Argentina está cerrando el segundo año de Milei en la Rosada, con una paralización productiva y comercial, que muestra cifras de un país a la salida de un desastre. Son números de posguerra, invasión extraterrestre o terremoto, que ya obligan al gobierno posterior a este suicidio, a un plan de reconstrucción total.
El Gobierno libertario decidió la caída del aparato productivo y al mismo tiempo, el crecimiento casi como único sostén de familia, de la intermediación financiera. Y como siempre, la militancia del ajuste se basa en la misma batalla cultural que ayer nomás, te convenció sobre las propiedades de la leche de cucaracha, la importancia de comer tierra, vacaciones a través de escapadas mentales, festejar el cumple en la plaza y terminar con la mala prensa, que ataca a los alimentos vencidos.
La Libertad Avanza que desde el primer día vino a destruir el Estado, la economía y el sistema democrático; ahora pretende que este paisaje desolador, sea sinónimo de nuevo orden social que explica lo inexplicable y justifica lo injustificable. Te invita a naturalizar el hambre, la marginalidad, la desocupación, la falta de libertades, la ignorancia y la impunidad del poder.
Todo es una gran «publicidad de la silla», que abarca desde lo económico hasta lo moral, pasando por lo político y lo más primario de nuestras reacciones humanas ante el dolor del otro. Mientras se va asimilando esta absurda normalidad que pretenden esconder a través de la fiesta de los mercados, la minería y la soja; al pasado virtuoso más reciente le inventan causas judiciales, lo encarcelan o lo demonizan.
Proponen que si el 40% labura sin derechos, la solución es que no haya derechos para nadie. Si la industria nacional no puede competir con el importado, entonces que cierre. Si el desocupado no encuentra trabajo, que desarrolle un emprendimiento personal. Si un discapacitado protesta, seguro que su pensión es trucha. Si un jubilado grita porque con 300 mil pesos no come, la represión se encargará de tu libre circulación. Si un trabajador fue estafado por su empleador, se acabó el privilegio de la moratoria con «la nuestra».
Si un plan de vacunación es demasiado costoso para el Estado insensible, que la cultura antivacuna nos achique el gasto. Si sostener la educación pública se lleva una importante porción del presupuesto, que los chicos aprendan en casa. Si los del Garraham molestan, son ñoquis. Si los científicos piden recursos, son «casta» de una «productividad cuestionable».
Si los audios dicen que Karina se queda con el 3%, son inteligencia artificial. Si un narco banca a Espert, se trata de «chisme de peluquería». Si Spagnuolo tiene una máquina de contar billetes en el living, la compró de oferta en el Coto de Nordelta. Si la hija de Calvette tiene 700 mil dólares en casa, ¿cuál es el problema? Si Villaverde tuvo una causa por narcotráfico en Estados Unidos y está a «Fred» Machado, son detalles sin importancia.
Si junto con Estados Unidos e Israel votamos a favor de la tortura en la ONU, es porque a veces es necesaria para terminar con el caos. Si los genocidas presos reclaman libertad, olvidemos los crímenes del pasado. Si te hace ruido que los yanquis, pongan dólares para torcer el rumbo de una elección en la Argentina, terminá con ese republicanismo bobo. Si tomamos un préstamo, Caputo dirá que no es deuda y si es necesario retocar los números del INDEC, para no entrar en recesión, Lavagna Jr. está siempre listo.
Si a Trump le pinta invadir Venezuela, será por la democracia o si Israel sigue matando en Gaza, es solo «geopolítica preventiva».
En síntesis, si a vos te jode el nuevo orden, si consideras que esto de normalidad no tiene nada, es porque en realidad sos parte de una conspiración del comunismo internacional, que otra vez atenta contra nuestros valores y que por supuesto, será perseguido.
Todo es una gran «publicidad de la silla», que abarca desde lo económico hasta lo moral, pasando por lo político y lo más primario de nuestras reacciones humanas ante el dolor del otro. Pero quedate tranquilo, son el futuro, son tos convulsa, sarampión, sarna, lepra y sífilis.

