Un día como hoy pero de 1991 empezó la Guerra del Golfo, con el lanzamiento de la Operación Tormenta del Desierto sobre Irak. Aviones de Estados Unidos y Gran Bretaña, atacaron objetivos militares en Bagdad.
Al día siguiente Carlos Menem le anunció a la Argentina, que nueve años después de Malvinas, eramos parte de otro conflicto bélico, formando parte de las fuerzas aliadas. Marchábamos del brazo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte junto con la flota inglesa, la misma que hundió al Crucero Gral. Belgrano en 1982.
La operación que según Bush instalaría «un nuevo orden mundial», terminó en febrero con el retiro de las tropas de Hussein de Kuwait.
El menemismo mandó dos fragatas, que fueron acondicionadas en la isla española de Rota, con equipos de comunicación de Estados Unidos. Más de 400 hombres tuvieron como misión patrullar el Golfo, escoltando desde Omán hasta las costas de Kuwait, a los barcos de la coalición. Nuestros buques eran «buscaminas» o sea, carne de cañón de la OTAN.
A fines de enero, el mundo no registraba ni la cantidad de muertos, ni la destrucción que había sufrido Irak. Las tapas de los diarios, estaban ocupadas en mostrar el “mayor desastre ecológico del siglo”, que había generado el petróleo que el líder iraquí mandó al mar, buscando generar un escudo de fuego de casi 500 kilómetros cuadrados.
En junio de 1991, las tropas de la Marina argentina fueron actores de reparto en el “Desfile de la victoria” por la avenida Broadway de Nueva York.
La guerra enderezó la dependencia económica y política del menemismo con Estados Unidos y definió su lugar en la discusión geopolítica, hasta el último día de su segundo mandato, ocho años después. Así comenzó la era de las «relaciones carnales».
Primero se terminó el sueño argentino del misil «Cóndor II» y luego comenzaron negociaciones con Gran Bretaña, para fomentar las relaciones comerciales y paralelamente olvidar el reclamo de soberanía.
Nuestro compromiso con la guerra, fue la prueba de amor que pocos meses después, nos autorizó a instalar la convertibilidad.
Un hombre clave en las dos historias: Domingo Cavallo, que hasta el 31 de enero de 1991, fue el canciller que nos dejó en brazos de la guerra y a partir del 1 de marzo, se transformó en el ministro de Economía de «un peso, un dólar».

