En un contexto donde sube el desempleo y bajan los salarios, siempre crece la informalidad. La histórica extorsión patronal en tiempos de crisis, es una oportunidad de negocios, una llave para ampliar su margen de ganancia, utilizando a seres humanos como si fueran mercadería. Los únicos que ofrecen trabajo en la Argentina 2025, lo hacen sin derechos y con sueldos de hambre. Pero el paisaje desolador, hace que esa falta de respeto se convierta en atractiva, ante la necesidad de sobrevivir.
Podríamos agregar que esa postal, pinta un futuro cercano siniestro, porque en este contexto de esclavitud moderna, comienzan a evaporarse las posibilidades de jubilarse para millones de seres humanos.
El trabajo no registrado, afecta al 42% de los trabajadores. Sobre un total de 21.100.000 laburantes, casi 9 millones no está amparado ni en leyes, ni convenios colectivos. La informalidad no para de crecer desde hace 10 años, por lo tanto el último freno con el que se toparon los empleadores al margen de la ley, fue el kirchnerismo.
La informalidad asalariada en Argentina en 1986 era del 27% y creció hasta casi un 50% a principios de 2003. El kirchnerismo la bajó 20 puntos en 2015.
Néstor Kirchner asumió con un 24% de desocupación y 12 años después, cuando el problema era el Impuesto a las Ganancias y no la olla vacía, buscaba trabajo menos del 6%. El regreso de la industria nacional creó 5 millones de puestos de trabajo nuevos; regresaron las paritarias después de haber estado secuestradas por menemismo más Alianza; reinaba en Argentina el mejor salario medido en dólares de América latina y las políticas distributivas, dejaban en manos obreras, el 51% del Producto Bruto Interno; casi 20 puntos más que en 2003.
La inflación kirchnerista superó el 700%, en 12 años. En paritarias los sueldos de los trabajadores registrados, lograron aumentos cercanos al 1.200%, mientras que los de la economía informal, rozaron el 1.000%.
Paralelamente, la moratoria previsional había establecido un marco de justicia, para que casi tres millones de asalariados que habían sido estafados por sus empleadores por el no pago de los aportes patronales, puedan jubilarse. Con la estatización de las AFJP y la creación del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, había futuro asegurado.
Entre 2003 y 2015, la jubilación mínima aumentó 2.766%, después de una década congelada en 150 pesos. Sumemos los descuentos del 80% en medicamentos a afiliados del PAMI y los beneficios de la tarjeta Argenta. Tampoco saquemos de cuadro, que los jubilados como el resto de la población, tenía otro aumento indirecto de sus haberes, en la energía subsidiada.
Y me olvidaba, Néstor devolvió del 13% a jubilados y empleados públicos, que le había descontado De la Rúa, Bullrich y Cavallo.
Regresemos a la pesadilla libertaria de la Argentina 2025. De los casi 9 millones no registrados, 5,5 millones son asalariados sin aportes y 3,3 millones aparecen como trabajadores independientes no inscriptos en monotributo o autónomos
Entre los asalariados, el 36% no está registrado. En el caso de los trabajadores independientes, la cifra asciende al 57% y dentro de ese universo, la informalidad alcanza al 62% de los cuentapropistas.
Los sectores con mayor tasa de informalidad, promedio 60%, son el agro, gastronomía, servicio doméstico y construcción.
El Norte Grande concentra los mayores niveles de informalidad asalariada, en todo el país. En Salta, Santiago del Estero y Tucumán, más de la mitad de los trabajadores no posee aportes.
En términos comparativos con latinoamérica, con un 36% de informalidad asalariada, Argentina está por debajo del promedio regional del 43%; pero muy por encima de países como Uruguay (10%) y Chile (15%). Incluso Brasil, que con menor ingreso per cápita, muestra una tasa más baja (24%).
El joven argentino que aún tiene tanto por descubrir y el veterano indiferente que mientras se niega a recordar, cultiva un extraña tolerancia al dolor; pueden salir muy fácilmente de la trampa libertaria. Podría armar una decena de razones políticas, todas técnicamente muy prolijas, para que puedan elegir el camino de regreso a algo parecido a la felicidad. Pero se lo voy a dejar al compañero Bertolt Brecht: «Con la guerra aumentan las propiedades de los hacendados, aumenta la miseria de los miserables, aumentan los discursos del general y crece el silencio de los hombres». Entonces, que los pibes sepan y que los viejos recuperen la memoria. Y después, que hablen…

