Desde el 10 de diciembre de 2023, sentimos la obligación de ser muy cuidadosos con algunas palabras. Para calificar a un gobierno que arrancó planteando que más de tres tenían que pedir permiso para juntarse en una esquina y acto seguido montó un violento aparato represivo para condenar cotidianamente a la protesta social; el freno de mano siempre buscó detener la calificación de «dictadura».
El drama 76-83 fue tan grande, que no era cuestión de maltratar a la historia con un rótulo inadecuado, para una administración con legitimidad de origen. Bautizar mal a lo nuevo, le bajaría el precio al dolor extremo del momento más terrible y no era cuestión de ser funcional a los falsificadores de pasado.
Pero desde una vicepresidenta apologista del golpe del 24 de marzo, pasando por la violencia fascista de Bullrich y el no compromiso de Milei y todos sus socios con el sistema democrático; apareció un manual de estilo que piensa, habla y se mueve con gestos dictatoriales.
Faltaba la censura previa para completar el álbum. Una actitud suicida cuando está en vigencia del Estado de derecho, porque es la primera medida de cualquier tiranía. La figurita más difícil, la que nunca aparece en estos casos, porque es imposible no cuidar un poquitito las formas y aparentar no ser autoritario.
El deseo impostergable de lograr la proscripción eterna de toda la oposición, tuvo un punto de partida en la condena a Cristina y ahora continúa en el pretendido bozal legal al periodismo. Ese fue el camino suicida que eligió el monstruo para victimizarse, cuando las pruebas del caso «Karina-coimas», golpean las puertas de las redacciones todos los días.
La extrema fragilidad política del gobierno, la generó material producido por el «fuego amigo» y para ese veneno, no hay antídoto. La interna de la derecha ya no tiene ganas de disimular absolutamente nada, ni siquiera con las urnas a la vuelta de la esquina y ante encuestas que muestran al oficialismo en caída libre.
18 meses después, se puso en marcha la necesidad de estar lo más lejos posible de la Casa Rosada, porque para la mayoría de los reclutados por el engendro libertario en el 2023, comenzó a pesar la necesidad de la existencia de futuro. Los hermanitos que llevan al país hacia el abismo, hoy contaminan todo lo que tocan y arrancó la etapa de la soledad. Los que sigan visitando Olivos para escuchar ópera y ver por décima vez la película facha de Franchela, saben que se están despidiendo de la política y que el estallido económico que se llevará esta pesadilla, los invitará a retirarse para siempre.
Para contrarrestar este peligroso juego de pinzas, entre la verdad sobre la corrupción y los peores números de Caputo, que amenaza a un gobierno que perdió el rumbo y el liderazgo de la agenda, alguien tuvo la infeliz idea de dejar la defensa en manos del tío borracho que manoteó el micrófono al final del casamiento. Regresó la experta en relatos salvajes, con la lógica del comando venezolano-iraní que mató a Nisman y del capital inglés que auspiciaba a la RAM en la Patagonia.
Pero esta vez fue surrealismo de máxima pureza, a través de un texto que convirtió a la privatización del mar de Benegas Lynch, en un souvenir. La unión de Putin, chavistas, bolivianos, cubanos, nicaragüenses, dirigentes de la AFA y por supuesto kirchneristas; pretendió ser un contragolpe letal y terminó convirtiendo a la denuncia de los liberales, en una vieja despedida de soltero que arrancó en una cantina de la Boca y terminó con el novio encadenado al monumento a los Españoles.
Buscando completar el sainete, buscaron un juez repleto de denuncias por acoso, abuso sexual y maltrato; un tipo imposibilitado de negarse a darle una mano al realismo mágico de la Pato. Entonces, «juntitos los dos» soñaron con allanamientos y operativos magestuosos.
El juez que no escuchó los audios y los condena, repite la lógica Bullrich de la autopsia virtual de Gendarmería, con la ausencia del cadáver de un fiscal suicidado.
Aparecieron 20 páginas donde no hubo espacio para la denuncia de Spagnuolo, ni para los escapistas de la Suizo Argentina, ni para el círculo íntimo que según ellos mismos, grabó a la tarotista en la Casa de Gobierno.
Quieren frenar el Watergate, poniendo en cana a los dos periodistas porque no revelan el nombre de «Garganta profunda» y encima el guionista, que no estaba en una buena tarde y fue demasiado obvio, dejó la causa cayó en manos de Ercolini y Stornelli.
Solo falta la voz de Ariel Delgado por Radio Colonia, contando todo lo que en dictadura, no se podía decir desde esta orilla del río; para completar un paisaje de «Total normalidad» en la Argentina de Milei. La versión «Manaos», de Martínez de Hoz y Videla.
Editorial de Gustavo Campana, en LA MAÑANA de VICTOR HUGO MORALES por AM750 – Lunes 02 de septiembre de 2025

