EE.UU. se plantó en el mostrador, dijo «lo de siempre» y el cantinero trajo petróleo

A esta altura del partido, solo se pueden afirmar tres cosas. Subsiste una abrumadora supremacía militar de Estados Unidos frente a todo Medio Oriente junto; que la Organización Internacional de Energía Atómica, aseguró que después de los ataques del sheriff de la Casa Blanca, no aumentó de la radiación alrededor de las zonas bombardeadas y finalmente aquello de Perón que catalogaba a la política internacional, como la verdadera política.
UNO, los aviones de Donald terminaron con el candidato republicano que juró en campaña, sacar a su país de su histórico rol guerrero para dedicarse a su economía y confirmó que en realidad le encanta el rol de «te doy cinco minutos para que te rindas».
DOS, un conflicto nuclear sigue siendo el límite de las bestias, aunque amenacen con una Tercera Guerra Mundial.
TRES, la máxima del general, sirve para subrayar que por estas horas el «derecho internacional» no existe hasta nuevo aviso.

Por ahora nada nuevo. Estados Unidos se plantó en el mostrador, dijo «lo de siempre» y el cantinero trajo petróleo, como antes sucedió con Irak, Afganistán, Siria y Libia.
Con ese parte médico del planeta en el bolsillo, hay que ir por la estabilidad emocional de un presidente argentino, que asume que como país somos parte del conflicto y que alguna vez dijo, que esto no es para tibios y que debemos asumirnos valientes en defensa de Israel.
Milei no puede pronunciar la palabra paz. Hablo en tiempo presente desde su responsabilidad nueva, pero en realidad no se si alguna vez contó con ese don. La capacidad de aceptar que hay diferentes que merecen el mismo metro cuadrato que él habita; no está en su ADN. No hay en su gesto cotidiano, la necesidad de moldear la convivencia parida por la capacidad de escuchar, reconocer, respetar y apreciar a los demás.
Subrayo el «no puede», para hablar de la incapacidad que le prohibe conocer el deseo del encuentro. Milei nunca supo, cuál es el camino para llegar a ese lugar desconocido, porque paz es un espacio que opera en su cabeza como un territorio prohibido.
Insisto, no se trata de una decisión política, ni de la elección intelectual de un formato mediático para confrontar en continuado y al límite con el opositor. Lo que le sucede, nada más y nada menos que al presidente de la Nación, es algo que no se puede arreglar en el corto plazo con una visita al service.

Milei vive en guerra declarada las 24 horas, con todo el que no coincida con su palabra o no se rinda ante sus caprichos y asume la guerra a través de la definición más primaria, la que plantea sin vueltas la eliminación del otro, para después someter al que quede vivo. Reprime con palos y gas pimienta, a ese rito sagrado que tramita el choque con el que defiende otro modelo; porque hay límites que otros le aconsejan no cruzar, pero dudo sobre su real sentimiento ante el que reclama pan por ajuste.
Todos estos datos que nunca son insignificantes, se agigantan cuando su motivación se apoya en algún signo que roce lo religioso; porque en ese caso, aparece el fundamentalista recargado.
Son características de un producto con fallas de origen para la función que ocupa, es su notoria incompatibilidad con el cargo que ostenta. En estos momentos, el planeta vía los dos socios geopolíticos de la Argentina libertaria, Netanyahu primero y Trump después por orden de aparición en el ataque a Irán, iniciaron un ataque que puede derivar en invasión, para reducirlos políticamente como sueña Israel y torcer el destino de su petróleo, como sueña Estados Unidos.

Ante esta vieja sociedad, hace falta un coro de países que aunque sepa que su palabra no tiene peso, intente frenar la multiplicación de muertes. Pero Milei no lo hizo mirando por televisión la matanza de casi 60 mil palestinos en la Franja de Gaza, menos cuando prometió embajada en Jerusalen y ahora se sumó al sueño de Israel y Estados Unidos, de instalar un nuevo Sha de Persia como aliado en Teherán, 46 años después de la revolución de los ayatolas.
Para liderar a un país frente a una lluvia de misiles ajena, estamos frente al peor de los escenarios, con un jefe de Estado que considera propia, la locura de los otros. Regresamos de manera más irracional que en los 90, a ponernos al servicio de los mismos jefes en la Guerra del Golfo de Bush, para después transformarnos en un blanco fácil para cualquier venganza.

Dicen que pidió que la bandera israelí esté junto a la Argentina, en todas nuestras unidades militares. Y como Petri es capaz de cualquier cosa con tal de hacerlo feliz, espero que no sea cierto…

Editorial de Gustavo Campana, en LA MAÑANA de VICTOR HUGO MORALES por AM750 – Lunes 23 de junio de 2025