Manuel Belgrano: El primer autor del proyecto de país

Belgrano fue una ráfaga de casi una década, en más de dos siglos de pasado nacional, que temos que conjugar en presente. Como muchos de nosotros, es el hijo de un Tano pero con sueños criollos; es economía cuando impulsa la necesidad de la industria nacional; es patria cuando no jura lealtal a Gran Bretaña en la primera invasión inglesa; es revolución en Mayo; es desobediencia al poder real creando una bandera por la que pelear; es Ejército nacional en la Guerra por la Independencia; es política con proyecto de país en 1816; es Patria Grande cuando sueña con un rey Inca y originario cuando pide imprimir el Acta de la Independencia en castellano, quechua y aymara.
Sin embargo, la vida del hombre del feriado está en discusión, en la misma tierra donde se canta, «Jurando amarte, como así defenderte, mientras palpite mi fiel corazón»… El economista, el militar y el político, son verdades cajoneadas. El tipo que en la noche del 24 de mayo en la casa de Rodríguez Peña, prometió tirar a Cisneros por la ventana del Cabildo, si no renunciaba antes de las tres de la tarde del día siguiente, no es un recuerdo conveniente.


«Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas».
Ese resumen monumental de Walsh, como si fuera cosecha de Scalabrini Ortiz («La historia oficial argentina, es obra de la imaginación. Los hechos han sido deliberadamente deformados y falseados. Todo lo que nos rodea es falso e irreal»); es un obligado punto de partida para volver a rescatar del naufragio a nuestra identidad.

Los procesos neoliberales que se sucedieron en la Argentina desde 1976, tuvieron como principal objetivo borrar del pasado todas las tradiciones políticas, militares, económicas y sociales; que nacieron de victorias populares. Desde la Guerra por la Independencia, hasta las leyes laborales, pasando por la industria nacional, la distribución de la riqueza y la justicia social; se apilan capítulos de orgullo que construyeron la épica necesaria para seguir arriba del ring frente al «poder real».

El objetivo siempre fue vaciar la memoria de los veteranos, hasta convercerlos que lo que vivieron nunca existió e instalar en los pibes, que el país que ellos conocen jamás fue distinto. Con esos dos ingredientes, se genera un espíritu de derrota colectiva inalterable, que según el manual de instrucciones de la derecha, solo podés tercer un poquitito en el metro cuadrado de tu individualidad.

Entonces, habrá que volver a contar el cuento desde había una vez, tantas veces como sea necesario, para darnos cuenta que muchas de las nuevas utopías, fueron viejas realidades. Por esa sencilla razón, porque «fuimos» y no hace tanto, este punto del planeta está en tensión permanente. Porque en esta batalla inconclusa entre el proyecto de país y el modelo de colonia, hay una memoria que late en tiempo presente.

Belgrano no fue, Belgrano es.
Argentina es un país industrial, que la derecha pretende volver a destruir.
Argentina es un país con recursos naturales, al servicio de su desarrollo.
Argentina es un país soberano, a punto de cumplir 210 años de autonomía y autodeterminación.
Argentina es un país democrático, tiene ciencia y tecnología propia, decidió salud y educación pública, es justicia social, es distribución de la riqueza…
Don Manuel, usted sabe mejor que nadie, que esto nunca fue fácil. Pero también, sabe que la Argentina de sus sueños, nunca fue imposible.