Primero, el 28 de septiembre de 1951. Desde Córdoba un sector del Ejército intentó de derrocar a Perón, antes de las elecciones presidenciales de noviembre. Los golpistas fueron neutralizados rápidamente. El general retirado Benjamín Menéndez, lideró a los que se alzaron en contra de la Constitución. Entre los oficiales que lo acompañaron, estuvieron protagonistas de golpes futuros como Julio Alsogaray, Alejandro Agustín Lanusse y Guillermo Suárez Mason. Un muerto, el cabo Miguel Farina, que resistió el avance de los golpistas en el Regimiento 8 en Magdalena.
Después, el 15 de abril de 1953. Mientras una multitud escuchaba a Perón, explotaron dos bombas, una en Plaza de Mayo y otra en la boca del subte A. Seis muertos, más de 90 heridos, 19 de ellos mutilados. Roque Carranza y Arturo Mathov, al frente de los militantes radicales de la FUBA, que pretendían terminar con el peronismo para apropiarse de una democracia sin pueblo.
El tercer paso, fue el 16 de junio de 1955. Las bombas sobre Plaza de Mayo, fueron el acta fundacional de la violencia política argentina de la última mitad del siglo XX. Los aviones de la Armada, los del «Cristo vence», generaron más de 300 muertes y dos mil personas resultaron heridas. Las bombas cayeron sobre Plaza de Mayo, la Casa de Gobierno, el edificio de la CGT, el viejo Ministerio de Obras Públicas y la residencia presidencial.
Entre los pilotos de la Marina estaba Carlos Massera, hermano de Emilio y comandando uno de los Gloster de la Aeronáutica que se plegaron en el aire al bombardeo de su pueblo, Osvaldo Cacciatore.
Cuarto capítulo. Golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955. Las Fuerzas Armadas, los partidos políticos que nueve años antes habían conformado la Unión Democrática y la Iglesia, terminaron con el segundo gobierno de Perón.
El quinto paso, fueron los fusilamientos. Los que usurparon el Gobierno, ejecutaron a 28 personas entre la madrugada del 10 y el miércoles 12 de junio 1956, para terminar con el levantamiento del General Valle (9 de junio). Los asesinatos se extendieron hasta el 28 de junio cuando Aldo Emil Jofré apareció ahorcado en una comisaría de Lanús.
Sin entender que hay cosas que no mata la muerte, creyeron que definitivamente habían domesticado al pueblo. Fueron asesinados generales, coroneles, mayores, tenientes, un cabo músico, un suboficial de maestranza, trabajadores ferroviarios, metalúrgicos, un policía retirado, empleados públicos… Todos hombres indefensos, sin acusación, sin juicio ni condena…
Lizaso, Carranza, Garibotti, Rodríguez y Brión, fueron fusilados en los basurales de José León Suárez. En Lanús, mataron a Lugo, Clemente y Norberto Ros, Albedro, Yrigoyen y Costales.
En La Plata, a Cogorno y Abadie. En Campo de Mayo, a Cortines, Cano, Ibazeta, Noriega, Caro y a Néstor Videla. En la Esma, a Paolini, Gareca, Rodríguez y Quiroga.
En la Penitenciería Nacional, mataron a Costa, Pugnetti, Rojas y Valle.
A Maurino lo ametrallaron en sede central del Automóvil Club Argentino, murió dos días después en el Hospital Fernández.
Posiblemente aquella locura asesina que pretendió terminar con la historia, el presente y el futuro del peronismo, los derechos laborales, la industria nacional, la justicia social, la distribución de la riqueza, la salud de Carrillo, la universidad gratuita y las obras públicas de Pistarini; se pueda resumir en dos cartas.
12 de junio de 1956. Carta del Gral. VALLE a ARAMBURU: «Dentro de pocas horas, usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Entre mi suerte y la de ustedes, me quedo con la mía. Derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos, no sólo de minorías privilegiadas».
12 de junio de 1956. Carta del Gral. VALLE a su hija SUSANA: «No te avergüences de tu padre, muero por una causa justa. Algún día contale a tus hijos del abuelo que no vieron y que supo defender una noble causa. No muero como un cualquiera, muero como un hombre de honor».
El encadenamiento de causalidades que construyen la historia, a veces es tan perfecto que lo negamos hablando de fantasmas que bautizamos causalidades. La Nación tituló en junio del 56: «Fue desbaratado el intento subversivo y se restableció TOTALMENTE LA NORMALIDAD». Palabras quizás inspiradoras para aquella tapa de Clarín del 25 de marzo de 1976: «TOTAL NORMALIDAD».
https://radiocut.fm/audiocut/gustavo-campana-gen-asesino-y-prosciptivo

