad. El personalmente dirigió esa matanza”.
Contó como trasladaron al paraguayo Norberto Rodas y después se escuchó un disparo. “La sacan a Patricia, que gritaba: No me maten, quiero criar a mi nenita” y el segundo tiro. Después la ejecución de Ambrosio. López también dijo que en Arana vio a Francisco López Muntaner, uno de los desaparecidos de La Noche de los Lápices.
La tercera etapa de su calvario, fue la Comisaría quinta. Señaló que les dieron de comer y les tiraron una tableta de gamexane para desinfectarlos. Después la picana, controlada personalmente por Etchecolatz: “Dale, subile más, porque este gringo se me hizo el guapo con la otra máquina, que era a batería. A mí decime señor comisario. Ahora vas a ver”.
El último destino cuatro días antes de la Navidad de 1976, fue la Comisaría octava. El 4 de abril del ‘77 lo blanquearon en la cárcel de La Plata.
El 19 de septiembre, se conoció la sentencia por seis asesinatos, ocho secuestros y torturas. Fue la segunda condena por crímenes de la última dictadura después de la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
Cuando el presidente del Tribunal Oral Federal 1, Carlos Rozanski, dijo “Condenando a la pena de reclusión perpetua…”, la sala estalló. Los escudos de los guardias no pudieron impedir que algunas de las bombas de pintura roja, marcara al verdugo que en su defensa dijo: “Debo exponer en mi doble condición de prisionero de guerra y detenido político. Este juicio ha sido instalado como un rompecabezas para niños bobos o grandes avivados. Ustedes van a condenar a un enfermo. Como dijo Borges, ustedes no son el juez supremo, que nos espera después de muerto. No sé rendirme y después de muertos tendremos mucho que hablar”.
En 1986 fue sentenciado a 23 años de cárcel, como responsable de 91 tormentos, pero las leyes de perdón se encargaron se liberarlo.
Un día antes de la condena, Julio López desapareció por segunda vez, en la ciudad de La Plata.
Ese día espera a su sobrino Hugo Savegnago, para asistir al tribunal a escuchar los alegatos del juicio contra Etchecolatz. Pero López salió de su casa solo. La última persona que lo vio fue su vecino, Abel Horacio Ponce, en la calle 66, “entre la verdulería y el local de Edelap”.
“Quiero mencionar el nombre del compañero López, porque allí está la amenaza, allí está el terror, allí están ellos. A López no se lo llevaron dos o tres distraídos, a López se lo llevaron los de siempre y lo tenemos que encontrar vivo, por los argentinos, por todos nosotros y por su familia” (Néstor Kirchner en La Perla, 24 de marzo de 2007). Abril de 2008.
La Bonaerense fue apartada de la causa por «negligencia manifiesta» y la carátula cambió a «desaparición forzada». Carlos Falcone, ex médico de la Policía Bonaerense, fue vinculado con la desaparición de López por ser el dueño del auto en el que habría sido secuestrado.
Enero de 2009. La Justicia encontró el vehículo que había señalado un testigo protegido durante el juicio, en la vivienda de Falcone. Pero estaba desarmado hacía por lo menos tres años.
Octubre de 2014. Etchecolatz escuchó la sentencia por los crímenes cometidos en La Cacha y desplegó un papelito que decía “Jorge Julio López”. Intentó dejarlo en manos del Tribunal, pero el Servicio Penitenciario se lo llevó antes que pudiera entregarlo.
Foto de portada: Etchecolatz y Jorge Julio López.
El 28 de diciembre de 2006, todos los diarios hablaban en tapa del secuestro de Luis Angel Gerez. 51 años, militante peronista, albañil, panadero, padre de cinco hijos y vecino del barrio Cementerio de Escobar. Su testimonio fue clave para impedir que Patti se convierta en diputado, cuando declaró ante la Cámara, que el ex policía lo había torturado en 1972 (20 de abril de 2006).
Primero recibió amenazas y a partir del 27, nadie tuvo noticias sobre su paradero. Habían pasado solo 100 días de la desaparición de Jorge Julio López.
Apareció 48 horas después, luego de una cadena nacional de Néstor, alertando sobre el caso, exigiendo su liberación y apuntando contra grupos residuales de la dictadura. Una hora después, Gerez apareció en una calle de Garín, con signos de tortura. La fiscalía archivó la causa en 2010, al no avanzar en ninguna dirección en la búsqueda de los culpables.
Murió en mayo de 2019, a los 64 años. Sufrió una descompensación cuando regresaba a su casa de Escobar desde la localidad de Moreno.

