El Gobierno buscó en Moreno, la solidaridad de los que condena al hambre

Moreno fue escenario del único futuro posible, en el reino libertario: la pobreza militarizada, encarcelada a cielo abierto. A esta altura del partido, el régimen mal medicado no tiene otro camino para sobrevivir, que aumentarle el volumen a la violencia que cultivó desde el primer día en la Rosada. Y ahora, necesitan imperiosamente subirse al lomo del aparato represivo más cruel que le permita esta democracia de utilería.
Los pobres con uniforme amenazan desde sus escudos, a sus hermanos desarmados. Son los únicos visitantes en la canchita de Villa Angela, que conocían el barro y el frío; que sabían de changas, pan duro y fiado. Pero están dispuestos a comenzar el show de palos y gases, si una orden blanca se los indica.
La puesta en escena de Bullrich recorriendo el lugar, como árbitro que pisa el césped después de la lluvia para determinar si se puede jugar o no, trasladó casi la misma cantidad de federales que presentes en el cierre de una campaña electoral que no existió.

Empantanados en su delirio infinito, ayer el Gobierno intentó ganar la solidaridad política de los que condena al hambre. Los odian, los compran, los ignoran, los quieren lejos, les regalan banderas violetas. Pero asqueados del rol a los que lo llevó su necesidad extrema, los del fondo del terreno vengaron a los que quedaron atrapados en el rebaño de las primeras filas y se fueron del lugar a punto de vomitar, cuando empezó a hablar el que tenían que aplaudir.
Karina, Pareja, el de Tres de Febrero, el comisario, el Audi descapotable del «Nene» Vera, Montenegro y el que rajó en la moto; desataron una guerra de pobres contra pobres en la búsqueda de militancia artificial. Separados por una callecita, quedaron los que cobraron 20 mil por cabeza para hacer de reidores y los que se quedaron afuera del reparto. La diferencia circunstancial entre los dos bandos, anoche fue un poquito más de dos kilos de osobuco. Y el que atajó un bolsón de comida a la mañana, después de prometer que iba a gritar en el acto «Saquen al pingüino del cajón», se quedó en casa comiendo con aceite después de unos cuantos meses.

Primero un Jefe de Estado brotado de ira, negándose a subir al escenario, porque los organizadores le prometieron un Lollapalooza y ni siquiera estaba todo el gabinete. Y finalmente, el tipo leyendo balbuceante un discurso infantil en campaña, donde se supone que al pueblo se le habla el corazón.
En su mundo imaginario, un brócoli se transformó en un adoquín, el suicidio de un fiscal lo disfrazó de asesinato y el 3% de la tarotista, fue una donación. Hacía mucho frío y sensible Javo al padecimiento del público, decidió cortar su mensaje justo cuando venían los logros de su gestión… Una pena.


Rescato una frase que el «presidente ocupa» utilizó para describir a sus enemigos, pero que en realidad lo pinta de cuerpo de entero: «Te quieren volver un leproso social».
La sensación que me regala la tele, mientras un hombre con chaleco antibala prometía venganza porque tocaron a su hermana, es la misma que me golpeó la puerta muchos días de estos 18 meses. Este no es el país en el que nací. No es el que me invitó a padecer orgullosamente sus derrotas, como decía Marechal, ni el que cada tanto me espera como en Navidad. La Argentina de Milei, es una rara sensación de exilio.

Mezclando desprolijo algunas sensaciones dolorosas, escritas solo como Juan Gelman podía hacerlo en «Notas al pie de una derrota» y agregando condimentos de este olvidable 2025, encuentro la síntesis perfecta que la bronca, el dolor y la indignación por este presente imperfecto, me impiden describir.
«No era perfecta mi patria antes de Milei, pero era mia. Entonces, es justo que la extrañe. Porque siempre nos quisimos así: ella pidiendo más de mí y yo de ella.
Para unos cuantos es difícil reconstruir lo que pasó. Quiénes fuimos, adónde estaba la fábrica y la verdad de la memoria lucha contra la memoria de la verdad. Pasado años, los muertos y los odios se amontonan y nos quieren hacen creer que nunca reimos.
No me voy a avergonzar de mis tristezas, ni de mis nostalgias. Mi tierra es única. No es la mejor, es única. Te amo Patria y me amas y en ese amor quemamos imperfecciones».

PD: El Jefe bajó al Pelado del escenario y lo borró de la lista de oradores, igual que en Lomas de Zamora le cerraron la puerta de la camioneta en la cara y tuvo que huir en la moto de un barrabrava, acusado de tratar de matar a un dirigente de Comunicaciones. No hay mejor historia, para contarle a un recién llegado, quienes invadieron la Argentina de la justicia social, la distribución de la riqueza, la soberanía política y la independencia económica.

Editorial de Gustavo Campana, en LA MAÑANA de VICTOR HUGO MORALES por AM750 – Septiembre 04 de septiembre de 2025