Caputo después de bicicleta y deuda, no tiene nada más para ofrecer…

En los últimos 50 años, el trabajo de ninguno de los ministros de Economía del neoliberalismo local, fue proyectar el desarrollo de la Nación. Todos fueron parte de un proyecto colonial, con la orden inmortal de sus terminales de someternos a la dependecia eterna de sus productos elaborados y de sus planes imperiales.
El mercado convertido en funcionario por un rato, nunca alentó el crecimiento del consumo de la mano de sueldos fuertes e industria nacional como proveedora. Posiblemente el perfil mesadinerista del Toto, haga mucho más explícito y visible esta condición, con relación a otros, pero todos fueron iguales. Tenemos un timbero que juega con bonos y acciones, propios o ajenos, en lugar de un estadista que nos empuje al crecimiento.

La economía en la era libertaria, como antes sucedió con la última dictadura, el menemismo, la Alianza y el macrismo, nunca estuvo relacionada con la vida de los argentinos. Jamás fue de «carne y hueso», ante la lucha cotidiana de asalariados y jubilados, las condiciones de producción de los empresarios y la necesidad de sobrevivir de los comerciantes. ¿Qué hizo Toto desde diciembre del 23? Primero se dedicó a la especulación financiera del 10% de la población y luego con deuda externa, hipotecó el presente y el futuro de la Argentina.
Hasta abril del año pasado, fue el ministro de la «bicicleta financiera»; una fiesta para amigos con liberales pisando el dólar desde el Gobierno y ofreciendo tasas muchísimo más atractivas que el verde. Cuando el «carry trade» empezó a quedarse sin piernas, el capital se pasó peligrosamente al dólar, Caputó gritó «comprá campeón» y tuvo que venir Scott Besentt a frenar una corrida cambiaria que pintaba histórica.

Desde aquel salvataje del Fondo de 20 mil millones de dólares, el swap del Tesoro por otros 20 mil, Caputo se convirtió con exclusividad en el ministro de la Deuda Externa. Regresó de Washington el último fin de semana, luego de pasar la gorra ante los máximos organismos financieros, para sacarles 3 mil o 4 mil millones de dólares, que le van a servir como garantía de un crédito de 10 mil. Mientras tanto, la publicidad de los colchones supuestamente cargados de dólares entrando al Nación, no enamoró ni a propios, ni a extraños.
Después de conocerse la alta inflación de marzo, Caputo dijo en público que «vienen los mejores 18 meses en décadas». Sin explicar cómo ni por qué, pronosticó un crecimiento récord. Poco después y en privado, señaló a la mesa política del oficialismo, que ya puso «toda la carne en el asador» y que ahora, le toca a la política encender el motor de la economía. No se refería a planes de fomento y crecimiento; no hablaba de un plan productivo, ni de sumarle valor agregado al paía extractivista. Se refería a que vació el cargador de todo el repertorio recesivo: ajuste fiscal, control monetario, acuerdo con el FMI y ayuda de Estados Unidos.

Preocupado por la desconfianza de los mercados por la continuidad del modelo y por un Riesgo País que no baja lo que él necesita para tomar más deuda; Milei colaboró con un inesperado: «no hay problema, nos volvemos a casa».
También se filtró que Toto pidió un acuerdo urgente con los gobernadores para reanimar la economía y desde el país profundo que le aprobó todas las leyes miserables que le pidió, le recordaron que los dejó casi dos años y medio sin obra pública y que rompió su línea de producción a través de una avalancha de importados.
Le recordaron que no alcanza con que LLA no presente candidatos en las provincias el año que viene, para que sigan en manos del PRO o de los radicales «con peluca»; si a nivel nacional no invierten en infraestructura o continúan jugando al «made in China».

Mientras la economía es un témpano, la inflación sale del closet y los datos solo hablan de cierres de empresas y despidos, el Jefe trabaja en la reelección de su hermano y quieren recuperar la agenda sacando las PASO y metiendo ficha limpia. Solo me resta saber, si son ellos o somos nosotros, los que vivimos en Ciudad Gótica…