Solamente hay dos posibilidades. Que los medios de comunicación oficialistas, entiendan que ayer ante la Comisión de Economía de Diputados, expusieron muy buenos actores guionados por la oposición o que auspicien sin metáforas la muerte de la industria nacional.
Las usinas veteranas del discurso del «poder real» con complicidad colonial, lo están haciendo por cuarta vez en medio siglo y las más jóvenes, por segunda o tercera.
El silencio del establishment de papel, propone peligrosamente a través de una actitud que no advierten terminará siendo suicida, un país al que le sobran más o menos 15 millones de habitantes. Sin línea de producción, esa es la cantidad aproximada de obreros, empresarios, comerciantes, familiares y jubilados a cargo, que dependen directa o indirectamente de la industria nacional.
El ninguneo que sufrieron industriales y trabajadores argentinos, que expusieron en carne viva sobre la muerte de la producción local y el desempleo; es digna de un verdugo. Mientras tanto la agenda periodística liberal, hoy festeja que la Cámara del Trabajo resucitó a la reforma laboral esclavista.
En el encuentro informativo convocado por la diputada Julia Astrada, empresarios que bajaron la persiana y los que están a punto de ser derrotados, junto a trabajadores despedidos o amenazados de ser expulsados del sistema, hablaron de la desaparición del mercado interno, de la desregulación total de importaciones, de los altos costos logísticos, del aumento de tarifas, de tasas de interés elevadísimas, de atraso cambiario y presión impositiva.
Luciano Galfione, presidente de la Fundación Protejer, planteó que las importaciones de ropa registraron en el último año, un incremento del 185%. Entran remeras declaradas a un centavo de dólar en Temu o Shein, precios que ni siquiera cubren el costo de la materia prima en cualquier país del mundo.
Los trabajadores de Fate señalaron que los neumáticos que antes producían, ahora ingresan desde China, como casi todo lo importado que se vende en Argentina de Milei. Extraña política exterior libertaria, porque tomando las recientes palabras del presidente en Israel, se trata de productos que llegan desde un país que desarrolla un modelo «satánico, opuesto al programa de Dios».
También denunciaron a la importación de ropa usada, que hoy representa el 11% del total de prendas que arriban al país, en su mayoría provenientes de Chile a través de la Aduana jujeña y que forman parte del descarte global del modelo «moda rápida». Prendas que no puede ser recicladas ni procesadas y que durante años estuvieron prohibidas en el país, «por razones sanitarias, productivas y ambientales».
Fernando Pérez, trabajador de John Foos, recordó que tras alcanzar entre 2022 y 2023 una producción de hasta 3.600 pares diarios de zapatillas, la empresa viró hacia un esquema mixto de «importación, ensamblado y fabricación local». El primer resultado fue un proceso de retiros voluntarios, con indemnizaciones reducidas al 60%. El segundo, fue el cierre definitivo de la producción y la transformación de la firma en importadora.
Jorge Greve, miembro de la Cámara Argentina de Certificaciones, advirtió que el Gobierno relevó a la Aduana de la verificación de la documentación técnica y dejó esa responsabilidad a los importadores o fabricantes. Se acabaron las inspecciones y entra cualquier cosa.
Recordó que en 2025, casualmente se registraron más de 900 incidentes eléctricos.
Dante Choi, el titular de Peabody, planteó que «el 90% de los electrodomésticos que se comercializan en Mercado Libre, no cumplen con normas IRAM». Habló de subfacturación y contrabando en el ingreso de importados.
El 10 de febrero pasado, el fuego terminó con el despacho de la senadora del PRO, Andrea Cristina, ubicado en el cuarto piso del Palacio Legislativo. El incidente, que rápidamente fue controlado, por los bomberos de la Policía Federal, se produjo con una pava eléctrica importada, de las que entran sin controles de seguridad. A esos productos, se refería Choi.
Esta absurda complicidad política y mediática, ofreciéndonos como laboratorio de lo que no pasa en ninguna parte del mundo que ELLOS aman, es suicida. No solo porque enciende la conflictividad social que saldrá a buscar culpables mucho más temprano que tarde como en 2001, sino porque una cafetera barata, te puede convertir en cenizas. Y ser una legisladora liberal, no te hace inmune a las consecuencias de la «mano invisible del mercado»…

