Toto pide que sus «grandes éxitos» no se vayan por la cascada de Adorni…

En los pasillos de Casa de Gobierno, dicen por estas horas que ayer Toto Caputo no fue a la mesa política, porque pretende instalar para propios y extraños, que él ya construyó la economía perfecta y ahora la política está tirando todo lo positivo de su gestión, por la cascada de Adorni. El ministro encontró por un rato, un chivo expiatorio perfecto para encajarle la culpa de su segundo fracaso a un tipo que hoy se lleva todas las marcas.
Después de dos años y medio de brutal degradación económica y moral de la vida de millones de asalariados, está rota en mil pedazos la credibilidad entre el votante libertario y su gobierno. Y no hay otro motivo para esta rápida acumulación de bronca y desencanto, que un presidente y su equipo cosechando su siembra. Por lo tanto, «todo marcha de acuerdo al plan». Sembraron ajuste, industricidio, deuda, fuga y especulación financiera y los resultados se repiten por cuarta vez en medio siglo.

En las próximas elecciones reaparecerá el mismo voto castigo, que sacó a Macri de la Casa Rosada en primera vuelta y luego de primer mandato. Sin embargo en 2015, apenas a 14 años de distancia del «argentinazo» de 2001, se optó por el mismo veneno que nos llevó a esa crisis que puso en peligro el destino de la Patria.
Carecemos en un porcentaje significativo de la población, de un voto preventivo frente al neoliberalismo, por dos grandes razones: el odio de algunos y el analfabetismo político de muchos. El enemigo de los gobiernos populares es un enfermo incurable, pero el ciudadano que desarmado políticamente se sigue comiendo el verso de la derecha, primero los apoya, hipoteca la vida de los suyos y después los condena para siempre. Pero como vota «nombres y apellidos» nunca le declarala la guerra al modelo, que es su verdadero enemigo.

Para Milei la economía es, fue y será AJUSTE. Para Caputo es, fue y será DEUDA EXTERNA. Fruto de estas dos borracheras ideológicas, el gobierno que ajustó el gasto público en poco más del 30% en dos años y medio de gestión y que tomó créditos por más de 35 mil millones de dólares; se quedó sin nafta y está rascando la olla.
Los fundamentalistas del equilibrio fiscal, ya no tienen por donde seguir achicando el gasto público y la toma de más deuda, será un parche que solo va a estirar la fecha del naufragio.

Para el gobierno, reactivar la economía no es parte del programa; por lo tanto, esta cuarta experiencia neoliberal sin industria nacional y con demanda comercial en terapia intensiva; está condenada al mismo fracaso de siempre. Aquellos 18 meses que el ministro de Economía prometió hace un par de semanas, como los mejores de la historia, no sobreviven a esta altura del partido ni en el relato de los libertarios más optimistas.

Otro semestre con recaudación en baja en la segunda mitad del año, sería letal para los fanáticos de apertura indiscriminada de importaciones y enemigos acérrimos del desarrollo argentino.
El final ya llegó, ahora resta contarle a los millones de compatriotas que cada año alquilan su esperanza, que no se vuelvan a equivocar de inmobiliaria.