17 de julio de 2008: «Mi voto no es positivo», firmado Julio Cobos

Marzo 11. Cristina cumplió tres meses y un día, en la Casa de Gobierno. La jornada comenzó con la presentación en sociedad de la Resolución 125. Retenciones móviles a las exportaciones de soja, trigo, maíz y girasol; con porcentajes atados a la evolución del precio internacional. Si las cotizaciones subían o bajaban, la carga impositiva también.
Respuesta sobreactuada, de actores que encontraron una declaración de guerra servida en bandeja, por el error de cálculo de Martín Lousteau. El ministro de Economía, que el establishment recortó de la foto, escapó de la historia como si nunca hubiera estado en ella. Sin embargo, fue el dueño del Palacio de Hacienda entre el 10 de diciembre de 2007 y el 24 de abril de 2008. Se reunió con Néstor en Olivos, para pronosticar la quiebra del capitalismo global en breve y que la única solución para sostener al Estado era aumentar la recaudación fiscal cerealera.


Lockout de los patrones agropecuarios, 129 días de cortes de ruta de las 4×4, desabastecimiento, litros y litros de leche tirados en las banquinas, diálogo inexistente, negociación empantanada y actos multitudinarios para vencer al campo o terminar con el kirchnerismo.
En los actos Néstor eligió denunciar el pasado de las organizaciones ruralistas y fue más fuerte para la sociedad, el impacto de la discusión que dio el campo en tiempo presente: “Como en las peores etapas del ‘55 y del ‘76 salen como comandos civiles y grupos de tareas, para agredir a los que no piensan como ellos, en forma vergonzosa. La clase media tiene que darse cuenta que nunca va a encontrar la solidaridad de la oligarquía argentina” (2008, durante la crisis del gobierno de Cristina Kirchner con el campo).
La historia terminó la madrugada del 17 de julio, cuando Cobos decidió convertirse en el principal operador de la oposición a su propio Gobierno. El proyecto que aprobó Diputados murió en el Senado después de 18 horas de debate, con el empate 36-36 de Carlos Menem.
El expresidente estaba internado de urgencia. La historia oficial hablaba de una fuerte neumonía. Pasada la medianoche, el riojano se hizo presente en el recinto. Discurso y voto negativo.
En el medio una larga y áspera batalla, que a diferencia de lo que marcaban los horóscopos opositores, significó el renacer de un kirchnerismo que estaba condenado a muerte.

A la oposición política que tanto le costó a lo largo de 12 años encontrar referentes, le dieron una mano las tres patronales agropecuarias (Sociedad Rural, Confederaciones Rurales y CONINAGRO) más la desclasada Federación Agraria. La Mesa de Enlace se transformó en estrella fugaz del cielo de la derecha, pero generó el espacio indispensable para otros reclamos del antiperonista de a pie. Los terratenientes fueron por la distribución de la riqueza y aquel que la única tierra que le pertenecía estaba dormida en una maceta, tenía como canalizar tanto odio acumulado desde 2003.

El 18 de julio, Néstor pensaba que lo mejor era la renuncia de Cristina, que ya no había espacio para seguir peleando. Olivos se transformó en un punto de encuentro de los más cercanos. Ninguno de ellos avalaba la decisión caliente, que canalizaba toda la bronca y la impotencia de Kirchner; pero Cristina se encargó de uno de los momentos más oscuros, de los 12 años de kirchnerismo.
Invitó a la residencia presidencial a los legisladores de las dos cámaras que pelearon por el oficialismo y por la tarde inauguración de reformas en el Aeropuerto de Resistencia, Chaco.
Volver a empezar, pero acelerando. La Presidenta se encargó de la profundización del modelo impuesto por Néstor, cuando el partido se jugaba en plano inclinado.
Cuando Néstor murió, en su agenda figuraba un encuentro dirigentes agrícolas en Mar del Plata. Posiblemente buscando cicatrizar heridas modelo 2008, cuando por no diferenciar a los distintos sectores del campo, se rompió un lazo con sectores más parecidos al kirchnerismo que a la Mesa de Enlace.