En la edición de Página 12 del 13 de agosto de 2017, la hija del comisario Etchecolatz habló por primera vez revelando su identidad: “No le permito más ser mi padre”.
Mariana Dopazo, psicoanalista y docente universitaria, se cambió legalmente el nombre, después de procesarlo durante 30 años.
La nota de Alejandra Dandán, cuenta que“en 2014, Mariana Dopazo presentó un escrito ante un juzgado de Familia para pedir el cambio de apellido. Le tomó un año escribirlo y treinta elaborarlo. Había un antecedente, el pedido de 2004 presentado por quien ahora es Rita Vagliati, hija del comisario Valentín Milton Pretti, de la Bonaerense. Rita también estuvo en el escenario en La Tribu. Las puntuaciones de ambos escritos dispararon la discusión en clave de casos y de clínicas, con textos que contienen tres momentos, etapas bien distintas del proceso de justicia, cuyas marcas se ven reflejadas en las presentaciones y sentencias”.
El primer documento del grupo, salió el 7 de agosto de 2017, titulado “Aparición con vida ya! De Santiago Maldonado”: “Como en los peores años de la Dictadura Genocida que integraron nuestros padres, desde el Martes 1 de agosto Santiago Maldonado está desaparecido. Fue secuestrado por Gendarmería Nacional durante la represión desatada sobre la comunidad Mapuche Pu Lof de Cushamen, en Chubut. Hacemos responsables al gobierno nacional que con su Negacionismo político, fomenta el retorno de las peores prácticas del Terrorismo de Estado a través del poder judicial (que no instrumenta los mecanismos de pronta búsqueda), y a las fuerzas de seguridad (como la Gendarmería Nacional en este caso), que se convierten en represoras contra los jóvenes que quieren ejercer el legítimo derecho de la protesta, consagrado en la Constitución Nacional, y el derecho a ser solidario de todo habitante de nuestra patria”.
“Actualmente mi progenitor se encuentra condenado a reclusión perpetua por delitos de lesa humanidad-señaló Mariana-.Con el advenimiento de la democracia, en 1983 se ordenó su captura y enjuiciamiento, hechos que permitieron tomar un poco de distancia del ambiente de desinterés, violencia, intolerancia y desapego que reinaba en la casa. Pero las huellas de la memoria no se borran. Y llevar su apellido resultó una pesada carga, cuya supresión y sustitución será de la más estricta justicia para reparar tanto dolor y tanto quiebre personal extendido en el tiempo (Mariana Dopazo)”.
En el pronunciamiento del 28 de diciembre de 2017, “Historias desobedientes”, repudió la prisión domiciliaria para Etchecolatz: “Desde el colectivo Historias Desobedientes, hijas, hijos y familiares de genocidas repudiamos la prisión domiciliaria concedida al genocida Etchecolatz, por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 6. Este genocida, gozó durante muchísimos años de libertad e impunidad, hasta que finalmente fue sometido a juicio y fue condenado en seis oportunidades. Pesan sobre él seis cadenas perpetuas por los crímenes cometidos durante la dictadura cívico-militar, y le conceden la domiciliaria como si fuera un pobre anciano.
Esto es una amnistía encubierta, lo vienen haciendo con otros genocidas, al encontrarse con que una manifestación popular de más de 500 mil personas les dijo NO al 2×1. Queremos puntualizar que estamos hablando de crímenes de lesa humanidad, que son los crímenes más horrorosos que puede cometer un ser humano, y son tratados con guantes de seda.
Estos genocidas, al interior de sus familias, nunca se arrepintieron de nada de lo que hicieron, y siguen sosteniendo hoy en día que lo volverían a hacer, porque se sienten orgullos de ello.
Por eso nuestro más enérgico repudio a otorgarle un beneficio a una persona que fue parte de un aparato institucional de asesinatos, torturas y robos de bebes”.
“Tuve hipotecada una porción de psiquismo y de mi vida, no toda, por los avatares en los cuales me vi implicada no por decisión propia sino de un Otro, que más allá de que sea un genocida, en este caso es pertinente porque estamos en este espacio, pero tiene que ver con que todo ese trabajo de muchos años tiene un cierre donde lo cuento así: no le permito más ser mi padre. Soy yo la que no permito. Nunca más. Ese fue el punto final. Porque uno podría decir que hay justos motivos, pero la cuestión de raigambre más personal tiene que ver en mi caso con esta frase: No le permito más ser mi padre. Yo no se lo permito (Mariana Dopazo)”.

