En horas de la madrugada, el presidente de Perú, Belaúnde Terry, dialogó telefónicamente con Galtieri. Le comunicó que había una nueva propuesta de paz, negociada con Alexander Haig. Galtieri hizo algunas correcciones y se mostró de acuerdo. Horas más tarde, Belaúnde Terry dio una conferencia de prensa, en la que anunció que la paz era inminente.
Los dos países recurrieron en la “guerra burocrática”, a las Naciones Unidas. Argentina señaló que “el ataque británico ignora el hecho de que la ONU está dispuesta a ayudar a las partes en la búsqueda de una solución pacífica al conflicto”. Gran Bretaña justificó sus bombas, en el marco de “un ejercicio de su inherente derecho de legítima defensa reconocido por el artículo 51 de la Carta de la ONU”.
La tapa de “Clarín” destacó en primer lugar: “Pérdidas británicas en intentos de desembarco y dura lucha aeronaval: Esta madrugada, el Estado Mayor Conjunto informó que durante el día de ayer fueron rechazados tres intentos de desembarco de la infantería británica, perdiendo la fuerza invasora cinco aviones Harrier y dos helicópteros. A su vez, aviones argentinos atacaron la flota, provocando severos daños a una fragata y averías menores a otras tres. Se estima que el número de cazas británicos perdidos puede ascender a once. Dos cazas interceptores Dagger y un Pucará de las fuerzas argentinas, fueron destruidos en acciones diferentes”.
El segundo dato de portada traía declaraciones del dictador: “Pagarán alto precio por la agresión”.
En su editorial (“Todo el país apoya a sus soldados”), el diario manoteó consignas patrioteras, luego de plantarse como los cultores de la “moderación” desde que comenzó el conflicto: “La experiencia mundial dice que los poderosos de este mundo nunca han podido doblegar a los pueblos que se sentían unidos por su condición nacional. La indignación levantada por la guerra austral, desatada por el gobierno de Londres, es hoy una invariante en toda nuestra América y está destinada a tener sus consecuencias inevitables”.
Gran Bretaña terminó con cualquier tipo de negociación el 2 de mayo. Thatcher y su gabinete dieron la orden al submarino atómico “Conqueror”, de torpedear y hundir el crucero «Gral. Belgrano», que estaba fuera de la zona de exclusión establecida por Londres. John Woodward pidió al almirantazgo un cambio de las reglas de intervención, que le permitiera abrir fuego. Aseguró en tres oportunidades, que consideraba al buque de guerra argentino, una verdadera amenaza.
En realidad, el “Belgrano” no era en ese momento un peligro militar para la flota, a más de 300 millas de la misma. Regresaba al continente argentino.
En el hundimiento murieron 323 hombres, casi la mitad de la totalidad de las bajas en todo el conflicto (649). Un crimen de guerra, por motivos estrictamente políticos, no por razones del ajedrez militar.
Cuando los ingleses dispararon, también enviaron al fondo del mar el plan del presidente peruano Belaúnde Terry, basado en cinco puntos: Retiro simultáneo y mutuo de las fuerzas; Presencia de representantes ajenos a las dos partes involucradas en el conflicto para gobernar las islas temporalmente; Los dos gobiernos admitían la existencia de posiciones discrepantes sobre la situación de las islas; Ambos países reconocían que los puntos de vista y los intereses de los habitantes locales debían ser tomados en cuenta en la solución definitiva del problema y El grupo de contacto que intervendría de inmediato en las negociaciones para implementar este acuerdo estaría compuesto por Brasil, República Federal de Alemania y Estados Unidos de América.
Al sensacionalismo histórico de “The Sun”, la guerra le sentó muy bien. Ante el hundimiento del “Belgrano”, tituló “Gotcha”, algo así como “Te tengo” o “Te capturé”.
En Buenos Aires, los obreros portuarios resolvieron no efectuar la carga y descarga de un buque norteamericano de la línea Norman en la dársena D Norte, repudiando la sociedad Washington-Londres. La medida la adoptó el gremio de estibadores, liderado por César Loza, quien organizó un boicot latinoamericano, en respuesta a la decisión del mercado europeo de rechazar a todos los barcos argentinos que trasladaban exportaciones. En terminales de Perú, el Canal de Panamá, Venezuela y Brasil, no ingresaron barcos mercantes ingleses.
El dirigente del Sindicato Unico de Portuarios Argentinos, había viajado a Washington en 1979, para denunciar ante James Carter y frente a un grupo de parlamentarios demócratas, , las violaciones a los derechos humanos generadas por el terrorismo de Estado.
La Federación Latinoamericana de Trabajadores Bancarios y de Seguros, decretó el boicot a todas las operaciones hacia Gran Bretaña. La medida abarcaba a toda medida que asegure remesas de fondos a los territorios y colonias del Reino Unido, así como también todo lo referido al “traslado de combatientes, armas, materiales en general y especialmente de uso bélico, destinado contra la Argentina”.
El obispo de Santa Fe, Vicente Zazpe, declaró que “la canonización de la prepotencia y el matonismo, el derecho del poderoso y la prevalencia de los intereses constituye un aspecto lastimoso del mundo occidental y cristiano. Estamos frente a un occidente que no se estremeció con los hechos de Afganistán, que solo balbuceó algunas reservas verbales frente al atropello de Polonia y que hace unos años no movilizó sus Fuerzas Armadas para defender a Hungría y Checoslovaquia.
Debemos constatar con tristeza y decepción una Europa con signos evidentes de desubicación histórica y carente de una comprensión básica hacia América latina, a la que todavía considera como realidad primitiva, poco menos que tribal” (Fragmento de «Malvinas 1982: La cuarta guerra contra el imperio británico»).

