La Casa Blanca ordenó el regreso de la Doctrina de la Seguridad Nacional

Ni ellos ni nosotros somos nuevos. Ninguno de los dos estamos de estreno. La pelea entre el modelo de país y el proyecto de colonia, es un clásico que tiene más de 200 años y aunque el marketing la maquille, la derecha siempre plantea lo mismo.

Marco Rubio, el secretario de Estado de Trump, dijo que había llegado el momento de reeditar lo que se había hecho en la lucha contra los movimientos de izquierda en otras décadas, porque existe una «amenaza transnacional» que abarca a todo occidente. Señalaron sin metáforas que pueden derrotar al enemigo, porque ya lo hicieron, en alusión al Plan Cóndor setentista.
Rubio dijo que durante un cuarto de siglo, la atención del contraterrorismo estuvo centrada en la Jihad islámica, producto de los ataques del 11 de septiembre de 2001 y que aún la amenaza no desapareció, porque «sigue existiendo migración».

El secretario de Estado, un hombre que sin mucho esfuerzo suele convencernos que está a la derecha de Trump, dijo que tenemos que comenzar a ser más justos. Planteó que «si una bomba es colocada por un neonazi» automáticamente se habla de terrorismo, pero si el atacante es un «revolucionario marxista», calificarán al hecho como un «trágico exceso de idealismo». Y con Rubio como principal orador, Cuba no podía estar ausente. Aseguró que con la caída de Maduro, la isla se hizo cargo de la izquierda latinoamericana y «no tenemos otra opción más que enfrentarlos».

Piensan en una coordinación que implique el intercambio de informes de inteligencia, un trabajo en equipo y sin fronteras de todas las fuerzas de seguridad, que incluya el desmantelamiento de las redes financieras que sostienen a esos grupos. La excusa noble del monstruo que dice tener miedo, es el regreso de las ideas que serán la arcilla para moldear el nuevo terrorismo. Por lo tanto, seremos todos sospechosos hasta que se demuestre lo contrario.
El mismo manual de estilo de la «Guerra Fría», donde reinaba la limpieza ideológica del amplísimo espectro que definían como izquierda, un mundo multicolor integrado por todos lo que no pensaban como lo ordenaba la Casa Blanca. En tiempos tan negacionistas como estos, nunca está de más agregar que en Argentina, esa persecución fue secuestro, la tortura, la muerte y la desaparición.

La última dictadura en la Argentina, fue la fusión perfecta de neoliberalismo y terrorismo de Estado. Su doctrina económica nació en las aulas de la Universidad de Chicago y su cultura represiva, adoptó las características de la doctrina francesa aplicada en Argelia y los objetivos de la Doctrina de la Seguridad Nacional que se construyó en West Point y en la Escuela de las Américas. Medio siglo después, Milton Friedman regresó y ahora se puso en marcha la vuelta de la teoría del «enemigo interno»; esa mirada que dividía a las sociedades en función de sus posiciones ideológicas. Antes se hacía vía dictaduras y ahora se pretende una reimplantación en las democracias frágiles que tutela Estados Unidos.

El canciller Pablo Quirno, el mismo que no tuvo tiempo de redactar una línea por la presencia de un buque de guerra británico en aguas argentinas, participó de la Cumbre como parte de este infantil alineamiento automático de Milei a Trump. Participaron 66 países, una cifra muy preocupante, pensando en que la ONU tiene 193…