Un plan para que el pueblo sufra en presente, mientras sueña un futuro inexistente

Nunca nos conjugaron en tiempo presente. Con los liberales en el poder, a través de dictaduras o gobiernos democráticos, al pueblo siempre le dieron un tenedor para esperar la lluvia de sopa. Esa dimensión que solo sucede ahora, jamás existió para el laburante. Para nosotros está reservada la eterna ilusión del derrame, con pasacalles en la puerta de casa que dicen «estamos mal pero vamos bien», «la luz al final del túnel», «los brotes verdes», «el segundo semestre»…

Cada vez que el mercado manejó el destino argentino, el presente fue propiedad exclusiva de corporaciones, monopolios, terratenientes, bancos y todo tipo de multinacionales. Estas 24 horas que estás padeciendo desde tu salario, le pertenecen a la concentración de la riqueza y mañana volverá el mismo guión a recordarte la sentencia.
Para los pobres que subsidian la riqueza de las minorías, el futuro está eternamente en oferta, esperándote con sus brazos abiertos con una sonrisa. El «poder real» dirá entonces que este dolor al que te somete, tiene la propiedad de ser la arcilla con la que está moldeando la alegría sin brújula, que constantemente se equivoca de camino y nunca llega.

Jeremy Bentham, era un filósofo inglés del siglo XIX. El hombre estudió que toda acción humana, es impulsada para evitar dolor y al mismo tiempo lograr placer. Agregó en su hipótesis, que en muchos casos es indispensable la motivación; que sin recompensa en el horizonte, nadie enciende el motor.
Buscando ser más claro en su teoría, Don Jeremy armó una imagen a manera de ejemplo: «Si deseas conseguir que un burro se mueva, es necesario colgar una zanahoria de la punta de un palo, justo fuera del alcance de la boca del animal».
Poco después apareció en escena un tal Frederik Taylor, un economista estadounidense que por encargo del capital, elaboró la «Organización científica del trabajo». Un estudio destinado a encontrar el método, para que millones de seres humanos sin derechos, laburaran sin chistar entre 12 o 14 horas; pero felices y contentos. Mr. Taylor agregó a la teoría de la zanahoria, que si al burro no lo conmueve el premio, «siempre me queda el palo para obligarlo a que se mueva…».
Los actuales habitantes de la Casa Rosada, los que gobiernan como si fueran un ejérctito de ocupación, son la última descendencia de este largo listado de cínicos que pensaron la producción y la vida, desde dos únicas categorías sociales: patrón y explotado.
Ayer con los representantes de las empresas de Estados Unidos en nuestro país, más la presencia del embajador virreinal, fueron anfitriones de sus mucamos locales y ante el comienzo del principio del fin, nos volvieron a pedir «sangre, sudor y lágrimas»; porque después se abril se viene un carnaval interminable.
Para que los veteranos recuerden y los jóvenes descubran, el último capítulo siempre lo pagás vos. Alguna vez los hijos de «Hay que pasar el invierno», estatizaron la deuda externa privada; luego sus nietos se quedaron con tu plazo fijo en el Plan Bonex; más tarde te afanaron tus ahorros en el «corralito» y finalmente la «revolución de la alegría» le entregó el resto de tu vida al FMI.
Si tenés una pata en el país en blanco y negro y otra en la Argentina en colores, tenés la obligación de transmitir que las cosas alguna vez y no hace tanto tiempo, fueron muy distintas. Primero con aquel que gobernó convencido que la economía nunca es libre, porque solo existen dos opciones: la maneja el pueblo para generar distribución de la riqueza o somos el banquete de las corporaciones. Después aquella experiencia que terminó hace poco más de 10 años, con el 51% del PBI para los que ya no buscaban trabajo y discutían impuesto a las ganancias.

Es tiempo de entender, porque ya padecimos demasiado, que hay una gran diferencia entre el modelo de país y el proyecto de colonia.
Que nadie tiene derecho a pedirle paciencia al que solo conoce el sufrimiento y menos si lo hace un presidente que dice «soy la razón» y al mismo tiempo anuncia por primera vez, que si hay que volver a casa, volvemos…
Ellos reestrenan «El mañana nunca llega» y el país amnésico hace cola y saca entradas. El campo nacional y popular convirtió a la utopía en realidad unas cuántas veces a lo largo de la historia y te quieren hacer creer, que tiene la culpa de tu desgracia porque cuando se fabrican derechos se encojen los privilegios.

Los conservadores, liberales, gorilas, neoliberales o libertarios, son incompatibles con la democracia, porque nunca creyeron en la «noble igualdad». Nosotros como diría Don Arturo, sabemos que la injusticia tiene fecha de vencimiento y conocemos el camino de regreso: «Hasta que un día el paisano acabe con este infierno y haciendo suyo el gobierno, con solo esta ley se rija: o es pa’ todos la cobija, o es pa’ todos el invierno».