Todo marcha de acuerdo al plan, de Estados Unidos y el Fondo Monetario

Todo marcha de acuerdo al plan de máxima concentración económica, que ejecuta desde la cuna, el Fondo Monetario Internacional por orden de Estados Unidos. En la Argentina entreguista de Milei, el FMI exige por una razón muy simple, el cumplimiento a rajatabla de su viejo libreto: hace siete meses compró casi el 50% de la Argentina a través de un salvataje de 20 mil millones de dólares y ahora quiere ver los frutos de la operación.
La otra parte de la torta le corresponde al swap de Donald y a los dólares que puso Bessent en la campaña, para detener una corrida.
A cambio y según el «Financial Times», la Casa Blanca pide entre muchísimas cosas, la dolarización de la Argentina; porque la gran diferencia entre el presente y los 90, es aquel Halloween llegó con las golosinas de la convertibilidad de norte a sur y de este a oeste. Y mientras la clase media jugaba a ser millonaria, le robaron el país por una bolsa de monedas.

En síntesis, el proyecto que según Washington fue plesbicitado en las últimas elecciones de medio término, es lograr un país que trabaje exclusivamente para cumplir todos los deseos de los acreedores, a cambio de la pobreza de la mayoría de los argentinos. No importa si ese referéndum imaginario, contó con el nivel de participación más bajo en más de 40 años de democracia; el resultado será usado para intentar legitimar el cambio de Nación a protectorado.

Automáticamente regresaron y a pedido de Kristalina, tres viejos conocidos: reforma laboral, privatizaciones y aumento de la edad jubilatoria. Vienen por la revancha, como en tiempos de Carlitos lo hizo Michel Camdessus; ante la Alianza, Horst Köhler y en sociedad con el macrismo, operó Christine Lagarde, autorizando por si hacía falta, un crédito de 54 mil millones de dólares.

Aunque Milei hable de «modernizar», el libertario más conservador del planeta, es el nuevo inquilino del «Túnel del tiempo» y nos lleva sin escalas al siglo XIX. Sus patrones le encargaron terminar con una batalla inconclusa con el peronismo, que este año cumplió 79. Aquel país decidió en 1946 no entrar al FMI, la entidad que los ganadores de la Segunda Guerra, los que supuestamente pelearon por el mundo libre, crearon para controlar que los subdesarrollados lo sean para siempre.

No por casualidad comenzó en ese momento, uno de los procesos políticos más virtuosos de la historia nacional, simplemente porque Argentina hizo todo lo contrario al catálogo de reclamos de Estados Unidos. Aquella pelea por el futuro, tuvo derechos laborales de estreno, estatizó el Banco Central, transporte y la energía, desarrolló la industria, pagó la totalidad de su deuda externa y creó un país con jubilación para todos.

El Fondo viene ahora por el sueño de la estabilización de la agenda regresiva, viene a establecer el piso de una degradación sin techo; están podridos de avances y retrocesos. En el pasado reciente festejaron algunas victorias circunstanciales sobre la muerte de las leyes laborales y la agonía del sistema previsional; pero el regreso del pueblo a la Rosada hace 22 años, puso las cosas en su lugar.
Ahora quieren que las raíces sean tan fuertes, como las de las privatizaciones en los 90. Están orgullosos por los logros que arrojó su proyecto de liquidación del patrimonio nacional, porque en ese momento sembraron los mejores frutos. La traición menemista no solo rifó por monedas resortes estratégicos, sino que anudó por décadas la operación colonial, con contratos leoninos que hipotecaron casi todos los sueños.

El problema se agranda aún más en tiempo presente, con el pliego de condiciones que encoje la capacidad del bolsillo asalariado, a través de la liberación de la tarifas de los servicios públicos, con sueldos pisados.
Y el drama se profundiza mucho más, con una Asignación por Hijo que perdería su condición de universal y con recortes salvajes a las pensiones por discapacidad (150 mil menos en 2026). Apenas los primeros capítulos de la remake, de una serie conocida…
Todo marcha de acuerdo al plan de máxima concentración económica, del Fondo Monetario Internacional y cómo dijo Santilli en la mesa de Mirtha, representando ese discurso cipayo que hoy se hizo cargo de los verdugos de la patria: «Me encanta que nosotros estemos en las democracias occidentales, que hayamos vuelto a nuestra identidad como argentinos».