En la Argentina donde solo funcionan la intermediación financiera, la soja y la minería, la actividad industrial se mantuvo en septiembre un 9% por debajo del promedio del 2023 y la construcción registra un 22% menos que hace dos años.
Las estadísticas que siempre son importantes por lo que muestran, pero mucho más por lo que ocultan, dicen que hace dos meses, nuestro crecimiento económico con relación a agosto pasado fue del 0,5%. Lo grita como si los hombres y las mujeres de a pie, fueran accionistas que esperan para las fiestas de fin de año, el reparto de las ganancias de los bancos, las exportaciones sojeras y la economía extractivista.
La crueldad de la agudización de la concentración de la riqueza, metió en la misma bolsa a las familias que hace rato restaron una o dos de las cuatro comidas diarias y al balance de la timba financiera, la venta de alimentos para los chanchos chinos y los dólares que ingresan por oro, plata, litio y cobre. Con ese dibujo maldito del Estimador Mensual de Actividad Económica, Milei festeja haber salido burocráticamente de la recesión, mientras el fábricas y comercios ingresaron a fase depresiva real.
La «contabilidad creativa», la estafa libertaria a la hora de presentar los números septiembre-septiembre, dice que Argentina creció un 5%; pero si a ese porcentaje le restamos el resultado de la timba financiera y la economía primarizada, el dato se encoje 3 puntos. El crecimiento fue del 2% y encima solo sumaron las actividades que no reparten y que en proporción, pagan menos impuestos que los pobres cuando compran un litro de leche.
La «única verdad» está en la distribución de la riqueza. La Secretaría de Trabajo, muestra que el agro, la energía, la minería y los servicios informáticos, generan el 10% del empleo registrado en empresas privadas. Y susurra porque no es conveniente que se sepa, que la industria y la construcción, sostienen el 25% del trabajo y que comercio y servicios reúnen el 65% restante. Por lo tanto, la economía de carne y hueso, representan el 90% de la oferta laboral y ese segmento gigante, está a la deriva.
En los últimos diez años, la «Década perdida» recuperó en la transferencia de recursos, mucho más de lo que tuvo que ceder en la «Década ganada»; como resultado de una política distributiva que dejó el 51% del PBI en manos de los laburantes. Entre 2015 y 2025, el salario mínimo perdió un 58% de su poder adquisitivo y para recuperar el valor de noviembre del 15, el ingreso que hoy es de 322 mil pesos debería ser de 760 mil.
Por cuarta vez en nuestros últimos 49 años, sufrimos que cuando un país especula mucho más de lo que produce, el final ruinoso está asegurado. El gran problema que amenaza a la Argentina del presente, se refleja en los balances del país 1976-1983, 1989-2001 y 2015-2019; obtenidos por el mismo plan que ejecuta Milei. Sin embargo, millones que vivieron la experiencia de comer salteado y perder trabajo y ahorros, la minimizan o la niegan.
El más claro ejemplo de las estadísticas oficiales, mostrando un país que no existe, sigue siendo por varios cuerpos la inflación. Entre medir un consumo que tiene 25 años de antiguedad y lo que no tienen en cuenta de la demanda presente, se arma un garabato ridículo; que además después entrega niveles de pobreza inexistentes.
Cómo se sustenta que ingresaron a la clase media 12 millones de seres humanos en 22 meses, si el consumo no para de caer y durante el mandato Milei los alquileres subieron casi un 550%; electricidad y gas superaron el 540%; transporte público más del 480%; telefonía e internet 330% y combustibles cerca del 310%.
Cómo dejaron la pobreza 12 millones de habitantes, si durante la era Milei, la canasta básica aumentó más del 250%.
Perón decía que tenía un perro que se llamaba León. El General contaba que el le decía «León, León, León… y León venía. Pero yo sabia que no era un león, era un perro». Con los números de la economía libertaria, pasa lo mismo. Te cuentan que es un león, pero en realidad es un perro…

