En la Argentina, la “Batalla cultural” está al servicio de la construcción de analfabetos políticos. Esa definición de Bertolt Brecht, tan universal como eterna, habla de cómo millones de seres humanos son empujados a vivir una realidad ficcional: “El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política. No sabe, el imbécil, que de su ignorancia nace la prostituta, el menor abandonado, el asaltante y el peor de los bandidos que es el político corrupto y el lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.
Evita conocía perfectamente la obstinación y la crueldad del enemigo. Sabía que operaba políticamente con matriz patronal, que se sentía el dueño de la tierra y de la vida y de la muerte de quienes la habitaban.
Conservadores, gorilas, liberales o neoliberales, son incompatibles con la democracia. La defensa de privilegios en detrimento de los derechos colectivos, no tiene conexión con la democracia. “Viva el cáncer”, junto con “Civilización y barbarie”, son los dos postulados más fuertes de la derecha argentina.

