Saben que la vieja lealtad de los héroes que comían asado en Olivos, después de cada traición al pueblo, está rota y con pronóstico reservado. Hacen números y ese ejército de sicarios del sistema democrático, sufrió más o menos 20 bajas. A los habitantes de la Casa Rosada, les informaron que se acabó el sol y habrá lluvia de derrotas hasta finales de octubre.
En estos casos, la desesperación no es buena consejera; es un efecto demasiado tardio para emparchar 21 meses de reviente. No alcanzó con una cadena nacional bien medicada. No fue suficiente, el gesto hipócrita de guardar por un rato la locura del contenido del relato presidencial y la perversidad de su envase.
Tampoco fueron eficaces, los muchos billetes que ofreció el flamante ministro del Interior; para que los gobernadores traicionen otra vez a la voluntad popular. En ese gesto desesperado, perdió Catalán en el debut y por supuesto, también Francos, su gran garantía política.
Y mucho menos sirvió para instalar miedo, el show represivo que la Pato montó un día antes de la marcha. El ensayo de la violencia que se quedó guardado en los cuarteles, quedó sepultado por cientos de miles de personas llenando de democracia las calles prohibidas.
Parece que ahora solo les queda como último recurso, la denuncia floja de papeles de un golpe de Estado inexistente; para intentar escaparse de la historia, entre los escombros del país que derrumbaron.
El gobierno nacional, sigue cosechando su siembra de dolarización fantasma, costosísima bicicleta financiera, endeudamiento ruinoso, tasas de interés que se volvieron locas, industricido repetido, desocupación ineludible, hambre para muchos y de palos y gases para los que se animen a desafiar al mensaje del enviado de Dios.
Pero es cierto, no tienen suerte y ese debió advertirlo la tarotista. Después del baúl de Kueider, la estafa de Libra y las escuchas del 3%, apareció Joaquín Cottani, el hombre de Cavallo que fue viceministro de Economía hasta mediados del año pasado, para contar que sumados Milei y Caputo, no hacés un economista mediocre.
Triunfo histórico del pueblo argentino en muchas plazas del país, traducido en votos por la Cámara de Diputados, con el objetivo de empezar a sepultar la motosierra libertaria. Hasta el Congreso dialoguista lo dejó en la puerta del cementerio. Cumplió con su deber demasiado tarde, después de alfombrarle el camino hacia el abismo, a un grupo de «pendeviejos» disfrazados de adolecentes racistas y homofóbicos. Fue demasiado…
El 18 de septiembre amaneció con dos rumores: renuncia ante una derrota en las elecciones de medio término o el llamado a un plebiscito no vinculante para que los 12 millones de ex pobres, pero recontra ingratos, reflexionen y decidan el futuro.
A falta de palabras para defender al oficialismo, ayer en la Cámara florecieron los discursos que victimizaron al monstruo y pretendieron tildar de enemigos de la República, a los defensores del Estado. Ninguno de los escuderos parlamentarios que le quedan al plan económico que les estalló en las manos, pudo dar el nombre de un solo ñoqui en el Garraham, ni pudieron contarnos a cuánto ascendía la corrupción en la UBA y en el resto de las universidades de todo el país. Se escuchó el mismo silencio, que antes no pudo armar el listado de los falsos discapacitados, de los comedores fantasmas o de los miles de trabajadores del Estado que choreaban un sueldo.
Las prioridades volvieron a estar en su lugar y esta obviedad que en el presente parece revolucionaria, la resolvieron en el territorio el pasado glorioso del campo nacional y popular y su presente que resiste.
Lo gritamos más de una vez y volveremos a hacerlo tantas veces como sea necesario: los derratados siempre vuelven para dar vuelta el partido, aunque la oscuridad del presente prometa noche eterna.
La sesión finalizó con los dedos en V de la bancada peronista y cantando «Alta coimera». La pueblada terminó en San José 1111, para cantarle a ella, que el pueblo no cambia de ideas…

