El gobierno más antipopular de nuestra historia, jugó su propio Mundial y perdió

el gobierno más antipopular de nuestra historia, el del feriado populista, jugó su propio Mundial y perdió. Escondieron la renuncia de Adorni, detrás de Argentina-Jordania y el intento de matar a la causa Libra, lo anunciaron antes de Argentina-Cabo Verde. Dos pasos de comedia, mientras aparecían fotos de Novelli en la tribunas del Mundial. Y buscaron sin suerte aprobar la extranjerización de la tierra, después de ganarle a Inglaterra.
El silencio de la Cancillería de Milei, ante un buque de guerra inglés en aguas argentinas. Luego la ministra de Seguridad diciendo a dúo con la FIFA, que banderas o remeras con mensajes sobre Malvinas serían una «provocación». El mismo día del partido con los británicos, apareció el presidente de la Nación autorizando a una empresa inglesa a explorar petróleo en el Atlántico sur y después se acordaron que era miércoles y reprimieron a los jubilados.
Para completar la postal ideológica del cogobierno del oficialismo más aliados, apareció el racismo de la vicegobernadora de Mendoza, calificando a Francia como «equipo africano flojo de modales».
Viola, el segundo del Ministerio de Justicia, apareció en la cancha contra Suiza y ayer en New Jersey se lo vio al senador Abdala, en un partido con reventa de hasta 30 mil dólares. El sábado un temporal detuvo al legislador oficialista en el aeropuerto de Fort Lauderdale y parece que la tarjeta resistió otro vuelo y casi 900 kilómetros por tierra.
En ese marco de hostilidad generado por los que gobiernan un país que odian, los de azul desplegaron un trapo blanco en el que un aerosol negro dijo: «Las Malvinas son argentinas».
El final épico, desbordado de orgullo nacional, no estaba escrito en el guion y después de la victoria inolvidable, en todas las plazas del país reinó la misma consigna y la identidad celeste y blanca, fue más que la foto de Margaret en el despacho presidencial.
En Qatar, la prensa de doble apellido después de eliminar a Países Bajos, los trató de «vulgares y pendencieros» y ahora Milei tildó a la bandera en manos de los jugadores, como un «gesto de patrioterismo, barato y berreta».
Antes de la final, hasta el gobierno de EE.UU. bancó el derecho al reclamo, para usarla como herramienta en su profundo desencuentro con Europa en general y con Londres en particular.
Terminó la Copa que solo le pegó a la pelota con la derecha, en el que la FIFA le comunicó a Haití que su camiseta no se ajustaba al reglamento porque la misma hacía referencia a la batalla de Vertières (1803), victoria clave para la independencia esclava de Francia.
Se fue el Mundial en el que Washington con el silencio cómplice de los dueños del fútbol, obligó a Irán a cruzar la frontera desde México por tierra y a abandonar el reino de Trump, el mismo día de cada partido.
La pelota siguió rodando mientras la Casa Blanca ordenaba volver a bombardear Irán, aunque en las vitrinas de Trump brilla el premio «El fútbol une al mundo», algo así como el Nobel de la Paz que le inventó la FIFA.
Finalizó el insólito torneo en el que Donald le pidió a Infantino un indulto para su goleador y la FIFA le regaló el perdón como un souvenir. Terminó el torneo de las pausas de hidratación factureras, el show recontra vendido en el entretiempo del último partido y entradas a un precio loco para desterrar para siempre al pueblo de las tribunas. Y para 2030, FIFA Corporation promete más decisiones en orsai de los sentimientos del potrero, que una vez más va resistir contra todo y contra todos.