Se venden como nuevos y son nostálgicos del estatuto legal del coloniaje

Cuando un gobierno liberal te dice que está buscando más automonía para el Banco Central, cuando subraya que hay que contar con una autoridad monetaria independiente; siempre es bueno recordar el undécimo mandamiento: «La neutralidad siempre juega para la derecha».
En el presente cuando hablan de un Central libre, en realidad quieren dinamitar la regulación del sistema financiero y su rol como promotor de la producción y el empleo. Desean terminar con la reforma de la Carta Orgánica de 2012. En eso está laburando Milei, por orden del Fondo Monetario Internacional.


Del candidato a presidente que hace tres años pregonaba la destrucción del Central, quedó un imitador que quiere apropiarse del Banco para que vuelva a sus orígenes. La «Década infame», la que comenzó con el golpe de Uriburu en 1930 y tuvo su etapa de esplendor en los seis años de Agustín Pedro Justo y finalmente su ocaso, en el tiempo que lideraron Ortiz y luego Castillo; se basó en dos pilares fundamentales: elecciones con «fraude patriótico» y declararse parte del imperio británico. La alianza con Londres permitió que el puñado de familias que manejaba a la Argentina agroexportadora, engordara sin límites la riqueza que comenzaron a amasar a fines del siglo XIX.
El «fraude» permitió que el boliche, siempre fuera «atendido por sus dueños». Cuentan que un enviado de los conservadores argentinos, viajó a Estados Unidos en la previa de las elecciones que consagraron a Ortiz, para estudiar un moderno sistema de recuento de votos. Cuando le mostraron el flamante método para determinar el ganador solo en 24 horas, el militar dijo: «Ustedes conocen al presidente un día después de las elecciones…, nosotros un mes antes».

El temor de los estancieros locales, nunca nacionales, se encendió cuando producto de la crisis del 29, Inglaterra decidió solo comprarle carne a sus colonias oficiales. Entonces en 1933, Justo mandó a su vicepresidente, a Pascual Roca, hijo de Julio Argentino, a cerrar un pacto entregándolo todo, a cambio de asegurarle toda la manteca que la oligarquía iba a tirar al techo. Cuando bajó del barco, Pascualito dijo: «Argentina es la joya más preciada del imperio británico».
Aquel país injusto se aseguró que el gobierno inglés se quedara con el 85% de la cuota de exportación de nuestra carne a cambio de la entrega del control de la exportación, a frigoríficos británicos y norteamericanos.
Se modificaron las tarifas aduaneras a pedido de la reina, se otorgó libre ingreso del carbón inglés, el control de las tarifas ferroviarias, la obligación argentina de invertir las divisas obtenidas en productos ingleses y el otorgamiento de grandes franquicias a las empresas británicas de servicios públicos, radicadas en Argentina.
Producto de las necesidades populares surgió el transporte colectivo y de Justo aprobó la ley de Coordinación de Transportes y dejó la actividad, también en manos británicas.
Como lo bautizaron Scalabrini, Jauretche, Manzi y compañía desde FORJA, nació en ese momento el «Estatuto legal del coloniaje».
Aquella vergüenza mayúscula, se reservó un dato secreto: la creación del Banco Central. De esta manera, los compradores de casi toda la carne argentina, iban a manejar el tipo de cambio. Se llevaban todo y lo pagaban barato. El monstruo con directorio bajo control british, nació el 28 de mayo de 1935.
Esta historia generó la investigación de Lisandro De la Torre y el asesinato de Enzo Bordabehere, con las balas que estaban destinadas al senador santafesino.

Castillo terminaba su mandato en 1944 y casualmente en la Cámara de Comercio Argentino-Británica, se decidió que el próximo presidente del «fraude patriótico», iba a ser Robustiano Patrón Costas. Para frenar la continuidad de la entrega llegó el golpe del 43, Perón apareció en escena y ganó las elecciones del 46. Un mes después de asumir, el 25 de marzo de 1946, anunció la nacionalización del Banco Central y al año siguiente decretó el 9 de julio, la «Independencia económica» de la Nación.
A partir de ese momento, cuando regresó el mercado para que la patria se convierta en colonia, el Central volvió a manos enemigas respondiendo a su origen y cuando gobernó el pueblo se lo argentinizó.

El último capítulo se escribió durante el kirchnerismo y tiene dos capítulos. Primero el pago con reservas de la totalidad de la deuda con el Fondo, en enero de 2006 y luego la modificación de su Carta Orgánica en 2012. En el medio, la historia de 2010 cuando Prat Gay se atrincheró en su despacho del Central, para no volver a pagar deuda externa con reservas, porque como luego dijo durante el macrismo y en su rol de ministro de Economía: «Deuda se paga con deuda».
Prohibido olvidar el undécimo mandamiento: «La neutralidad siempre juega para la derecha».

Editorial de Gustavo Campana del jueves 2 de julio en «La mañana de la 750» (Víctor Hugo Morales)