CLARIN (2 de mayo de 1993): «Proyectan extender a 10 horas la jornada laboral: Sin pagar horas extras. Podrían reducir salarios o cambiar condiciones de trabajo, por razones económicas».
CLARIN (27 de abril de 2000): «El Gobierno negoció y logró la reforma laboral. Consiguió que los convenios de 1975, caigan dentro de dos años. El período de prueba será de entre tres y 12 meses».
Estas dos etapas de la pérdida de derechos que fomentaron menemismo más Alianza entre 1993 y 2000, terminó con una desocupación del 24% de la población en diciembre de 2001.
Simplemente, porque no existe generación de trabajo con leyes esclavistas, bajo cualquier sistema. Sin crecimiento económico, no hay demanda laboral y mucho menos, registrada. Un cuarto de siglo después, los libertarios instalan otra vez el mismo relato oficial, planteando el absurdo de a menor derechos, más laburo.
Nunca se necesitó una flexibilización para crear empleo, siempre fue indispensable la demanda. Se abrirán las puertas de un proceso alocado de cierre de empresas y seres humanos en la calle, sin posiblidad de regreso al mercado laboral.
La industria se desplomó un 8,2% interanual en el último «Estimador mensual de actividad económica» del Indec, de noviembre pasado, mientras que el Indice de Producción Industrial del organismo estadístico cayó un 3,9% interanual en diciembre.
Las cifras oficiales, dicen que Argentina tiene 21.938 empresas menos respecto a noviembre de 2023. Solo en el último mes, su cayeron 892, casi unas 30 menos por día.
Y como el agua está llegando a los «capitanes de la industria», ahora se acuerdan de pedir igualdad de condiciones para competir, «con un esquema impositivo razonable, financiamiento accesible, infraestructura eficiente y un marco laboral moderno». Y agregan después de haber descubierto la pólvora, que «cuando esas condiciones no existen, la apertura sin convergencia competitiva termina destruyendo capacidades productivas, empleo y conocimiento acumulado durante décadas».
La Argentina que nació después de la «Década infame» (1930-1943), asumió dos grandes necesidades históricas, que eran cajoneadas por decisiones políticas del «poder real», desde la segunda mitad del siglo XIX. En primer lugar, dejar de ser subdesarrollados; ensanchar la matriz productiva que hasta ese momento era exclusivamente agrícola-ganadera. Terminar con una Nación empantanada en las ganancias millonarias de la oligarquía y en el hambre obrera.
El segundo dato que aportó la industrialización concebida con ciencia y tecnología propia, fue generar trabajo para millones en la línea de producción.
La frutilla del postre, fueron los derechos laborales. Como casi la totalidad de lo fabricado, quedaba en aquel país que descubría lo que significaba vivir con heladera y lavarropa, el círculo solo cerraba con sueldos y condiciones de trabajo dignos. Eran indispensables salarios fuertes, para que los trabajadores demanden los productos «made in Argentina», que le cambiaron la vida por primera vez en nuestra historia y a su vez sostengan la demanda laboral en industria y comercio.
A a esta altura del partido, «Quien quiera oír que oiga, quien quiera seguir que siga. Mi causa es la causa del pueblo y mi guía es la bandera de la Patria».
El viernes los senadores aprobarán una ley para despedir barato, en el marco de una recesión en crecimiento, salarios pisados e inflación en alza. La ridícula Ley de Modernización Laboral, será marcada de cerca a partir de su sanción, por una ola de judicializaciones, que podrían llevar a su suspensión temporal total. Entonces, la Corte Suprema aparecerá con toda su violencia anti democrática, para sentenciar que no hay mejor destino que el abismo. Y volverá la sensibilidad de Rosenkrantz, como en junio del 22, para decir que «no puede haber un derecho detrás de cada necesidad» porque los recursos son escasos para satisfacer todas ellas.
No hay para todos y el que reparte es el poder... Y en ese duelo a la distancia con Evita, ella repetirá «Quien quiera oír que oiga, quien quiera seguir que siga. Mi causa es la causa del pueblo y mi guía es la bandera de la Patria».

