Cada medida económica es política y toda decisión política es económica. Importaciones, devaluación, retenciones 0, muerte del salario o tarifazos, son fruto de la acción de gobierno. No son la consecuencia de problemas climáticos, ni de tormentas, terremotos o cualquier otro fenómeno que la naturaleza fabrica sin nuestra autorización.
En sentido inverso, pero de la mano de la misma lógica, por supuesto que industria nacional, defensa del peso, impuestos a las millonarias ganancias del país extractivista, paritarias fuertes y subsidios energéticos, también son fruto de la osadía, valentía, audacia, valor y arrojo, de un proyecto nacional y popular enfrentando al poder real.
Segundo dato. Teniendo en cuenta que por cada dólar de deuda externa, los centros financieros de poder imponen una orden, los préstamos no solo hipotecan a futuras generaciones, sino que también establecen la crueldad de los ajustes, que terminarán con la calidad de vida de millones de seres humanos.
La relación de Macri con el Fondo Monetario Internacional pasó a modo De la Rúa, desde junio de 2018. Un país sin economía real, incapaz de generar recursos genuinos, solo recibe ayuda para no entrar en cesación de pagos y prepara la llegada de las multinacionales, bajo características de producción del sudeste asiático.
Y como cada medida económica es política, el Fondo siempre viene por la revancha. No pudo en tiempos de la Alianza con la Banelco y regresó con Macri intentando la reforma laboral, primero en 2017 y por última vez en 2019. Prohibido olvidar.
La reforma que el radicalismo modelo 2000 no pudo comprar en el Senado, llegó fruto del Blindaje de Machinea. A cambio de 40 mil millones de dólares, dame la reforma laboral: extensión del período de prueba, de 1 a 6 meses y opción de renovación; eliminación por dos años de los convenios de ultraactividad anteriores a 1975 y habilitación de convenios por empresa, en lugar de por rama o actividad.
El intento de Macri 2019, desembarcó después de un préstamo de 45 mil millones.
“La historia vuelve a repetirse, el mismo amor, la misma lluvia, el mismo, el mismo loco afán”…
El objetivo es, fue y será, terminar con cada una de las leyes que comenzaron a multiplicar derechos desde principios del siglo XX y despedazar las reglas de juego que llegaron para quedarse, cuando el primer peronismo puso el pie en el acelerador. Prohibido olvidar.
Producción es un oxímoron perfecto de neoliberalismo. En esa relación formal de palabras contradictorias, cuando hablamos de Ministerio de la Producción diciembre 2015-diciembre de 2019, estamos hablando de un oxímoron de macrismo.
El régimen que por tercera vez en los últimos 47 años, implantó apertura indiscriminada de importaciones para matar la industria nacional y decretar el regreso de la desocupación de dos dígitos, no tiene nada que ver con trabajo, desarrollo e independencia económica.
Los primeros datos sensibles cuando se aplican estas políticas de destrucción, siempre los ofrece la industria textil. En 2015 el rubro contaba con más de 115 mil puestos de trabajo formales y tres años después solo quedan 98 mil. La caída interanual de la producción fue del 32,2%.
Dante Sica, era ministro de la Producción de Macri en 2019, cuando le propuso al expresidente, copiar la reforma que el menemismo impuso para las Pymes, a través de la Ley 24.467, sancionada en 1995.
Los objetivos de esa norma, fueron tres: habilitar el pago en cuotas del aguinaldo, flexibilizar las vacaciones y reducir el costo de las indemnizaciones. La norma que murió por ausencia de uso, porque nunca la pudieron aplicar, fue reflotada por Sica en el último año del mandato de Mauricio, pero la nueva camada de neoliberales, le sumó un dato, el “banco de horas”, una giro idiomático para bautizar sutilmente al plan destinado a estirar hasta 12 horas la jornada laboral.
Buscando aliados, el ministro se reunió con los empresarios textiles. El funcionario, que esperaba una borrachera ideológica del capital, se encontró con la negativa de los industriales. Intentó revancha con los metalúrgicos y tampoco encontró eco en ellos.
Armó una comisión de notables para analizar el tema y no pasó nada.
El tipo quiere una nueva oportunidad y como parta de los brujos que piensan en volver, reapareció como asesor de Patricia Bullrich. Anda diciendo por ahí, que hay terminar con los derechos para generar “trabajo de calidad”. Son los reyes de los oxímoron, porque terminar con la defensa del trabajador, para que sea feliz, es una militancia del ajuste tan perversa, tan cínica, como aquellas notas de Clarín y La Nación, que te contaban que el infierno, era el paraíso.
. “Revelador estudio médico: Trabajar más allá de los 65, puede alargarte la vida”
. Jubilación: “Las mujeres de 65 años, no se sienten viejas”
. “Las mujeres envejecen después que los hombres”, firmado Juan Carlos Paulucci, secretario de Seguridad Social de Macri.
. Diez años en la misma empresa, puede ser un fracaso personal.
Clarín, 21 de febrero de 2016: “Se puede despedir y terminar a la vez con la pobreza”
“Es posible achicar el Estado con una política de flexibilización laboral que facilite los despidos y al mismo tiempo termine con la pobreza? Sorprendentemente la respuesta es afirmativa. Dinamarca es uno de los países en los que resulta más fácil despedir a un empleado. El 70% de los daneses piensan que es bueno cambiar de trabajo de vez en cuando. Pero cuentan con un seguro de desempleo que nunca cesa si el ciudadano certifica que buscó trabajo y no lo consiguió, y con oficinas públicas que ofrecen cursos de rehabilitación vocacional y ayudan a conseguir un nuevo empleo.
Sistemas muy similares funcionan en gran cantidad de países de todo el mundo que han disminuido sustantivamente la pobreza.
El sistema tiene un nombre, flexicurity, algo así como flexiseguridad, una combinación de los beneficios de la flexibilidad y la seguridad”.
Cuando dicen modernizar, hablan de un salto al vacío al pasado. Cuando te juran que vienen a salvarte, aseguran esclavitud moderna para todos y todas.
Cuando gritan que sin derechos habrá más trabajo, saben mirando los números de nuestra historia, que los mejores indicadores económicos argentinos, fueron con salario fuerte, con capacidad de compra y ahorro de millones de seres humanos.
Cuando te quieren convencer que sin regulaciones de ningún tipo, garantizarán el crecimiento, te hablan de un país que no existe en ninguna parte del mundo.
Para esto quieren ser gobierno, para hacer negocios sin intermediarios, para achicar la cantidad de porciones de la torta, para volver a un país para pocos…
Y en esta campaña, como quizás en ninguna otra, ya no saben cómo decirte que son el lobo, mientras millones se empecinan en contarte que son corderos. Una vez más, Prohibido olvidar.

