Un país sin controles, otro experimento libertario fracasado en los 90

ARGENTINA 1991, menemismo. Página 12 desnudó el caso en tapa y Simón Lázara, lo llevó a la justicia. Por contratación directa, dispuesta por el decreto 1295 de Carlitos, el Estado compró 1.960.000 kilos de leche en polvo que según estudios bromatológicos, resultó no ser apta para el consumo.
Estaba destinada al Programa de Atención Materno Infantil y por supuesto, se repartió entre las familias más vulnerables.
La leche estaba vencida, contaminada con la bacteria escherichia coli y según un examen realizado por el Conicet e investigadores de Países Bajos, algunas partidas presentaban una «sustancia radiactiva no natural, compatible la del accidente de la central nuclear de Chernobyl, a finales de los años 80.
La leche fue importada de varios países europeos por el empresario Carlos Spadone, por entonces socio mayoritario de las bodegas Menen y se fraccionó en plantas Santa Fe y Córdoba, una propiedad del primo del ex secretario privado del presidente Miguel Angel Vicco.
Todos los empresarios salieron libres de culpa y cargo, pero antes del fallo de 2011, Spadone cobró una importante suma como indemnización en el 96. El Ministerio de Salud determinó que el producto no era letal y que los peritos de bromatología, casualmente se retractaron de sus primeros informes.

ARGENTINA 1992, menemismo. Una adulteración masiva de un extracto de propóleo y jarabe para la tos, fabricado por el Laboratorio Huilén. El producto fue contaminado con un alcohol industrial altamente tóxico.
La Justicia dictaminó que la sustancia que causó la muerte de casi 30 personas e intoxicó a miles, fue introducida de manera externa en un acto de sabotaje, pero nunca identificó a los responsables intelectuales ni materiales del hecho.
Parece que a los grandes laboratorios, no les gustó que Huilén exportara un producto a base de miel y sus medicamentos perdieran mercados internacionales. El escándalo aceleró la creación de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica, para reforzar los controles sanitarios en todo el país.

ARGENTINA 1993, menemismo. Las marcas sanjuaninas «Mansero» y «Soy Cuyano», de la bodega «Nietos de Gonzalo Torraga S.A.», propiedad de Mario Arnoldo Torraga; protagonizaron la mayor tragedia sanitaria de la historia del vino argentino. Para abaratar costos adulteraron el producto con alcohol de quemar. Primero agregaban agua y luego alcohol metílico para mantener la graduación exigida por el Instituto Nacional de Vitivinicultura.
Esa mezcla letal fue distribuida en damajuanas de cinco litros. En muy pocos días, los hospitales comenzaron a registrar cuadros de intoxicación aguda y ceguera. Murieron 29 personas y decenas sufrieron secuelas irreversibles.
Tres años después, se llevó a cabo el juicio oral. El tribunal condenó a Mario Torraga a 15 años de prisión, 10 para Ribes y penas menores para otros miembros de la empresa.
El camino jurídico de la causa terminó en 2010, cuando la Cámara Federal de La Plata ratificó la responsabilidad civil del Instituto, señalando que el organismo «no adoptó las medidas de atención, vigilancia y prevención que la naturaleza de sus funciones le exigen».

Tres historias que sucedieron cuando existían los controles, pero como para la economía de mercado la vida no vale nada, hicieron posibles que esas maniobras millonarias que eran sinónimo de muerte, fueran cotidianas. Estas trascendieron y otras con consecuencias menores pasaron.
Sturzenegger fue a partir de 1995, Economista Jefe de Yacimientos Petrolíferos Fiscales del menemismo. No es ajeno a este ejercicio de memoria. Sin embargo el año pasado redactó la Resolución 37/2025, que eliminó casi mil normas del Instituto Nacional de Vitivinicultura y convirtió en optativo el control de origen y calidad.
Ahora va por más. Elevará al Congreso otro absurdo paquete de desregulaciones, en el que entre otras cosas liberalizará el precio de las garrafas, autorizará que medicamentos de venta libre se adquieran en kioscos o supermercados y flexibilizará los pocos controles que quedaban de pie en la industria vitivinícola.

El ministro de Transformación, convirtió al Estado en un gallinero gigante cuidado por manada de lobos hambrientos y no casualmente en una de sus primeras medidas debilitó a la ANMAT, eliminado más de 60 trámites por el que tenían que pasar los productos de laboratorios y empresas. La misma Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica, creada tras las muertes del propoleo.
Como en el pasado están guardados todos los secretos del presente y el futuro, el archivo vuelve a demostrar que el problema es el plan, que el neoliberalismo nos siente descartables cuando piensa en ensanchar sus privilegios. Y ya lo dijo Mauricio, «que se mueran, todos los que se tengan que morir».