No hay neoliberalismo sin traición: Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil y Gustavo Sáenz

«Hacete amigo del juez, no le des de qué quejarse; y cuando quiera enojarse vos te debés encoger, pues siempre es güeno tener, palenque ande ir a rascarse».

Necesitado de ayuda política en el Parlamento, el Gobierno libertario sabe que siempre cuenta con Jaldo, Jalil y Sáenz; para armar una coalición temporaria. Los tres son un mediocampo titular inamovible en esta historia, que en principio no implica imaginar a las poblaciones de Tucumán, Catamarca y Salta, respondiendo arrodilladas al presidente. Los que deliberan y gobiernan en nombre de los pueblos que votaron pan, les siguen ofreciendo hambre y la respuesta popular a esa deslealtad, por ahora es una pregunta sin respuesta pensando en el 27.
Ayer, los tres que entraron a sus despachos de la mano del peronismo y luego se transformaron en la prueba más exacta, que «no hay neoliberalismo sin traición», se juntaron con los dueños de un porcentaje muy alto de la caja. Ante Luis Caputo y Diego Santilli
tarifaron la hora para ser niñeras de Adorni y por supuesto, plantearon las necesidades que tiene su espacio para la reelección.
En lugar de reclamar por la caída de las transferencias que exije nuestro federalismo y pelear para terminar con la paralización de la obra pública, volvieron a decidier ser aliados de un monstruo que jamás les devolverá lealtad y que cuando pueda, se los va a devorar.

«Ave de pico encorvado le tiene al robo afición, pero el hombre de razón no roba jamás un cobre, pues no es vergüenza ser pobre y es vergüenza ser ladrón».

Son tres grandes actores, que cuando amenazan con romper con Milei, aseguran como lo hizo Sáenz alguna vez, que al presidente le dicen «paloma de iglesia» porque «caga a los fieles»; pero cinco minutos después acompañan al oficialismo en las votaciones más crueles. Fueron parte de decisiones que afectaron a todo el pueblo argentino y que ponen en duda la continuidad de la Nación, tal como la conocemos.
Salen de los encuentros en las que entregaron todo a cambio de nada, diciendo que «la gente está mal, que muchos no llegan a fin de mes, no hay inversiones, las empresas bajan las persianas y que las rutas están intransitables…». Hablan dos años y medio después, con palabras que aunque siempre fueron ridículas ante una conducción de ultraderecha, solo podían usarlas desde un protocolo infantil, en el comienzo de la gestión. Plantear hoy de la necesidad de mantener «un diálogo institucional serio y responsable con el Gobierno nacional», es de un cinismo ilimitado que probablemente mucho más temprano que tarde, se transforme en suicida.

La primera prueba de amor de este capítulo del triángulo de cartón, tan complicado entre otras cosas por el pago de aguinaldos, fue no dar número para interpelar a Adorni. Pensando ya en la segunda cita, piden aumento de sueldo por asegurar su respaldo al proyecto de reforma política que impulsa el Gobierno. No los enamora terminar con las PASO, pero si Karina ofrece que en las provincias La Libertad Avanza decide no jugar; pueden entregar el tesoro.
Los tres diputados que son propiedad de Jaldo, dos de los tres que le pertenecen a Sáenz y uno de los tres que obedecen a Jalil, no bajaron al recinto para dar quórum en la sesión que estaba destinada a tratar proyectos de interpelación y de moción de censura contra Adorni.

Como no responden al peronismo, aunque sean los que en sus pagos secuestraron la marcha, el escudito y la doctrina, ya no creen que la única verdad sea la realidad y mucho menos que se conquiste al pueblo combatiendo al capitalismo esclavista. Arman una nueva Biblia, en la que rezan por el colonialismo político, aseguran que el camino es la dependencia económica y juran la justicia social es una estafa. Nunca somos lo que decimos ser, somos lo que significan nuestros actos…

«El que obedeciendo vive, nunca tiene suerte blanda, mas con su soberbia agranda el rigor en que padece; obedezca el que obedece y será bueno el que manda».

Editorial de Gustavo Campana del miércoles 24 de junio en «La mañana de la 750» (Víctor Hugo Morales)