Postales finales: Desesperados al FMI por mil millones de dólares

La crisis del PAMI y del transporte se sumaron la semana pasada a los datos socioeconómicos, que ya pasaron a ser estructurales para el gobierno libertario: inflación ascendente para los pobres con dólar en baja para los dueños del país, la caída de la recaudación porque no hay consumo básico, el crecimiento de la desocupación ante la muerte de la industria nacional, los salarios pisados por orden de Caputo y morosidad, tanto empresaria como familiar.
Estos son algunos de los items que lideran el fracaso de la micro, en la que reinan dos grandes fantasmas: los 13, 14 o 15 millones de pobres que Milei sacó del pozo y que parecen en huelga de hambre, porque no consumen un mango desde hace un año y medio y el crecimiento del país que grita el presidente, que extrañamente no solo no genera empleo, sino que multiplica desocupación.

Milei está jaqueado por la realidad que construyó y furioso con los medios de comunicación que la muestran; enojo que por supuesto es muchísimo mayor con los que el presidente considera sus «nuevos enemigos» y a los que creía «socios incondicionales» hasta en las peores circunstancias. Los soñaba en su fiesta, pero como siempre sucede, tarde o temprano dejarán al gobierno neoliberal en la puerta del cementerio y de lejos lo verán caminar hacia su tumba.
La informalidad que antes era una variable para sostener sin derechos a un porcentaje de la empresa, ahora es totalmente cuentapropista. Antes muchos cobraban un sueldo total o parcial, pelado de aportes jubilatorios, aguinaldo y vacaciones; pero ahora facturan lo que pueden y cuando pueden.

Ante este panorama construido por ellos, Toto está metiendo su ropa importada en una valija que tampoco debe ser «made in Argentina», para viajar esta semana a Washington junto con Bausilli. Van a pedirle al Fondo mil millones de dólares más. El endeudador serial, solo pasará la gorra, en lo que queda de mandato. La última vez que lo logró, el sábado pasado cumplió un año y por supuesto, no hay nada que festejar.
11 de abril de 2025. La Argentina en quiebra anunció un acuerdo con el FMI, a través de un crédito por 20 mil millones de dólares. Como repetición ineludible de la historia, en el presente ni siquiera estamos igual que hace un año. El paciente empeoró muchísimo, después de los salvatajes de 2025 para ganar una elección de medio término e hipotecar en ese acto ruinoso, a dos o tres generaciones que aún no nacieron.
Título principal de la tapa de Clarín del lunes 13 de abril del año pasado: «El FMI reclama una reforma jubilatoria, flexibilización laboral y apurar privatizaciones». Agregó el diario en aquella presentación de la noticia, que «La Argentina se comprometió a hacer esos cambios, para recibir el préstamo».
Las exigencias del Fondo hacia el país que suma el 40% del total de sus créditos, comenzó a cumplirse con reforma laboral y en menor medida con promesa de aumentar las privatizaciones en el largo plazo.
A esos 20 mil millones de verdes, hay que sumar los otros 20 mil millones del swap del Tesoro de Estados Unidos en septiembre y los casi 5 mil millones que puso Bessent para sostener una corrida cambiaria en octubre.
Prohibido olvidar que el triunfo de Trump en las elecciones argentinas de medio término, fue una inversión de casi 45 mil millones de dólares.

Mientras el republicano sea presidente, los cuestionamientos técnicos del Fondo, que siempre le bajan el pulgar a Caputo, no podrán vencer al objetivo de salvar a Milei. Seguramente el costo político y militar de la guerra y la futura derrota en noviembre, terminarán con el padrinazgo. En ese momento, los libertarios anti Estado dejarán de ser salvados con guita pública; porque ni Trump, ni el Fondo venden cerveza artesanal o redondean con horitas de Uber o Rapi, para pasarle un mango a Javo. Apuestan fuerte con el hambre ajeno, igual que el gobierno mascota que firma y firma decretos de destrucción, con la lapicera que le regaló el «hombre naranja».