EEUU sabe que el futuro de Milei, está a punto de convertirse en pasado

La preocupación es la misma. Si Trump pierde en noviembre, Milei no sabe qué pasará con el destino de su gobierno y el republicano teme que el libertario, deje de ser su principal terminal en América latina en 2027.
Por ese cruce de preguntas que empieza a tener respuestas en las encuestas, Washington llamó de urgencia al argentino con el que tienen mejor sintonía, para que hable con absoluta sinceridad. Si «están muertos», como dijo Donald alguna, necesitan saber qué hace falta para que las urnas le vuelvan a sonreír al anarco capitalista.

Desde el lunes pasado, nadie sabía el paradero del monotributista sin lugar en el organigrama del Estado y ayer se conoció que el asesor con más poder político que casi todos los ministros, estaba en la capital de los Estados Unidos. Lo convocaron para que declare «toda la verdad y nada más que la verdad», ante los gerentes del patrón. La versión light que la embajada hizo correr en Buenos Aires, juró que se trató de una visita sin otra importancia, que la de «profundizar las relaciones políticas» entre ambas naciones.

Trascendió que Santiago Caputo fue llamado por la segunda línea del gobierno estadounidense, para aclarar si la estatua de su presidente tiene pies de barro o lo banca el pueblo. Por supuesto que cuentan con información de primera mano, a través de la preocupación creciente de la Embajada en Buenos Aires. Peter Lamelas y su equipo, ya plantearon desde Palermo que la imagen del jefe de Estado argentino está en caída libre, que la economía es un cóctel peligroso de recesión e inflación y que una avalancha de casos de corrupción, golpeó muy fuerte a los cimientos de la Casa Rosada. Por lo tanto, convocaron al primo segundo del Toto para confirmar y ampliar información, no para enterarse y dar órdenes en consecuencia.

El por ahora dueño de la SIDE y de sus fondos reservados, llegó a la Casa Blanca acompañado por el embajador Alejandro Oxenford y no al revés, como marca el protocolo. Fueron recibidos por los funcionarios que no entraron en el avión presidencial que llevó a Trump a China; hombres de Marco Rubio que les expresaron la intranquilidad que tienen por el país al que entienden propio. El autopercibido «Mago del Kremlin», caminó también por el Capitolio y el Departamento de Estado y una de las reuniones más importantes fue con Michael Jensen, asistente especial del «hombre naranja» y director de Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional.

Al gobierno de la «madre patria» de Milei, lo invade la angustia porque sería casi imposible volver a contar con otro producto del neoliberalismo argento, con un espíritu tan virreinal. Necesitan un diagnóstico preciso para saber que tienen que hacer para que el litio, la tierra, el agua dulce, la política exterior de un país bicontinental, no vuelva a tener sentido nacional de la mano de un proyecto popular.
A los estadounidenses, también los intranquiliza todo lo imprevisible que habita en Milei, ese dato que lo transforma de a ratos en no confiable.

Todo sucedió en medio de una guerra sin definición en Medio Oriente, que sigue siendo una amenaza para el precio del barril de petróleo y que podría seguir debilitando aún más el poder político de Trump. La charla se produjo mientras en el encuentro mano a mano con Xi Jinping, el yanqui metió cinco defensores, se colgó del travesaño y no pasó la mitad de la cancha. Escuchó que con Taiwán no se jode y que no se le ocurra correrlos con batallas arancelarias.

Ahora se espera un Milei-Caputo en Olivos para analizar la estrategia de un gobierno que no puede salir del laberinto que construyó. Le pedirán como primera medida, que termine con la mancha de aceite en la que se convirtió Adorni. Les llamó mucho la atención, la irresponsabilidad bilateral de Milei, cuando dijo que está dispuesto a perder una elección antes que entregar a su jefe de Gabinete. Para el pragmatismo estadounidense, es exactamente al revés.
En lo económico, sin dudas el nudo central de esta historia, el libertario no cambiará una letra de su modelo destructivo y los norteamericanos dudan que otro salvataje gigante los mantenga a flote. Empiezan a ver que miles de millones de dólares, en el mejor de los casos, podrían maquillar momentáneamente su fracaso, pero entienden que esa práctica que dio resultado en el 2025, ya no alcanza ante la presión que ejercen industricidio y despidos.

Este vuelo sorpresivo de Caputo, con aroma de fin de ciclo, interpela como tantas veces a ese sector del pueblo argentino tan afecto al vértigo de los experimentos neoliberales, invita a que se miren al espejo y se pregunten que quieren ser cuando sean grandes: ¿patria o colonia? El problema es que ya sabemos la respuesta…