Los informes del Estado Mayor Conjunto comenzaron su muy particular crónica de las acciones bélicas en el Atlántico Sur, ante el primer ataque aéreo británico. Bombas sobre las instalaciones del Aeropuerto de Puerto Argentino, mientras con helicópteros operaban contra Puerto Darwin. Los bombardeos navales efectuados por la flota real, según el Informe Oficial del Ejército Argentino, se produjeron entre las 20:25 y las 23:15. La aviación inglesa lo hizo entre las 04:40 y las 06:00.
Los cuatro intentos de desembarco, fueron rechazados. El primero a las 06:30. Fuerzas terrestres y aviones Pucará terminaron con dos helicópteros artillados. La información oficial hablaba de 10 Harrier ingleses en la operación: dos abatidos y “dos cayeron presumiblemente al mar”.
El segundo fue a las 09:00, cuando más helicópteros fueron resistidos por dos columnas argentinas. Regresaron a las 17:30 y tampoco pudieron vulnerar la defensa. De las cuatro fragatas que apoyaban el plan desde el mar, “dos fueron seriamente dañadas”.
El último fue a las 21:00 y otra vez sobre Puerto Argentino. Después de dos horas de combate, dos helicópteros ingleses “habrían sido abatidos”. En síntesis, una fragata inglesa resultó averiada y cinco aviones Harrier destruidos.
El diálogo del almirante Woodward y el general Menéndez, recorrió todas las redacciones a primera hora de la tarde. A las 14:00 el británico exigió la rendición incondicional de la Argentina y según el parte de la dictadura, la respuesta del gobernador de Malvinas tuvo la dureza ficcional, de un guión imaginando un duelo de guapos en alguna esquina porteña: “¿Rendición? De ninguna manera, si estamos ganando. Traigan al principito (por el príncipe Andrés) y vengan a buscarnos”.
En realidad, el autor de “Traigan al principito” fue el periodista de Télam, García Malod.
A través del decreto 867, Argentina convocó a la clase 1961; también “al personal con habilitación para desarrollar actividad de vuelo y a los auxiliares de apoyo directo”. El llamado también abarcó al personal civil de los Comandos en Jefe de las Fuerzas Armadas.
El presidente de facto mediante un discurso dirigido al país destacó que la Argentina «responderá al ataque. Se nos ha querido presentar como agresores sangrientos, cuando la verdad por todos conocida es que al recuperar el territorio irredento preferimos morir a matar y así una operación militar sin precedentes, ni el adversario ni la población malvinense sufrieron una sola baja. Se nos ha injuriado, se nos ha calumniado y se ha empleado contra nosotros la intimidación, la amenaza, la intriga y todas las maniobras de desprestigio imaginables
Se nos ha agraviado con sanciones que las grandes potencias evitan aplicar a quienes ellas consideran sus peores enemigos, como si nuestra condición de nación joven fuera fácil presa”.
La agencia Télam había enviado a la capital de las islas a los periodistas, Diego Pérez Andrade y Carlos García Malod y al fotógrafo, Eduardo Farré. Después de las primeras bombas, se abrió la temporada de censura. Andrade redactó un despacho señalando que la pista estaba intacta, que no había sido alcanzada por los aviones ingleses. Pero Menéndez no quiso que se publicara, para impedir nuevos bombardeos.
“Al recorrer durante la mañana de ayer las instalaciones de la estación aérea, así como la pista de aterrizaje con el personal de mantenimiento de la misma, el enviado de Télam comprobó sobre el terreno que los daños recibidos durante los bombardeos son mínimos. Un verdadero ejército de operarios, tractores y barredoras mecánicas concluyeron ayer por la tarde la limpieza total de la pista” (“Convicción”).
“Después del mediodía pudimos confirmar a través de una comunicación directa con una alta fuente de la Fuerza Aérea, que la pista de aterrizaje de las islas Malvinas, continuaba completamente operable y que si en los primeros ataques se habían registrado algunos daños, ya habían sido subsanados” (“La Prensa”).
Mientras tanto en Buenos Aires, Galtieri utilizó una vieja película para mostrar al Aeropuerto sin cicatrices. Había comenzado una guerra sin coordinación a la hora de pelear y huérfana de comunicación interna para informar sin doble discurso.
Ronald Reagan se encontraba en Knoxville (Tennessee). Informó a la prensa, que el ataque británico “constituyó una sorpresa total” y que había recibido “informes conflictivos”, sobre lo que estaba sucediendo en las islas: “Aún estamos dispuestos a ayudar y esperanzados en una solución pacífica”. Cuando le preguntaron si la crisis alcanzará aspectos de “guerra total”, dijo titubeante: “No lo creo… No hubo pérdidas”. Consultado sobre si los aviones británicos que atacaron Malvinas, partieron desde la base anglo-americana de Ascención, aseguró que “Estados Unidos no informa a los británicos de los movimientos de sus aviones y los ingleses tampoco están obligados a informar al respecto a Estados Unidos”.
