No hay que subestimar, ninguna de las amenazas de un gobierno que se quedó sin nafta y mucho menos, bajarle el precio a sus decisiones desesperadas. Porque a pesar de toda la debilidad política que se les cayó encima de repente, los libertarios aparecen en los medios cacareando en retirada, pero como si no pasara nada.
La urgencia con la que necesitan hacer caja, los llevó a soñar con manotazos de ahogado tan desprolijos, que parecen de imposible concreción. Sumemos a la crisis económica generada desde el ejercicio del Gobierno, todas las victorias opositoras que no pudieron contener en las últimas semanas y los vemos sumergidos en un callejón sin salida. Se achicó muchísimo la capacidad de maniobra destructiva, que ejercieron con orgullo en 20 meses.
A esta altura del partido, suena muy extraño que en un contexto de descrédito nacional e internacional ascendente, puedan abrir y concretar la privatización de las centrales nucleares argentinas. Que esos recursos estratégicos fundamentales, para que un país subdesarrollado empiece a dejar de serlo, caigan en manos de la lógica de un negocio mercantil de compra-venta.
Nuestra vigencia futura como Nación, no se puede poner en vidriera como parte de una liquidación de fin de temporada, como si el sistema no tuviera anticuerpos para responder. Algunas cosas necesitan gozar de cierta burocracia elemental, no se pueden hacer de arrebato y con un Parlamento que promete no volver a firmarle un cheque en blanco a Milei, por lo menos quedarían congeladas hasta nuevo aviso.
El plan es dejar en manos del mercado y por decreto, Atucha I, Atucha II y Embalse; las tres centrales que representan casi el 10% del consumo de energía eléctrica del país. Quieren vender el 44% de las acciones de Nucleoeléctrica, aprovechado que quedó atrapada en locura de la Ley Bases que le regalaron a Milei, el PRO, parte del radicalismo y algunos partidos provinciales, a través de casi todos los gobernadores que hoy la juegan de arrepentidos.
La gravedad que encierra imaginar dejar en manos privadas, el potencial del Sistema Nuclear Argentino, empuja a tomar decisiones inmediatas sobre un bien estratégico que es tan grande, que su valor de mercado es inimaginable. Y encima como no hay dólares que paguen esta locura, Milei-Caputo están dispuestos a armar una rifa de fin de año, que les asegure cumplir con un par de fechas de pago de intereses de la deuda.
El Gobierno colonial estima que el precio de oferta puede tener un piso de 500 millones de dólares y un techo de mil. Una recaudación que Caputo puede utilizar por ejempo, para contener al dólar en una semana, medianamente tranquila.
Están dispuestos a hacer caja regalando el patrimonio, a pasar la gorra para despojarnos de un tesoro nacional y debilitar nuestra soberanía política.
El proyecto de los senadores de Unión por la Patria, para declarar «bien público» a nuestra energía nuclear, es una obligación del modelo de país en materia de seguridad. Es un camino. La pregunta que espera respuesta urgente, es cuántos más están dispuestos a dar pelea, o van a canjear el patrimonio nuclear por monedas. Y como ya lo hicieron en más de una oportunidad, las dudas están vivitas y coleando…

