Entre 1904 y 1906, la FIFA estuvo presidida por el francés Robert Guerin. El segundo titular de la Federación, fue el inglés Daniel Burley Woolfall y en 1921 asumió Jules Rimet (Francia).
En el ‘54 inició su mandato, el cuarto presidente de la casa mayor del fútbol, el belga Rodolphe William Seeldrayere y en 1956 llegó otro inglés, Arthur Drewry. En 1961, comenzó el ciclo de Stanley Rous.
El cuarto británico al mando de la Federación había sido futbolista, luego árbitro (dirigió 38 partidos internacionales y la final de la Copa Inglesa de 1934) y finalmente dirigente. En el 34 se convirtió en secretario general de la Asociación Inglesa e integró la International Board. Fue uno de los máximos impulsores del método de la “diagonal” para el referato mundial (sistema para seguir el partido, cruzando la cancha) y de la instauración de las tarjetas amarillas y rojas. La Corona británica lo nombró sir; fue comandante del imperio en 1943 y caballero, tras su rol en los Juegos Olímpicos de 1948 en Londres.
Para el fútbol sudamericano, su silencio cómplice ante el trato que sufrieron sus principales equipos en Inglaterra ‘66, lo convirtieron en uno de los hombres más discutidos de la historia del fútbol mundial. Primero por la forma en que un juez alemán en Brasil-Bulgaria y un inglés en el partido con Portugal, dejaron que los rivales “aniquilen” a Pelé, hasta sacarlo del torneo. En los tres partidos de los brasileños (Portugal, Hungría y Bulgaria), hubo tres árbitros y seis asistentes: Siete eran ingleses y dos eran alemanes.
Y finalmente la trampa de la segunda fase, cuando un alemán se encargó de Inglaterra-Argentina (expulsión de Rattín) y un inglés dirigió Alemania-Uruguay (expulsión de Troche). La final tenían que jugarla, ingleses y alemanes…
Wembley, 23 de julio de 1966. Por los cuartos de final del Mundial, la Selección de Juan Carlos Lorenzo enfrentó al local por un lugar en la semifinal. En el comienzo del partido, Inglaterra acorraló a Argentina y la defensa albiceleste cedió cuatro tiros de esquina en los primeros cinco minutos de juego.
Con el correr de los minutos, el visitante comenzó emparejó las acciones, niveló la cancha y dejó de jugarse en plano inclinado. Primero el trabajo de la defensa antiaérea, capitaneada por Roma, ante la copiosa lluvia de centros que cayó sobre el área. Después el crecimiento de los medios albicelestes, para recuperar la pelota y neutralizar la presión inglesa.
Cuando faltaban 10’ para la finalización del primer tiempo, foul de Roberto Perfumo en la puerta del área. Antonio Ubaldo Rattín comenzó a hacer señas, pretendiendo un diálogo imposible con el árbitro alemán Rudolf Kreitlein. En la charla técnica previa al partido, el entrenador argentino ordenó a sus jugadores, que ante un arbitraje presumiblemente parcial, ninguno debía dirigirse directamente al juez. El único interlocutor con el alemán, sería el capitán.
El 5 pidió la aparición en escena de un intérprete, para denunciar ante el “hombre de negro”, que los ingleses estaban jugando sucio y reprochar la existencia de una con doble vara para medir a los dos equipos. En ese momento el juez encontró la excusa perfecta, para echar del campo de juego al capitán argentino por supuesto exceso verbal. El partido cambió. Argentina solo se dedicó a buscar el 0, hasta que un cabezazo de Geoff Hurst a 13’ del final dejó con vida al dueño de casa.
Fotos de portada: La expulsión de Rattín y la discusión del juez con Ermindo Onega y Perfumo. El final del partido, con la bronca del Pato Pastoriza y el Toto Lorenzo.

