Desde esta orilla de la vida, la culpa pesa y la contracción es vieja. En el 78, el Mundial de los campos de concentración; en el 82 el debut un día antes de la rendición en Malvinas; en el 90 el subcampeonato en medio de indultos y privatizaciones y en 1994 y 1998, las copas de la convertibilidad, el aparato productivo destrozado, casi 20% de desocupación y una deuda externa impagable. En el 2002, despertarse de madrugada a seis meses del estallido de diciembre o el Mundial ruso, casi coincidente con Macri entegrándonos a los brazos del Fondo.
Hoy nos preguntamos todos los días por el peso desmedido de nuestra pasión futbolera, frente a un país que se parece cada vez menos al que conocimos en blanco y negro o al que volvimos a vivir entre 2003 y 2015.
Mientras jugaba la Selección en Estados Unidos, Adorni se perdió entre las sombras y un juez congeló la causa Libra. Mientras Argentina va dejando equipos en el camino, la Casa Rosada acelera la idea de la reelección, festeja la toma de deuda nueva para pagar deuda vieja y pone en agenda la reforma regresiva de la Carta Orgánica del Banco Central.
Mientras esperamos por Inglaterra, el gobierno soborna a Córdoba y la provincia promete silencio cómplice a cambio de un adelanto de 400 mil millones de pesos.
Mientras aparecen fotos de Santiago Viola, el número dos del ministerio de Justicia y hombre de suma confianza de los hermanitos Milei, viendo Argentina-Suiza en Kansas; los datos económicos que le esconden al pueblo, siguen siendo cada vez más preocupantes. Ayer el gobierno acreeditó el pago de deuda a los bonistas locales por 4.300 millones de dólares y casualmente, el mismo día se registró el récord de salida de dólares financieros a cuentas del exterior de este mes: casi 213 millones de dólares. ¿Cuántos verdes se fugaron en los primeros 14 días del mes? Más de 1.200 millones. Y esta semana, Economía saldrá a buscar en el mercado local hasta 2.000 millones de dólares con un nuevo bono, que algún gobierno pagará algún día cuando esta burbuja explote.
Mientras todavía gritamos el golazo de Julián, la calentura de Caputo por las «zonas frías» se llama 272.099 millones de pesos que el ministro ya había calculado por recorte de subsdios. No importa dejar a los habitantes de las regiones que más cerca de la hipotermia pueden quedar ante la falta de energía barata, lo único que importa es que no se derrita el superávit de plástico de Toto. Los senadores oficialistas (libertarios, Pro, radicales, gobernadores traidores), entendieron que mientras dure el invierno, no se puede tratar el tema en el Senado, porque quieren volver a su provincia algún día y la media sanción de diputados del pasado 20 de mayo, por ahora tendrá que seguir esperando su media medalla.
La otra cara de la moneda en esta metáfora del país libertario, la pintó un informe de la Unión del Personal de Panaderías y afines, contando que la venta de pan cayó un 60% y en el país del trigo, ya casi nadie paga 5 mil pesos por kilo y compran pancitos por unidad.
Hablo de nuestro laberinto mundialista, al mismo tiempo que pienso si mañana no sería conveniente que entre Otamendi para jugar con el Cuti y correr la dinámica de Licha al mediocampo; o si no estaría bueno entrar con la Araña y el Toro, para atornillar al fondo inglés…
Soy parte de ese plural, que vive estas sensaciones cada cuatro años.
A nivel planetario, con el Mundial pasa algo parecido. Por primera vez se está jugando la Copa, en el país que en el mismo momento en el que la pelota rueda, bombardea al enemigo. Los cuartos de final, coincidieron con el comienzo del segundo capítulo del duelo de Estados Unidos duelo con Irán, por el control de la tercera reserva petrolera del mundo.
La FIFA, la misma que en diciembre del año pasado le sumó a las vitrinas de la Casa Blanca el premio «El fútbol une al mundo», algo así como su Nobel de la Paz, sigue por televisión el ataque a 140 puntos iraníes y la respuesta de Teherán sobre objetivos militares norteamericanos en cinco países árabes.
Los títulos de la prensa internacional no piden paz, ni hablan de muertes y destrucción; solo están haciendo cuentas. A los mercados no les preocupa otra cosa que el futuro del barril de petróleo, que va a condicionar el precios de la energía mundial. Advierten una inflación, que frenará la actividad económica hasta nuevo aviso en los cinco continentes.
Para los medios, el acto reflejo es que el barril de petróleo subió 9,59% en un solo día y cerró a 83,30. Se alteran cuando afirman que este incremento fue uno de los mayores desde el inicio de la guerra y posiblemente la carga política del mensaje de sus editoriales, se profundice todos los días pensando en un Trump desesperado por recuperar protagonismo ante la cercanía de noviembre. Crece la posibilidad de un presidente capaz de cualquier cosa y por supuesto, a la economía global no le causa ninguna gracia depender de un hombre desesperado, a punto de perder en las elecciones de noviembre la supremacía en las dos cámaras y luego gobernar caso sin poder, lo que le queda de mandato.
Cuando el domingo próximo el Mundial comience a transformarse en pasado, el «poder real» buscará nuevos árboles para tapar el bosque. Aquí, allá y en todas partes, obligarán a millones a discutir historias absurdas, postergando las necesidades inmediatas de sus vidas. Nada nuevo y no por eso, menos doloroso.

