El sueño de la proscripción eterna, del campo nacional y popular

Había una vez «un reino del revés», en el que un ex presidente contrabandista y un presidente estafador, intentaron proscribir a Cristina. Los dos quisieron llegar a las próximas elecciones, disfrazados de republicanos, pero en listas diferentes. Y como lo hacen desde hace casi un año y medio, intentaron jugarla de honestos, trabajando en su cogobierno parlamentario una agenda totalmente divorciada de las necesidades de la sociedad.
Inesperadamente, la interna de la derecha a cielo abierto, conspiró contra el deseo de terminar con la carrera política de la dos veces presidenta de la Nación. Se suspendió por los votos misioneros, la gran función de un circo que esconde de a ratos, a los infinitos problemas que le generó al pueblo argentino, el gran plan de negocios que empezó Cambiemos y que ahora profundizan los libertarios.
El premio consuelo, fue que el mismo Senado que hablaba de pureza, impidió un rato antes la interpelación a Karina Milei y Luis Caputo por el Caso $Libra…


En Buenos Aires, mientras el oficialismo acusaba de esta derrota a la casta política, sus cómplices le dicen que no se puede traicionar todo el tiempo a las provincias. Qué si los usaste entre otras cosas, para el DNU, la Ley Onmibus, el Pacto de Mayo o el veto al aumento a los jubilados; cuándo las necesitás para cosas fundamentales, te recuerdan que todavía están esperando una larga lista de promesas, encabezadas por obra pública, coparticipación y fomento de las economías regionales.
En Washington, mientras el Fondo Monetario Internacional, que puso la guita y la cara haciendo campaña por un grupo que pretende convertir al país en un casino, se debe estar preguntando por estas horas, por qué en la Argentina la historia se repite todo el tiempo y 2025 tiene perfume a 2018.
El peronismo sufrió la proscripción de 18 años, impuesta por la dictadura del 55. Bombardeo, fusilamientos, muerte de la Constitución de 1949 y el decreto 4161. Luego junto a toda la política nacional, padeció otros 7 años y medio de silencio y muerte, durante la última dictadura.
Después de más de un cuarto de siglo de censura y neoliberalismo con pasaporte menemista, llegaron doce años de industria nacional, derechos, desendeudamiento, obra pública, ciencia y tecnología, salarios fuertes, cinco millones de puestos de trabajo nuevos, dos millones de jubilados, pelea por Malvinas y sueño de Patria Grande.
Para borrar ese pasado, Macri pensó en activar nuestra versión del «Lawfare» y armó con Pepín la Mesa Judicial, intentó meter dos jueces por decreto, instaló su bunker en Comodoro Py, Vidal construyó la «Gestapro» y armaron causas para encarcelar opositores en plena democracia. Aparecieron extorsionadores profesionales como Stornelli para inventar la Causa Cuadernos o pusieron billetes que IECSA recibió de Odebrech en los bolsos de López, la empresa de los Macri que manejaba en su rol de testaferro, su primo Angelo Calcaterra.
Al no poder matarla, dispusieron para fusilar judicialmente a Cristina, de un grupo de magistrados y fiscales, que jugaba al fútbol en la quinta de Mauricio, al tenis en Olivos o volaba a lo de Lewis para recibir órdenes del «poder real».
El río cambió su curso, en el Senado. No alcanzaron los dólares que terminaron con Kueider preso en Paraguay, ni las promesas de embajadas en la UNESCO. El partido que nació vendiendo candidaturas y comprando voluntades en el Congreso, bebió su propia medicina.
Y a confesión de partes…, Lospenato, la diputada PRO que pelea por ser la madre de «Ficha limpia», ayer en medio de la calentura dijo dos cosas centrales. Primero desnudó el clientelismo del oficialismo, con «Qué lástima que estos senadores, representen a la provincia que más Aportes del Tesoro Nacional recibió durante el año. Traicionar al Gobierno debe ser jorobado. Supongo que ahora tendrán alguna penalización y no tendrán más adelantos» y en segundo lugar confirmó que la ley solo estaba dedicada a una persona, cuando sentenció que «hay un pacto de impunidad. Hay gente que necesita a Cristina en la cancha».
Siempre, pero hoy más que nunca, recordar a Milagro Sala: 3400 días como presa política, desde el 16 de enero de 2016.

PD: Al comienzo de estas líneas hablamos de un presidente estafador y de un ex presidente contrabandista. Es necesario sumar más de 200 causas judiciales que brillan en el pasado de Macri, para completar su historia como empresario y funcionario público, comenzando por las cloacas de Morón, escuchas ilegales, parques eólicos, peajes, Correo, la UCEP y nunca olvidar, la ilegitimidad que para un jefe de Estado significó Panamá Papers, en su búsqueda de lavar dólares sucios o evadir al Estado que representó durante cuatro años (Editorial de Gustavo Campana, en LA MAÑANA de VICTOR HUGO MORALES por AM750 – Jueves 8 de mayo de 2025).