Joe Reap, vocero del Departamento de Estado norteamericano, encendió la alarma: “Estamos en un momento muy peligroso del conflicto. Estados Unidos sigue dispuesto a ayudar a las dos partes a encontrar un acuerdo tan rápido como sea posible”. Sobre un supuesto aviso de los ingleses sobre el inicio de las acciones bélicas, señaló en un escueto comunicado, “Los británicos no nos previenen de sus operaciones militares”.
Desde Atenas, el expresidente James Carter, propuso que ante el fracaso de la gestión Haig, Estados Unidos tenía que dejar la mediación en manos de las Naciones Unidas.
Comunicado de Londres: “Bombarderos Vulcan, reaprovisionados en vuelo desde tanques Víctor, atacaron el aeropuerto de Puerto Stanley durante la noche. Luego, al alba, Sea Harrier llevaron a cabo nuevos ataques. Las dos operaciones fueron exitosas. Todos los aparatos y su personal han regresado. No se registraron bajas británicas”. Se trató de una acción de hostigamiento, destinada a debilitar progresivamente las defensas. Tantearon el terreno, para ver a qué estaba dispuesta la Argentina.
El plan inicial que Anaya le pidió a Lombardo, contemplaba el desembarco pero no la defensa. La ausencia de cañones de 155 milímetros posibilitó el asedio inglés con barcos solo separados 5 kilómetros de la costa. Como metáfora del grado de desorganización del Ejército, el mismo 14 de junio llegó a la isla el último cañón de esas características para “fortificar” Puerto Argentino, mientras Menéndez firmaba la rendición.
El líder laborista, Tony Benn, aseguró que las tropas británicas fueron enviadas “a morir por una causa que está perdida. Este es un conflicto innecesario y el gobierno debe ser convencido antes de que sea demasiado tarde”.
Desde Moscú la agencia oficial TASS, destacó que la confirmación “de toda la asistencia necesaria” de Reagan a Thatcher “para que Gran Bretaña restablezca “su dominio colonial”, terminaba con “la hipocresía de la diplomacia norteamericana”.
El “New York Times” del 1 de mayo, dijo que el Reino Unido pedirá a Estados Unidos, “aviones C5, minas submarinas, mayor información por satélites en apoyo a su flota y 5.500 marines y paracaidistas a bordo de 60 buques”.
El diario “El Tiempo” de Bogotá, afirmó que “por elementales razones de fraternidad hemisférica, el pueblo colombiano, que tantos vínculos de diversa naturaleza ha tenido y tiene con la Argentina, espera que sus hermanos australes sortearán con éxito esta emergencia que los ha enfrentado”.
Como un cronista de guerra, a los 08:30, media hora después de conocida la noticia del comienzo de las acciones bélicas, el capellán del Ejército, padre José Fernández, salió por Radio Continental desde Puerto Argentino: “Ellos hicieron un ataque con aviones Harrier a vuelo rasante. No se asusten, cada uno está bien en su puesto. Van a tener si nos atacan, muchas sorpresas. Por eso que nadie se asuste. Todos los chicos que voy encontrando en el camino, están todos muy tranquilos. Ellos han tomado la iniciativa. La Argentina es un país de paz que no toma iniciativa. Los podríamos haber atacado hace rato. Ellos son los que están atacando. Nosotros no tenemos odio, pero nos vamos a defender”.
Al día siguiente en “La Prensa”, Iglesias Rouco tituló “Ahora, atacar sin tregua”: “La firmeza y excelente nivel moral de nuestras tropas en las Malvinas, más la declaración del gobierno de que se responderá a la guerra con la guerra, conformaron ya una contestación adecuada. Ahora se hace imprescindible seguir devolviendo como ayer, golpe por golpe o mejor aún, tres golpes por cada golpe; es decir no mantenerse solo en una postura defensiva, sino atacar en forma insistente día y noche, preferentemente a los buques de abastecimiento de la flota británica”.
El 1 de mayo llegó a Buenos Aires, Plácido Domingo, para abrir la temporada del Colón al día siguiente. Aferrada al “espectáculo debe continuar”, un sector de Buenos Aires colmó el teatro para ver “Tosca” de Giacomo Puccini, con el tenor español y Gian Piero Mastromei(Fragmento de «Malvinas 1982: La cuarta guerra contra el imperio británico»).

