En la ciudad de Rafaela, casi en el centro exacto de la provincia de Santa Fe, tres de cada cuatro votantes apoyaron a Milei en la segunda vuelta. El 14 de diciembre de 2023, apenas cuatro días después de la asunción del libertario, empujado por la cifra que el escrutinio mostró en el pueblo de casi 122 mil habitantes; el Grupo Marengo lanzó una nueva línea de caramelos, a la que bautizó «No hay plata». El padrino simbólico de esta ceremonia oportunista, de la empresa creada en 1944, por supuesto fue el nuevo presidente de la Nación.
Inmediatamente los trolls libertarios, salieron a bancar a los ácidos frutales, como un símbolo de la nueva Argentina basada en la escuela austríaca.
La frase publicitaria con la que apareció esta golosina en el mercado, decía: «Si no hay plata, lo que si habrá será dulzura, alegría y diversión». Un slogan difícil de bancar mientras padecemos los efectos de la fase caníbal del capitalismo; porque si los laburantes son la variable de ajuste y en la transferencia de recursos, sus bolsillos le da de comer en la boca al «Poder real», es muy complejo pensar en «dulzura, alegría y diversión»; cuando al mes del laburante le sobran 10 o 15 días.
Marengo sintió que era una isla: «Lo voté, lo bancó sacando un caramelo y a mí este misil del ajuste no me va a tocar». Sin embargo, la onda expansiva de la recesión, impactó en la línea de flotación
de la fabricación de golosinas y el año pasado, el Grupo que no midió las consecuencias de subirse a la «fiesta libertaria», ingresó en una crisis inédita en sus más de 80 años de historia.
En julio de 2025, la fábrica neoliberal se amparó en la fuerte caída de las ventas y razones de «fuerza mayor y falta de trabajo no imputable al empleador», para aplicar un esquema de suspensiones sin goce de sueldos durante la segunda quincena de ese mes.
El segundo paso, fue una reducción de más del 30% de su personal.
Ahora los dueños vendieron la fábrica, dejando en la calle a 60 laburantes, que todavía reclaman salarios atrasados y los «No hay plata» pasaron a ser una profecía autocumplida.
Marengo fue comprada por un grupo tucumano, liderada por el productor azucarero Alejandro Seleme. El grupo Seleme es el dueño de la marca de azúcar «El Marqués» y también controla a la cadena de supermercados del mismo nombre, que cuenta con cuatro sucursales en la provincia de Tucumán.
Imagino a los históricos dueños observando detrás de las cortinas de uno de los ventanales de la Dirección, las protestas en el frente de la planta de los 44 trabajadores que quedaron, después de haber soñado otro destino de la mano de Javo.
Según la Unión de Kiosqueros de la República Argentina, más de 20 mil comercios del rubro cerraron en el último año, fruto del casi no consumo. Caen alrededor de 50 kioscos por día y en la era Milei, desapareció un tercio de los kioscos.
Mientras tanto, se profundiza en Georgalos la crisis desatada en el último trimestre de 2025, también generada por el derrumbe de las ventas. Finalizado el proceso de suspensiones que se extendió tres meses y que abarcó a la totalidad de los 600 operarios de la planta de Victoria, ahora el nuevo periodo de suspensiones arranca con una tanda de 20 trabajadores, que sufrirán un recorte del 20% en sus salarios.
La medida alcanza a delegados sindicales y personal con más de 30 años de antigüedad.
Alberto Luis Grimoldi, primero fue subsecretario de Comercio Exterior de Videla y luego uno de los directores del Banco Central, de la última dictadura. Un funcionario tristemente célebre, por defender el modelo de colonia, expresando a la prensa que «es lo mismo producir caramelos que acero». Sin embargo, el resultado de los cuatro procesos neoliberales del último medio siglo, fue que Argentina no pudo fabricar ni aceros, ni caramelos.
El resultado de muchísima gente que votó a Milei, deseosa de conocer el saber del veneno, está terminando con todo, incluso con las golosinas…
Editorial de Gustavo Campana del martes 24 de febrero, en «La mañana de la 750» (Víctor Hugo Morales).

