Don Julián: «Nuestra máquina más importante en el 75, era la de escribir»

No es fácil imaginar médicos que se forman para jugar a favor de la muerte, ni docentes que llegan al aula para ser cómplices del analfabetismo. Con la misma lógica, es muy difícil imaginar un abogado laboralista que opera desde hace décadas en contra de los trabajadores y que les indica a los empresarios, cuáles son los caminos más fáciles para estafarlos.
«Consultor laboral de empresas», dice el cartelito que define de la manera más diplomática, el histórico rol que juega Julián De Diego, como traidor del derecho que debe defender a los más débiles.
Con su estudio representa a más de 50 cámaras empresarias, entre ellas AmCham y a cerca de 1.500 firmas de primera línea. En el presente, es el principal asesor del gobierno en la reforma laboral mata derechos y defiende la necesidad de una ley nueva, porque los convenios del 75 son viejos.


Hay que recordarle a Don Julián, que el Dr. Centeno y su equipo fueron víctimas del terrorismo de Estado en julio de 1977, luego de haber construido la Ley Nacional 20.744 de Contrato de Trabajo, que represanta aún la columna vertebral del ordenamiento laboral de la Argentina. Por lo tanto, aquella ley no le molestaba al «poder real» por vieja, le jodía por nueva.
Y en segundo lugar, miente el extraño laboralista a sueldo de los libertarios, cuando dice que «tenemos una ley de contrato de trabajo de 1975, donde la máquina más importante que teníamos era la máquina de escribir».

Que extraño… En 1974 Argentina contaba con una central nuclear y el país registró ese mismo año, indicadores de actividad industrial y participación de los asalariados en la economía, más altos de toda su historia, En el 74, las tasas de desempleo (2,7%) y desigualdad (coeficiente de Gini de 0,35), fueron las más bajas y la relación entre la deuda externa de 7 mil millones de dólares y el Producto Bruto Interno, era bajísima (10%).
Con el regreso de la industria nacional, después de menemismo más Alianza, el período 2003-2011, recuperó los niveles de producción y desarrollo, que la Argentina tenía hasta el golpe del 24 de marzo de 1976; hasta que Martínez de Hoz llegó para cambiar especulación financiera por producción y desocupación por estado de bienestar.

Don Julián, no se puede ser un intérprete tardío de la publicidad de la silla hasta altura del partido. Plantear que la infraestructura productiva más sofisticada que conocía la Argentina a mediados de los 70 era una «máquina de escribir», es una pretención demasiado osada de violación de la historia.
Comencemos por decir que a mediados de los 70, ya éramos un país nuclear.
Pero ensanchemos la memoria y recordemos el país industrial, con ciencia y tecnología propia, que los liberales frenaron con 12 mil kilos de explosivos sobre Plaza de Mayo, el golpe y los fusilamientos del 56. Existía YPF desde la década del 20; en los años 40 la fundación de SOMISA y ACINDAR y en el 49, inauguramos un gasoducto de más de 1600 kilómetros, uno de los más largos del mundo, uniendo la Patagonia con Buenos Aires. Fabricación nacional de tractores, autos y motos; construcción del octavo avión a reacción del mundo; buques de ultramar en astilleros del Estero; creación de locomotoras diesel revolucionarias, íntegramente nacionales; flota mercante; Aerolíneas Argentinas y generábamos toda la línea blanca.
En 1975, entre muchísimos datos de aquel presente manufacturero, éramos la industria automotriz más importante de América latina y exportábamos autopartes. Teníamos uno de los polos textiles más grandes del continente y una política de sustitición de importaciones que abastecía con fábricas a tres turnos, todas las necesidades del país, en materia de productos elaborados.
Le pido Don Julio, que no repita esa estupidez de la máquina de escribir como el techo de nuestra tecnología en el 75; porque existió un país a pesar de la derecha, la que primero fue anglófila hasta la médula y después pro yanqui.

Por último, debo reconocer que su sincericidio fue mucho más allá de lo que yo podía imaginar. Le preguntaron si esta reforma laboral, de la cual usted es padre, iba a generar más trabajo y usted fue categórico: NO. «No creo que modificando la legislación laboral habrá creación de puestos de trabajo registrado. No se generará trabajo, si no hay una etapa de crecimiento económico sustentable; no habrá inversiones ni generación de empleo».
Coincidimos Don Julio, el problema no son las leyes laborales, sino el plan económico. Matar la industria nacional y el mercado interno, generan un espacio de recesión sin rentabilidad y en sobre esos números se apoltrona la crisis programada.
Intentar bajar el costo empresario creando esclavos en el siglo XXI, con leyes de un país de finales del XIX, solo sirve para que el espíritu revanchista de los liberales, los haga sentir que son los dueños de la vida y de la muerte.
La misma receta de la última dictadura, de Cavallo con Menem y De la Rúa y del macrismo, volverá a chocar contra su incapacidad de generación de riqueza. Y aunque le duela, en eso el campo nacional y popular, puede dar clase…