Mientras las reuniones de gabinete cada vez se parecen más a un cumple en el pelotero de Luis XVI, cuando la realidad se larga a caminar sin el andador de los Estados Unidos, se desmorona en el intento por dar el primer un paso. Su ficción infantil, choca violentamente contra los números que el mismísimo rey y su corte planificaron desde diciembre del 2023. Ayer se olvidaron de mandarle la invitación para la fiestita, a los 300 despedidos de Whirlpool, para que les cuenten sin intermediarios la experiencia que viven los argentinos huérfanos de industria nacional.
El INIDEC es el gran guionista para bancar el relato. El Marco Lavagna del presente, es el más descarado de todas las versiones de sí mismo. Ahora lo acusan de corregir los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica, para evitar que la economía entre en recesión técnica, después de tres meses negativos consecutivos. Tachaduras y enmiendas, sin ninguna explicación que banque los cambios que ordenó hacer sobre julio y agosto, para no caer en recesión…
Tenía razón la madre. Hace un año Lavagna contaba que había una gran diferencia entre sus números y el «índice verdulería» del barrio porteño de Saavedra. Su respuesta es que los argentinos tenemos una «percepción» muy especial sobre la inflación…
Entre los balances negativos de algunos bancos de primerísima línea y el gobierno a punto de decretar un salario mínimo de 350 lucas, está el abismo que separa a los ganadores millonarios y a los humillados del modelo Milei. No obstante, esas dos realidades construidas por la Casa Rosada, son el resultado de la bomba neutrónica al revés, que significa para todos los seres humanos el plan libertario: un ataque neoliberal que mató a las fuentes de producción y dejó vivos, hambreados e indefensos, al pueblo que le declaró la guerra.
El salario mínimo, ese que es un 60% menos del que ya se burlaba del obrero en 2023, es utilizado por los «capitanes de la industria», por lo más granado del capital local, para mostrar dos de sus más grandes cualidades: su enorme crueldad, porque son una fábrica de dolor a tres turnos y la perversidad mayúscula de su vocación esclavista, porque gozan con el tormento que generan.
Ese insulto, al que no podemos naturalizar como el sueldo piso del trabajo argentino, porque con ese gesto seríamos cómplices de la condena a la marginalidad de millones de los nuestros, quedará por decreto 1.900.000 mil pesos por debajo de una canasta básica familiar para una familia tipo y será menos de la mitad de una canasta alimentaria o sea la compra de los alimentos que matrimonio y dos hijos necesitan, para sobrevivir 30 días.
Si se actualiza el salario como indica la suma del IPC, sería de poco menos de 800 mil pesos, cuando la canasta básica de una familia tipo supera los dos millones de pesos y la canasta alimentaria es de casi 692 mil.
Los dos actores jugando en yunta en el Consejo del Salario. Por un lado, los grandes construtores de la desigualdad social más desbocada que hayamos visto en democracia y como socios, los integrantes de este grupo de sádicos que juró por la Patria y que nos lleva al abismo, sin tener por ahora, ningún temor a que algún día se despierten los que hoy creen que el destino los obliga a padecerlos.
A los abrazos de Milei con Santilli y Petri, solo les faltan Soldán, el chanta del escribano Prato Murphy y el cofre de la felicidad; pero esta vez el destino no será Bariloche. Nos espera el mismo país saqueado de siempre, la misma tierra arrasada por la voracidad de acumulación rápida y furiosa del «poder real», cada vez que el neoliberalismo pasa por acá. Y habrá que volver a empezar de cero, con la esperanza intacta que esta vez, sea la última…

