¿QUIEN MATO A MALHAES? (Prohibido amanecer AM750, 25 de noviembre de 2014)

El coronel retirado Paulo Malhaes, fue asesinado en abril pasado, un mes después de declarar ante la Comisión Brasileña de la Verdad. A los 76 años se había transformado «peligrosamente», en el primer oficial de su país que reconoció haber torturado, asesinado y ocultado cadáveres de presos políticos. Fue el primero de los uniformados, que habló de la Casa de la Muerte, un centro clandestino de la ciudad de Petrópolis. Fue el primero que reconoció el asesinato del diputado Rubens Paiva, al contar cómo lo decapitó primero y cómo lo arrojó al mar después

El régimen militar que gobernó entre 1964 y 1985, dejó el poder escudado en los pactos de silencio que levantó con la derecha local. La amnistía de 1979, comenzó a quebrarse con la creación en 2012, de la Comisión de la Verdad, un órgano que investiga las violaciones de los derechos humanos, aunque no tiene funciones punitivas.

O Globo informó que en el domicilio de Malhaes, apareció la documentación que prueba la caza de militantes argentinos entre 1976 y 1980.  Justicia de Transición, un grupo creado por el Ministerio Público para investigar los crímenes durante la dictadura, encontró la prueba de 14 viajes secretos al sur de Brasil, en el marco de un operativo bautizado “Operativo Gringo”.

Malhaes habría capturado en el aeropuerto de Río de Janeiro, a 12 argentinos entre los que se encontraban Horacio Campiglia y Mónica Pinus, quienes luego fueron transportados a bordo de un Hércules, a un campo de concentración en Buenos Aires. El militar brasileño también habría participado en la captura de Norberto Habegger (desaparecido después de desembarcar en el aeropuerto de Río el 30 de julio de 1978), Julio César Genoud y Verónica María Cabilla.

En el marco de esta ramificación del tristemente célebre «Plan Cóndor», Malhaes también habría participado de la captura de militantes chilenos y uruguayos.

La muerte de Malhaes, supuestamente a raíz de un infarto, quedó para la historia como la consecuencia de un robo en su casa. Para el diputado Adriano Diogo, del PT de San Pablo, simboliza que aún la dictadura en algunos aspectos, «no terminó».

A medio siglo del último golpe de Estado, el que terminó con el presidente Goulart y después de tres presidencias del Partido de los Trabajadores, Brasil comienza a despertar lentamente de una pesadilla que se extendió dos décadas y que aún le debe explicaciones a su pueblo y al resto del continente.

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